Por Miriam Canales / @miricaiba / Enviada

1976: el año de la génesis de un movimiento cultural revolucionario, feroz, nacido en un Londres en desasosiego. A cuarenta años de distancia, el fulgor del punk no se ha apagado y sus herederos continúan venerándolo y alimentando su alma. Como protagonistas resaltan The Clash, Sex Pistols, Buzzcocks, The Slits y The Jam, es cierto. Pero, ¿qué ha sido de esos lugares en los que germinó el grito? He aquí un periplo por algunos de los recovecos de la capital inglesa, que dieron forma al legado del punk. Ésta es, también, una charla con algunos de los testigos de su historia.

god save the queen punk

La calle Kings Road es un ramillete de paseantes y turistas que arroja la estación underground  Sloane Square en el acaudalado barrio de Chelsea. Entre sus comercios están cafés de precios elevados, boutiques de marca, tiendas de autoservicio y la Galería Saatchi, alguna vez morada de las obras del artista Damien Hirst. Una estampa contrastante: durante la década de los setenta una generación de jóvenes deambulaba por este mismo sendero enfundada en prendas atrevidas y sensuales, cuero negro y maquillaje; demostrando su rebeldía contra el sistema de una sociedad inglesa alicaída inmersa en desempleo, huelgas y un incipiente gobierno autoritario a cargo de Margaret Thatcher. La música estridente y rabiosa era otra de sus banderas a enarbolar como soundtrack. La imagen original se ha disipado en este perímetro urbano, pero la huella persiste.

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Antigua boutique Sex

ESQ SEX

Chelsea y Kensington, al suroeste de Londres, fueron marcados por la historia ácida del punk, cuya actualidad es una referencia ambivalente entre un prestigiado equipo de futbol y su estadio, y una zona habitada por millonarios extranjeros advenedizos. En 1974 el promotor Malcolm McLaren y su entonces pareja, Vivienne Westwood, establecieron una boutique pionera llamada  “Sex” en el número 430 de Kings Road, con la consigna de saciar el hambre de indumentaria para los clientes jóvenes y curiosos de la época. Anteriormente, bajo el nombre de “Too fast to live, too Young to die”, el lugar ofrecía ropa reveladora, fetiches y un conjunto de fantasías reprimidas al alcance de la mano. Ahora una tienda de abarrotes y un salón de belleza, sin alma, la sustituyen. Por ese entonces los intereses de McLaren se enfocaron en los Sex Pistols como otro de sus juguetes artísticos. Mientras que Glen Matlock, uno de los empleados del local, se desarrollaría como  bajista y antecesor de ese ángel caído llamado Sid Vicious. Otros personajes de la época, como las chicas de The Slits, y futuras estrellas de los ochenta como Phil Oakey, cantante de Human League, se abastecían del surtido.

ESAS PUNKIES

“Hay muchas formas de ser punk, a cualquier edad, no sólo usando una chaqueta de cuero sino teniendo una actitud honesta”, me había dicho la ex guitarrista de The Slits, Viv Albertine, en una entrevista a propósito de su libro autobiográfico Clothes, Clothes, Clothes. Music, Music, Music. Boys, Boys, Boys (Faber, 2014). La génesis de su banda y el incipiente impacto punk en las mujeres son el tema de esta publicación, en medio de sus propias vivencias y tropiezos personales. Exceptuando a Siouxsie Sioux o a la difunta Poly Styrene —cantante de X-Ray Spex—, el género femenino no poseía la misma fuerza como en el caso de la testosterona que irradiaban The Clash, Buzzcocks o The Ramones. The Slits fungieron como punta de lanza de las riot grrrls, que terminarían influenciando de manera posterior a Hole o Pussy Riot.

The Slits 1977

The Slits, 1977

“Yo nunca había deseado escribir un libro sobre punk y enfocarme sólo a esto, no me parecía interesante hasta que volví a tocar una guitarra después de los 50 años. Para mí, otras cosas importantes pasaron en mi vida, pero ya es una historia con un principio, una mitad y un final”, dice Albertine. En la paginas de su libro revela, además, sus vínculos y sus aventuras musicales con Sid Vicious, Mick Jones y otros íconos de aquellos años.

EL GRITO DE BATALLA DEL SOHO

Oxford Street es otra céntrica calle cercana al barrio artístico de Soho. En su número 100, una puerta conduce a otro mundo apartado de las cafeterías y tiendas de autoservicio corporativas. Al turista promedio no le significa nada. Excepto algún melómano conozca la historia que escribieron aquí los Sex Pistols derramando bilis y euforia durante sus primeros conciertos. Sobreviviendo a la batalla contra el tiempo, y a la competencia de otros venues más modernos, “The 100 Club” aún acoge el alma punk para todo el que desee buscarla. El lugar ofrece presentaciones de bandas modernas de la calaña punk. Como Savages. Es por eso que en 2016 el recinto ha optado por celebrar las cuatro décadas con una serie de conciertos y homenajes. The British Library y el BFI (British Film Institute) también se les han unido compartiendo información emblemática.

