Por Rolando Vieyra Solares / @VieyraSolar

Todo lo que dicen mis héroes en el texto que le he enviado se basan en la realidad. Dostoievski.

En una ocasión Gerardo de la Torre me dijo: “Todos los jóvenes tratan de escribir como José Agustín y es ahí donde se equivocan”. Usar el lenguaje coloquial como el atractivo principal de un texto, la mayoría de las veces, tiende a fracasar. Y si se le añade una historia de la chaviza con un filón de experiencias masturbatorias, aún más. Con todo, existe este tipo de literatura (porque puede tener esta etiqueta mayúscula) y sus lectores. ¿Pero qué es lo que recomienda de la Torre?

Lo atractivo y perdurable —quizá— de cualquier narración, proviene de ese lugar casi inhóspito que está en nosotros mismos y que pocos se atreven a exponer a sus lectores. A lo largo de la historia de la literatura, las grandes obras sacan las atrocidades de sus personajes, sus pasiones más bajas, sus miedos nocturnos o las locuras presentes en el ámbito cotidiano. ¡El conflicto! En pocas palabras. Dejar a un lado esas obras y leer cosas menores es el resultado de una mala orientación literaria. En ningún caso los clásicos son aburridos. ¿Qué hay de aburrido en el Cervantes, en Desnos o en el magnífico Fiodor Dostoievski? Si algunos quieren ser John Fante, yo quisiera ser Dostoievski.

 

DOSTOIEVSKI

No es casualidad que Sexto Piso reedite, con ilustraciones equivalentes a la magnitud de los textos, la obra de los escritores que marcaron el imaginario colectivo del siglo XX y el siguiente, que es el presente. Parece un negocio excelente reeditar esos clásicos y más aún acompañados de ilustradores como Jorge González, Raquel Fernández o Luis Scafati. Pero lo importante, con tapa dura o sin ella, es que Dostoievski lleva a los extremos a sus personajes, los entrega a situaciones adversas sin utilizar la muerte como recurso final para terminar una historia. Por lo menos, El hombre del subsuelo y El jugador (Alekséi Ivánovich) quisieran estar muertos antes de tener una suerte vampírica de vivir eternamente en las páginas de un libro, y tener que ser descritos una y otra vez por las palabras brutales de Dostoievski. La destrucción que existe en ambos personajes se encuentra en su propio destino, el cual aceptan y llevan a cuestas lo mejor que pueden.

No les queda otra.

Recordemos que Fiodor viajó a Europa Occidental en agosto de 1863 y se detuvo en la ciudad alemana de Wiesbaden, donde se metió al casino para ver qué suerte le preparaba la ruleta. Desde ese primer encuentro con la fortuna nuestro autor ruso se aficionó al juego que le causó tormentos y pesares por el resto de su vida.

Memorias del subsuelo - DOSTOIEVSKI

Lo que se piensa es que El jugador es una novela autobiográfica, quizá escrita con un propósito terapéutico: tras la experiencia del juego, unida a un desamor con la escritora Apollinaria Prokofievna Suslova (femme fatale y patrón femenino que se reitera en diferentes textos del autor), Dostoievski resuelve acatar sus pasiones y ponerlas bajo un libro. No existe una sola frase sobresaliente en El jugador. ¡Hay muchas! Pasajes enteros. Capítulos sobresalientes y memorables. Se trata de una novela con ironía que hará que te descubras riendo mientras la lees; que te causará los sentimientos más variados, desde la lástima, el odio y la repulsión, hasta la envidia y la esperanza. Los que te miren leyéndola verán el reflejo de sus palabras en tu rostro porque habrá lágrimas, ilusión, angustia, tensión o risa. ¿Por qué? Porque los personajes en El jugador se la juegan el todo por el todo sobre el tapete verde de la ruleta. Dejan ahí la vida misma; el corazón entero por el amor despreciado, por la estima humillada, por el intelecto roto.

Y con Fiodor tenemos a un personaje aún más roto: El hombre del subsuelo. Mijaíl M. Bajtín le dedica una parte considerable en Problemas de la poética de Dostoievski. Desde su punto de vista, El hombre del subsuelo se convierte en un paradigma; en un sujeto con características emocionales y psicológicas —sobre todo estas últimas— que comparte con más personajes de nuestro autor. Bajtín dice que “El héroe de Dostoievski es todo autoconciencia”. Y más adelante dirá que ese héroe se sabe inestable, sin firmeza, finito y contradictorio. En la contradicción se convertirá o dará pauta para generar el anti heroísmo, pues la aguda inteligencia con la que analiza y narra su situación en el mundo que lo rodea, además de su mórbida y enfermiza (dice J. López-Morillas: “morbosa sensibilidad”) percepción, hacen de él la estampa que se conocerá más adelante como el antihéroe. Por este y otros motivos, a Memorias del subsuelo se le ha llamado la novela de ideas, ya que el personaje, en la primera parte del libro, se centra más en una indagación sobre sí mismo, para posteriormente poner en narración los preceptos que argumenta en la primera parte.

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El hombre del subsuelo (hay que mencionar que este personaje no tiene nombre y en este detalle caben muchas interpretaciones), al igual que Alekséi Ivánovich (El jugador), hacen de su vida lo que les da la regalada gana; siguen su voluntad, lo que le sale de los huevos, a pesar de que eso pueda causarles un daño irreversible. Y con ello dejan al descubierto los trapos sucios de la psique, lo que está en el subsuelo de la mente, en el sótano de la conciencia: le merde.

 

 

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