Por Nacho Hipólito

El MDMA, el adderall, el LSD, la cocaína, la metanfeta, el crack, el PCP, la heroína y, por supuesto, la música pueden tener efectos graves sobre tu organismo. No hay mejor ejemplo de ello que The Brian Jonestown Massacre, la agrupación que lidera el genio-adicto Anton Newcombe.

Si bien Newcombe está sobrio desde hace ya varios años, su adicción duró lo suficiente como para que sus experiencias quedaran retratadas en sus canciones. E inclusive en las de otros, como en “Not if you were the last junkie on earth“, de los Dandy Warhols.

the brian jonestown massacre

The Brian Jonestown Massacre.

Y es que hay algo que se nota: la progresión en el sonido de los álbumes de The Brian Jonestown Massacre. No solo se trata de un retrato de la mente de Newcombe en drogas, sino también de su obsesión por la música psicodélica de los sesenta.

“Malditos, ustedes estarían trabajando en Starbucks si no fuera por mi banda”, dijo alguna vez Anton en referencia a la agrupación Moon Duo, una banda de rock psicodélico contemporánea. Y si bien aseguró que se trataba de una broma, Anton está consciente de que mucho antes que Tame Impala, Pond, Temples, Psychic Ills, The Blue Angel Lounge, y toda esa nueva camada de bandas que intentan revivir la psicodelia, The Brian Jonestown Massacre ya experimentaba con esos sonidos.

DISCOS Y ADICCIÓN

Los primeros álbumes de The Brian Jonestown son probablemente la mejor representación de su drogadicción con los opioides. Si se le da playMethodrone (1994), su primera placa, es imposible no pensar en el efecto relajante y cuasi orgásmico de la heroína; pero tampoco se puede ignorar la influencia de Jefferson Airplane, The Velvet Underground, The Rolling Stones, Hawkwind, Pink Floyd o Grateful Dead. Van de la mano.

Their Satanic Majesties Second Request es otra de esas obras maestras. Una que quizá alguien como Syd Barrett envidiaría. Sobre todo porque fue escrito y grabado por Newcombe. Y se nota. La crudeza de los instrumentos, los errores de dedo en la guitarra, la voz opacada por las guitarras acústicas, el sonido disonante de los amplificadores distorsionados, así como la falta de un buena mezcla de sonido lo hacen atractivo; pero sobre todo honesto. Sobre todo porque muchas de las canciones evocan esa sensación se sosiego que causa la heroína, o el LSD.

Después de esa primera etapa llena de opioides y ácido, los álbumes de Brian Jonestown Massacre se vuelven un poco más estrepitosos. Y no porque a Newcombe se le ocurriera experimentar con otros géneros, sino porque las canciones dejan de ser tan apaciguantes.

Muchos de los tracks de Take It from the Man dejan ese estado de eterna relajación. Más bien evocan una experiencia frenética con crack, cocaína o aderall. Hay una euforia mucho más marcada en canciones como “Vaccum Boots”, “Who?”, “Take It From the Man” y “Monkey Puzzle”, por ejemplo.

Give It Back! y Strung Out In Heaven siguen este sonido más eufórico; uno que evoca a bandas un poco más crudas que psicodélicas, como Count Five, The Strangeloves, The Monks, o inclusive The Sonics.

Hasta 2008, los discos de The Brian Jonestown Massacre se puede comparar con alguna droga. Y si bien la gran mayoría de estas comparaciones son meras especulaciones hechas después de ver el documental Dig! (un documental que retrata la vida de los integrantes de The Dandy Warhols y de Newcombe y su banda), la reflexión no parece tan descabellada, una vez que te sientas a escuchar la discografía de la banda.

the brian jonestown massacre

Anton Newcombe ya no es un junkie. Pero sigue siendo adicto a la droga más potente de todas: la música. Y no solo la consume, sino que la produce. El próximo 12 de marzo, en el Nrmal, The Brian Jonestown Massacre nos dará una cátedra de drogadicción y música a la que no podremos decir que no. ¿Estás listo para una sobredosis?

Editor Yaconic

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