Por Adrián Román / @adrianegro

Guillermo Fadanelli camina encorvado, pese a que pasó varios años en una escuela militarizada. Eso dice mucho de él, quizá todo.

No solo la forma de caminar habla de una persona, también lo hacen los lugares que visita y lo que mira en cada uno de ellos. El billar de los suizos. Memorias atendidas (Cal y Arena, 2017) está formado por textos que fluctúan entre la bitácora de un hombre lúcido y los ensayos de otro que detesta a la humanidad.

guillermo fadanelli

Guillermo Fadanelli / Foto: MXCITY

Paseamos con Fadanelli por Florencia, Leukerbad, Lyon, París, Madrid, Berlín, Buenos Aires, Oaxaca, Mexicali y la Ciudad de México. Es un libro cuyos textos no son de larga extensión pero su efecto es fuerte y revelador en muchas ocasiones. Comemos y, por supuesto, bebemos con el autor; nadamos escondidos de los otros bañistas, pero sobre todo vagabundeamos. El billar de los suizos es el manual del buen vago.

El libro reúne 25 años de darle rienda suelta a los pasos, a veces sin dirección, a veces sin esperanza. Crónicas de otros tiempos, crónicas para las que se requiere echar mano de la memoria y que son escritas a una edad en la que la mente ya no está tan alborotada y puede ser más sensata.

“Mi salud es la enfermedad bien llevada y además me he vuelto un especialista en tumbas efímeras”.

el billar de los suizos de guillermo fadanelli

A lo largo de 131 páginas Guillermo nos cuenta algunos romances y sus tragedias marítimas, mientras da pinceladas de genialidad.

“La pereza se torna arte mayor cuando su contrario, es decir el odioso y necesario trabajo, acarrea consigo más desgracias que bienes”.

Las costuras más finas de cualquier libro están hechas de cordón umbilical. El hilo de la vida del autor. Son varios los ejemplares en los que Guillermo nos permite ver su vida, como si nos mostrara un vaso vacío.

“Yo no supe cuan pobre era hasta que viajé”.

La luz de sus frases cortas, no es una luz estridente como las del Estadio Azteca, no, es una luz más discreta, como la que de madrugada se encuentra en el Jacalito. Les decía que esa luz que poseen las frases de Fadanelli, no proviene de sus gusto por los aforismos y la filosofía, sino más bien del gusto por la poesía.

“Es mejor callar cuando se camina, callarse la mente”.

Guillermo Fadanelli camina encorvado, por ciudades europeas, o por su habitación, pero el hombre que camina y observa va cambiando su mirada del mundo.

“Ser famosos, y al mismo tiempo desear el anonimato, no es elegante”.

Solo cuando un hombre se encuentra en constantes desgracias, aprende a mirar a esta con cierta bondad y agradecimiento. Guillermo está a punto de ahogarse. Debe caminar en una cansada carretera durante horas gracias a la buena obra de un campesino español; siente constante incertidumbre por el poco baro que hay en sus bolsas.

“Yo cuando me aburro, me siento feliz y abrumado”.

Si por ahora solo puedes hacer un viaje alrededor de tu habitación lee este libro, al menos aprenderás a burlarte de tu pobreza.

Si ya estás a punto de emprender tu viaje a Europa lee este libro, no es una gran guía de viaje, pero te vas a reír un chingo.

Editor Yaconic

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