Texto y fotos: Raúl Campos / @snarulax

A finales de agosto, una muy buena amiga —mi comadre, mejor dicho— me mandó un juats que leí horas después (andaba recorriendo algunos mercados de la delegación Cuauhtémoc para hacer una chamba de cómo la inflación había encarecido los chiles en nogada en años recientes). El mensaje decía: “Goeee, vamos el jueves a la presentación del libro de una morra que conozco, es oaxaqueña, seguro van a dar mezcal”. La promesa del pisto grapa normalmente hubiera sido suficiente para responderle con la habitual dupla de emojis cámara/camarón, pero tras pedirle mayores detalles sobre de quién era, quedé picado: se trataba de Perla Muñoz, una chica de mi edad que daría a conocer en sociedad a su primer hijo: Desquicios (Editorial Avispero, 2017).

Tras gorrear varios shots y darle una ojeada a un ejemplar, me interesé en lo que vi: un libro compuesto de 19 relatos soft gore harto visuales donde los personajes, en su mayoría niñas, abuelas y deformes, se mutilan, cagan (literalmente) y consumen entre ellos para sobrellevar su trágica y miserable existencia en alguna zona rural anónima (que evidentemente es Oaxaca) olvidada por su deidad de cabecera. Ante ello, me vi en la necesidad de aplicar la ñera: solicitar un ejemplar —porque prensa— y pedirle a Perla platicar otro día con más calma y sin los efectos de la espirituosidad.

perla muñoz, desquicios

Perla Muñoz.

¿Cuándo empezaste a escribir estos cuentos?

Comencé este proyecto hace año y medio. Yo escribiría algo que para mí era necesario: me planteaba un personaje y lo relacionaba con las experiencias que giraban alrededor de mí, tienen que ver con una necesidad de querer enfrentarme a una realidad que me estaba consumiendo, para no sentirme sola… fue una especie de catarsis porque si te das cuenta los personajes están en un constante pasado que no les permite seguir con sus vidas.

La idea del libro ya como tal es que los textos vayan in crescendo, primero dar una atmósfera, un como cuadro en el cual guío al lector en un paisaje que está en neblina, para poco a poco llevarlo a conocer los personajes desquiciados que pueblan este lugar, seres que están consumidos por sentimientos como el desamor, el abandono y la soledad; para así intentar que las historias se tornen más fuertes en cuanto a experiencias.

Los personajes principales son niños, ¿por qué?

Quizá tenga que ver con este sentimiento de orfandad en que —siento— estamos todos. Al menos yo crecí con la sensación de que no hay lugar alguno para nosotros y que estamos completamente solos; y a pesar de ya ser adulta aún sigo analizando mi pasado para tratar de comprender por qué siento esto.

Yo no tuve una niñez feliz y creo que me quedé ahí, y al pensar en la escritura como un lugar en que uno regresa a esos recuerdos para poder solidificarse en este presente, creí importante redescubrir mis miedos y demonios a través de los cuentos. Por ello la mayoría de mis personajes son niñas en la lucha interminable con los encuentros con la muerte. Por ello la forma en que están escritos es muy reiterativa, porque es desde una perspectiva infantil.

desquicios perla muñoz

La atmósfera de los cuentos es muy rural, antaña, de no ser porque en algunos se menciona la TV pensaría que están en tiempos revolucionarios.

Los pensé en un ambiente rural para retomar estas experiencias personales de cuando vivía en los poblados oaxaqueños, lugares alejados a la capital que tienen una vida totalmente distinta: desde las rutinas hasta la comida. Además, son ambientes donde creo que uno puede imaginar y todo es posible, por eso Oaxaca tiene esta como aura mágica donde se conservan muchas costumbres que para muchos son mundos diferentes.

Cada cuento lo puedes resumir en, al menos, tres fotografías.

Diste en el clavo porque, para empezar, mi proceso de escritura es pensar en la historia y generar las imágenes con las que va a empezar y terminar, si no las tengo no puedo escribir. Quizá mi manera de crear es a través de la imagen, y ese es uno de mis objetivos: que el lector se vaya a través de la serie de fotografías que aparecen los cuentos y se quede con las más impactantes. No soy amante de Cortázar, pero hay un concepto que me pareció increíble en el que compara el cuento con la foto y la novela con el largometraje, y para mi funciona así: imágenes o cuadros donde la atmósfera se va volviendo más oscura.

Tus temas recurrentes son: las abuelas, la mutilación, los fluidos corporales y los insectos…

Tienen que ver con mis manías, obsesiones y las cosas que me han impactado. Normalmente cuando leo en el periódico que encontraron tantos cuerpos mutilados y que violola, matola y tirola… son cosas que ignoramos o a las que ya no les ponemos atención fácilmente porque sabemos que nos va a afectar, en cambio a mí me pasa lo contrario, me he obsesionado con esas cosas al grado de que hubo un tiempo en que solo veía el diario para ver cuántos muertos contaba. Escribir sobre estas cosas es algo que hago inconscientemente, solo me sale.

perla muñoz

¿En qué pueblos de Oaxaca situarías las historias?

Yo soy de una parte de los valles centrales que se llama Ocotlán, viví con mi abuela un tiempo, en ese tiempo hacíamos viajes…

¡Por eso las abuelas!

¡Sí!, por ambas. Las dos con un carácter muy fuerte, normalmente esta demencia senil… Bueno, en este tiempo que viví con mi abuela hice viajes a la mixteca, y eran pueblos totalmente aislados. San Juan Achiutla se estaba quedando completamente fantasma porque solo había generaciones de viejos o al menos eso es lo que recuerdo. Los cuentos se ubican en poblados como este que abundan en parte de la mixteca y los valles centrales. Aunque no intento darles un nombre real porque mi intención es hacer esto de lo particular a algo más universal. Todos los relatos suceden quizá a unos kilómetros de distancia.

¿Dirías que son cuentos sobre la decadencia rural?

Más bien de la decadencia humana que vivimos. Para mí estamos llegando a un límite de barbarie, donde cada vez más nos olvidamos de nuestro sentido humano: ya no conocemos los conceptos de solidaridad, empatía, justicia, libertad y respeto, pareciera como que solo somos personas que en algún momento fuimos despojadas de ellos y que solo tratamos de sobrevivir.

Tus personajes también son antropófagos.

Nuevamente tiene que ver con mis manías. Siento que todo el tiempo queremos comportarnos solemnemente, pero esta educación es tan falsa, en realidad somos animales solitarios que tratan de cazar para sí mismos; por ello mis personajes son tan bestiales, sobreviven carentes de civilidad a causa de sus experiencias.

¿Por qué escribir?

Yo también me lo pregunto; tiene que ver con la idea del dolor y la soledad. En ocasiones me provoca malestar y me pregunto por qué lo sigo haciendo. Es una necesidad de enfrentarme a mí misma y a mis miedos, tocar fondo. Escribir es una ancla que me permite seguir flotando.

Editor Yaconic

Editor Yaconic

Revista de arte y cultura

Previous post

ASÍ SE SIENTE SER EMIGRANTE

Next post

EL SONIDO ESPASMÓDICO Y AGRESIVO DE DANCE GAVIN DANCE