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Carnaby Street

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100 Club

A menos de un kilómetro de distancia, el callejón que representa Carnaby Street, otrora paseo de la moda, el glamur y estrellas de los sesenta, también atestiguó el paso de los Sex Pistols y The Jam la década siguiente: Take a look at the great street /It don’t seem the same/Remember how it should to be/Shops are full of fashion, cantaba The Jam en homenaje a su elegancia. Hoy las  modernas boutiques exhiben en sus aparadores productos a precios altos; pero sin rastro alguno de la estela punk, que permanece como otro recuerdo de los turistas obsesivos por cazar fotografías y selfies.

Al noreste de la capital británica, en el barrio Finsbury Park, yace el ex teatro Rainbow, sobre la avenida Seven Sisters, donde se ha establecido una pequeña comunidad latina rodeada de tránsito y caos. En tiempos pretéritos, más prósperos, alojó a grupos como The Clash en algunos de sus recitales más memorables y celebrados. Era 1977. Su sede actual pertenece a una secta religiosa que ha tergiversado su historia.

RAINBOW THEATRE

Ex Rainbow Theatre

LAS VOCES DE LA MEMORIA

A decir de algunos testigos, el punk representó un parteaguas cultural dentro de la historia del Reino Unido. Si bien su marca se extendió hacia Alemania, Estados Unidos, Canadá, o incluso México, las circunstancias sociales diferían entre un país y otro. Los testigos londinenses hablan del punk en un Londres precario, ajeno a la imagen de opulencia que ostenta hoy.

“A pesar de ser joven, y por tener un hermano mayor, empecé a escuchar punk en el 76, a los 11 años. Cuando tenía 12 ya los Sex Pistols había aparecido en televisión y fue noticia común. Pero antes podía escuchar estas cosas en la radio pirata o robando las cintas de mi hermano por unas horas, cuando él no estaba”, dice Nigel, uno de los tantos influenciados por esta explosión, que conoció en carne propia las sorpresas que se auguraban.

The-Clash

The Clash

La abierta sensualidad femenina fue otro de las revelaciones a considerar: “Fue relámpago ver a una Siouxsie Sioux u otras haciendo de la suyas; eran mujeres con una identidad fuerte, que no disimulaban su sexualidad”. Pese a su trance de la pubertad, Nigel no llegó a ataviarse, pero sí a dejarse llevar por su propia curiosidad musical. El recuerdo de su hermano acudiendo a conciertos usando botas marca Dr. Martens antes de que éstas fueran mainstream— pintadas con laca verde para autos para ver a The Buzzcocks, sigue marcado en su  memoria con tinta indeleble.

“Mi primer recuerdo del punk: tengo 15 años, estoy en la casa de un amigo en Coundon Coventry, una noche de verano. Es 1977. Yo y mis cuates estamos bebiendo cerveza Breaker y escuchando ‘American Pie’ de Don Mclean”. El que habla es Pete. Inspirado por la moda punk decidió adentrarse en ella y conocer sus confines escribiendo sobre el tema en un fanzine. Sin embargo, los prejuicios eran evidentes incluso en una sociedad que se sentía tolerante, incluso más en la provincia inglesa: “Era peligroso vestir así y podían golpearte en la cabeza por mucho menos en Coventry. Solía asustarme como mi look provocaba una reacción extrema incluso en la gente más `normal´. En más de una ocasión me amenazaron por como vestía. Una vez, en un pub, en un concierto en Lincoln, un tipo estaba tan furioso por la forma en que mis amigos y yo nos veíamos  que nos estrelló su vaso lleno de cerveza”.

sex pistols

Sex Pistols

Dice Pete que el movimiento tomó por sorpresa a toda su propia patria: “Lo más importante que el punk cambió exitosamente fue retar la idea que tenías que tocar la guitarra durante años antes de formar tu propia banda. Yo escuchaba a The Au Pairs, A Certain Ratio, The Slits, The Pop Group, Clock DVA y Joy Division. Para mí, la máxima aportación del punk fue la filosofía del Do it yourself, en la que podías valerte y desarrollarte por ti mismo de forma independiente”.

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En México algunos renegados, influenciados por la efervescencia británica, decidieron conformar sus propias bandas con los mismos ingredientes; pero mezclados con otra dosis de fiereza. Así, surgieron bandas como Size, Atoxxxico o Massacre 68 en el sur y norte de la Ciudad de México. En la actualidad, esta madre no ha dejado de parir hijos en la periferia norteña y el Estado de México.

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El punk en México

Walter Schmidt, músico y periodista, explica su labor como bajista de Size y editor de la revista Sonido en la década de los ochenta: “Creo que México siempre ha tenido oídos receptivos a las nuevas propuestas musicales y el punk fue bien recibido. La música de grupos como Sex Pistols, Ramones y The Clash tuvo una gran aceptación. Sonido nunca trató de explicar nada. Sólo se trataba de dar información sobre los grupos, sus biografías y que la gente sacara sus propias conclusiones”.

Durante la década siguiente, el bullicio se callaría para tergiversarse en post-punk y posteriormente new wave, plagado de sintetizadores y costosos teclados análogos. La aspereza de la guitarra daría paso a la suavidad de los beats mientras que la androginia permanecería. La estrella rutilante y estridente del punk perdería su brillo, pero cuarenta años después, aquí y allá, su halo aun cubre a la industria musical.

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Kings Road

Editor Yaconic

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