Por Adán Ramírez Serret /  @AdanSerret

Las listas de libros a fin de año generalmente son polémicas. Siempre termina por faltar o sobrar alguno. Pero creo que gozan de la saludable limitación de haber sido hechas por un individuo. Sana condición: al tener un punto de vista tan limitado, es claro que no se habla de los mejores libros del año, sino de la historia personal de un año de lecturas.

Justo a la manera de Ricardo Piglia en Los diarios de Emilio Renzi, en el que dice: “lo que se fija en la memoria no es el contenido del recuerdo, sino su forma”. Escribo como lector y no hablo ahora de los libros más importantes para la Historia de la Literatura del 2016; tan solo de aquellos que para mí dejaron la huella más precisa, la impronta más valiosa.

Ante todo no hagas daño (Salamandra) – Henry Marsh

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Lo primero que hay que decir es que es un libro escrito por un médico. Recordamos, claro, a Antón Chéjov, Mijaíl Bulgákov, y, más próximo, a Oliver Sacks. Neurocirujano como el último, Marsh concentra en estos relatos-ensayos la materia prima de su profesión: el cerebro. Ante todo no hagas daño cuenta la burocracia y los problemas usuales de cualquier trabajo, solo que hay un matiz diferente: los médicos, al lidiar constantemente con la muerte, viven una vida intensa. Lo humano e inhumano habitan el mismo espacio. Marsh cuenta diferentes casos en sus más de treinta años de carrera; unos, pocos, en los que han sucedido milagros. Sobre todo, escribe los momentos en los que ha fracasado. Marsh se concentra en sus errores y en sus defectos como humano; en sus culpas; en el cementerio de pacientes que tiene todo médico.

La forma de las ruinas (Alfaguara) – Juan Gabriel Vásquez

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La naturaleza de este escritor es extraña. Al parecer ninguno de sus libros pudo haber sido escrito mejor. La forma de las ruinas, un tanto indefinible, se cuestiona y reflexiona a la vez que pone en escena el momento en que se arruinó Colombia: el asesinato de un presidente. Pero sobre todo, la incertidumbre de quién o quiénes fueron los culpables. Un libro doloroso sobre el siglo veinte colombiano, y un relato fascinante sobre las posibles formas de la verdad, la otra historia que es la conspiración.

Las chicas (Anagrama) – Emma Cline

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Esta escritora norteamericana nacida a finales de los ochenta, escribe una novela ambientada en la California de los intoxicados años sesenta, en los que una joven se relaciona con el grupo de chicas que conformaban la secta de Charles Manson. Las chicas es una novela genial porque sucede en un parteaguas de la cultura estadunidense. Un momento en que los matrimonios comenzaban a fragmentarse, y los jóvenes, ni niños ni adultos, caían en un vació; en un lugar de soledad que los hacía monstruosamente libres. Se lanzaban al alcohol, las drogas, al crimen. Y, en este caso, por una brutal compulsión de pertenencia, a una secta desquiciada, que sin pensarlo demasiado, asesina a una familia completa. De una forma escalofriante, se anunciaba lo que vendría.

Lo que queda de nuestras vidas (Siruela) – Zeruya Shalev

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Israel cuenta con algunas de las voces más poderosas de la literatura actual. Pienso, por supuesto, en Amos Oz, David Grossman y en Zeruya Shalev. De Shalev en Lo que queda de nuestras vidas, su más reciente novela publicada en español. En cada momento de su prosa se puede sentir la violencia y el ambiente áspero de su país. Las historias que cuenta son especies de parábolas. El asunto con el que comienza esta obra, es el de una mujer que descubre que no puede morir si nadie la ama. Plantea la antesala de la muerte como un espacio de libertad parecido a la infancia.

Estimado señor M. (Salamandra) – Herman Koch

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Pocas novelas son tan arriesgadas como aquellas que se concentran en cuestionar las convenciones literarias, como narradores, personajes, lectores…, y sin duda pocos libros son tan complicados de lograr. Se trata de un personaje que odia al narrador de una de las historias más importantes de su vida; odia la megalomanía intrínseca de un creador, su comodidad de adecuar la realidad según convenga a su historia. Al mitómano por antonomasia que es un escritor. Estimado señor M. es la novela del personaje que quiere contar su historia. Escribir para desmentir un libro, para desmontar una novela completa.

Madres y perros (Sexto Piso) – Fabio Morábito

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Este libro muestra un estilo narrativo que busca ser perfecto. Uno de sus relatos comienza: “No hay nada peor que una historia extraordinaria en boca de un narrador mediocre”. Stéphane Mallarmé decía que la obra, más que ser un destello genial, debía ser la muestra de una búsqueda. Me parece que es lo que hace aquí Fabio Morábito. Toma de la poesía el uso de lo indispensable para quitar al relato lo que le sobra; para contar lo que se le escapa a las palabras.

Mujer bajando una escalera (Anagrama) – Bernhard Schlink

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Hay algunas novelas que parecen ser un experimento. ¿Qué pasaría si en la última etapa de su vida, una mujer se encontrara con dos de sus amantes y a un hombre que utilizó para escapar de ellos? A partir de esto comienza una trama cargada de ironía moral. ¿Quién hizo las cosas bien? Cada quien, por supuesto, lo valora desde su punto de vista. Con esta trama Bernhard Schlink crea una obra en la que se valora qué hubiera sucedido si el pasado hubiera sido diferente.

Nahui versus Atl (Turner) – Alain-Paul Mallard

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Por algún extraño fenómeno histórico los autores mexicanos que se han exiliado han escrito excelentes novelas sobre México. Eso sucede con esta extraña novela que nació siendo un guion cinematográfico. Nahui versus Atl muestra, más que narrar, la tórrida historia de amor entre estos dos fenómenos mexicanos. Con ojo de pintor, Mallard nos hace ver al genial y excéntrico Gerardo Murillo y la femme fatal Carmen Montenegro; y el México de los años 20 que ahora idealizamos.

Tan poca vida (Lumen) – Hanya Yanagihara

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Tan poca vida es una obra tan profunda que resulta un tanto doloroso leerla. El título encarna una de las tragedias humanas: que la vida sea tan corta. Alude, también, a una vida, una existencia que se menosprecia. Completamente existencial, Yanagihara narra con maestría; nunca nos dice ni cómo son físicamente, ni qué es lo que piensan los personajes. La autora los pone en acción y esa es la novela: la tormentosa y apasionada labor de amistad de un grupo de amigos neoyorquinos.

Carne de ataúd (Almadía) – Bernardo Esquinca

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Se sabe que el porfiriato fue un momento clave en la Historia de México. En lo político, en lo económico y en la social; pero entre estos grandes temas se cuelan las historias dentro de la Historia. Otros motivos no menos importantes como el espiritismo que permeaba la época, el consumo de opio, la nota roja y los asesinos seriales. Esta novela de Bernardo Esquinca, a caballo entre la novela histórica, el terror y el suspenso, continúa la saga de Casasola, ahora cien años antes, en la búsqueda del “Chalequero”, el primer asesino serial del que tenemos noticia gracias al surgimiento de la nota roja.

Editor Yaconic

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