Por Iván Farías / @ivanfariasc

Daniel Salinas Basave (Nuevo León, 1974) es un veterano periodista avecindado en Tijuana. Llego de lejos, como casi todos los habitantes de la ciudad fronteriza. Y como esos mismos habitantes, decidió cambiar de domicilio: del periodismo a la literatura. Aunque siga “viviendo” en uno y en otro sitio. Esta particularidad se refleja en el tono semi autobiográfico de sus dos más recientes libros: Vientos de Santa Ana (Literatura Random House) y Dispárenme como Blancornelas (Nitro/Press).

Dice en Vientos de Santa Ana el alter ego de Basave, un periodista maniacodepresivo, frustrado por no ser el Gran reportero: “En El loro de Flaubert, Julián Barnes plantea un hipotético decálogo o reglamento para escribir novelas. Uno de los mandamientos, con carácter de irrompible, estipula la prohibición de incluir en cualquier trama novelesca un personaje relacionado con el periodismo. El heroico y quijotesco reportero que desde las sombras lucha contra la corrupción y la tiranía armado con su espada de la verdad, es una de las figuras más patéticas y redundantes de la literatura chatarra…”.

vientos de santa ana daniel salinas basave portada

Lo curioso es que sus dos libros contravienen esta regla; se enfocan en retratar los sinsabores de la profesión. En Vientos de Santa Ana el personaje principal desea entrar a la Historia con un gran reportaje. Pasa de ser un héroe, como puede parecernos al principio, a ser un maquinador obsesionado con escribir su nombre en la posteridad. Tomando como base el asesino del señero periodista del semanario Zeta, Héctor “El Gato” Félix, y mezclando realidad y ficción, aparece un villano muy similar al peculiar Carlos Hank Rhon.

Vientos de Santa Ana es furiosa en algunas partes; se vuelve demasiado reflexiva y hasta ensayística. El ritmo trepidante con el que empieza cae en baches, se aleja del policíaco hacía honduras casi filosóficas. Pero la novela salva el hoyo gracias a su estructura: un final sorpresivo nos deja con buen sabor de boca. Lo único que me duele es que Basave desperdicia a un villano tan increíble como Alfio Wolf. Éste podría haber lucido más. Un tipo que tiene un zoológico particular, un despacho lleno de animales salvajes, que contrata veterinarios especializados para crear bestias casi mitológicas como ligres merecía ser mejor tratado.

disparenmecomoablancornelasportada

Es en Dispáreme como Blancornelas donde Basave se siente más liguero. En su ambiente. En estas seis historias el autor se da el lujo de tener empatía por seres oscuros, mediocres y hasta arribistas. A caballo entre el policiaco y el relato confesional, Basave se da el lujo de contar los entretelones de la profesión periodística: las envidas, los chayotes, los egos maltratados, las revanchas y el día a día en un país donde un muerto ya no es noticia, sino la nota habitual.

Las disparatadas situaciones que viven sus personajes —un periodista medio culto llevando de safari a una escritora best seller europea, o un reportero jodido que busca la inmortalidad haciéndose ejecutar— lo mismo causan risa que una reflexión sobre lo que se ha convertido la noticia. Cosa curiosa: Basave es de los pocos cuentistas en México que superan las 15 cuartillas. En sus historias los personajes acaban por desarrollarse más, y eso siempre lo agradece el lector.

Editor Yaconic

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