Este año se celebra el centenario del nacimiento del colombiano Leonet “Leo” Matiz, considerado como el “Muralista de la lente”. El fotógrafo colombiano llegó a México en 1941 e hizo su primera aparición en la prensa nacional dentro de la revista Así, con sus reportajes de los campesinos bananeros centroamericanos, la explotación de los trabajadores del sistema ferroviario mexicano y los presos de las Islas Marías.

Al respecto, el mismo colombiano dijo: “En México cuando llegué me sentí cobarde. Veía un país muy grande para mí, donde todas las puertas se me cerraban. Me encontré con Barba Jacob y este me dijo: ‘vete a los cafés, oye, observa y dibuja’. Así lo hice y de esta forma fueron transcurriendo mis días como forastero. Después conocí al afamado escultor centroamericano Zúñiga, quien me introdujo como fotógrafo a la revista Así de México”.

Leo Matiz con cámara

Leo Matiz

Así se  fue inmiscuyendo en el acontecer de la vida nacional y artística mexicana, a tal grado de que actualmente se dice su obra está estrechamente vinculada a la historia del arte mexicano, y eso es seguro pues durante su estadía acá se volvió compa de algunos de los creadores más relevantes del momento, entre ellos los muralistas José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros quien fuera miembro de la “tercia de ases” y cliente de Doña Lecumberri.

Siqueiros y Matiz

Con David, Leo tuvo una relación de pareja como la que muchos viven: se conocieron, se cautivaron por la fuerza artística del otro, comenzaron a colaborar en gran cantidad de sus proyectos y se retrataron encuerados (es neto, vean su serie América Latina y Nuestra imagen actual). Hasta que Matiz acusó de plagio a Siqueiros, a lo que este respondió con una serie de acciones que obligaron al fotógrafo a huir del país en 1947.

Acompáñame a ver esta triste historia (de la cual se celebran 70 años):

ARTÍCULO DE REVISTA DE AMÉRICA, NO. 101, 29 DE NOVIEMBRE DE 1947, PP. 14-17, 48, POR DÍAZ RUANOVA

Matiz y Siqueiros se conocieron en 1944 cuando el colombiano acudió al taller de Leo a hacerle un fotorreportaje para la revista Norte, el cual se convirtió en una colaboración creativa para el mural Cuauhtémoc contra el mito, obra de en la que “encontró la forma de conciliar técnicas de composición, iluminación y perspectiva de la pintura con su retrato fotográfico”.

Básicamente, desde ahí congeniaron. No obstante, el colombiano pudo haber previsto aquello que ocurriría algunos años después si le hubiera hecho caso a las señales casi divinas que se le presentaron: el 20 de agosto de 1940 vio en la primera plana de varios diarios una nota donde se leía que el muralista estaba acusado de asesinar a Trotski con ráfagas de metralleta y granadas incendiarias.

Pasaron dos años y ambos continuaban trabajando juntos en proyectos murales; las fotos que Matiz daba a Siqueiros le permitieron al Coronelazo dejar de utilizar modelos y trabajar directamente con la verosimilitud que las gráficas ofrecían. La condición que tenían era que el muralista diera crédito a su trabajo.

En 1947, Leo viajó a Centroamérica como reportero gráfico de las revistas Life y Selecciones del Reader’s Digest. A su regresó a la CDMX se topó con una exposición que Siqueiros tenía en Bellas Artes con motivo de un congreso de la Unesco, varias de las pinturas tenían reminiscencia a sus fotos. Eso enfureció a Matiz pues habían acordado en que sus gráficas solo serían usadas para murales.

ARTÍCULO DE REVISTA DE AMÉRICA, NO. 101, 29 DE NOVIEMBRE DE 1947, PP. 14-17, 48, POR DÍAZ RUANOVA

Fue tal su coraje, que acudió con la prensa y lo acusó de plagio: “Leo Matiz acusa a Siqueiros”, “Es absurda la acusación de Matiz”, “Ni chantaje ni mentira”, “Escándalo artístico colombo-mexicano”, “Siqueiros no es un pintor original”, “Explotación del arte por el arte” y “El Corolenazo en líos contra una fotografía”, gritaban las de ocho. Los antes amigos ahora se peleaban a nivel nacional.

La respuesta del Corolenazo, escaló rápidamente: lo amenazó de muerte, saqueó e incendió su estudio y lo acusó de ser un agente de la CIA. Ante aquella cálida respuesta, Matiz se refugió en la embajada colombiana y se peló in chinga del país.

“…porque me voy de México y sólo me llevo lo que es inajenable: el paisaje, la luz, los hombres, los momentos, la vida misma, captados con la lente maravillosa de mi cámara y grabados en mi mente porque soy un enamorado y un agradecido de México y para mi esta tierra ha sido una gran escuela”, escribió Leo sobre el incidente.

Quizá si Matiz le hubiera dicho a David lo que le decía a todas las morras que se convertían en sus “amores fugaces” cada vez que llegaba a algún nuevo lugar —”soy pintor por atavismo, fotógrafo por hambre y loco por talento” — antes de huir, posiblemente hubiera podido regresar a México mucho antes de 1996, 10 años después de la muerte de Siqueiros.

Al parecer ahora, en la “muerte” ya están reconciliados, al menos desde la tumba, gracias a la muestra LEO MATIZ: EL MURALISTA DE LA LENTE. SIQUEIROS EN PERSPECTIVA, misma que podrás ver hasta el 15 de octubre en Bellas Artes, El mismo palacio que gestó aquel culturaloso episodio de “Leonel, casos de la vida real”.

Fotos: cortesía Fundación Leo Matiz

Raúl Campos

Raúl Campos

Cultural Journalist & Documentary Photographer Kitsch Journalism Mexican decay Anarchy Road

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