Por Iván Farías / @ivanfariasc

El Chapo es sin duda uno de los narcotraficantes más mediáticos. El otro capo con el que rivaliza es Pablo Escobar, sin embargo, el sinaloense amasó una fortuna superior a la del colombiano y tejió una red tan grande, que sus tentáculos iban de Estados Unidos a Argentina y de ahí hasta Filipinas, China, el sur de África y gran parte de Europa.

Contar la vida del Chapo es narrar la historia reciente de México, es desnudarnos tal cual somos, es mezclar la sorpresa y la certeza. El Chapo, la serie, es producida por Netflix y Univisión, desarrollada por la peruana Silvana Aguirre Zegarra y el mexicano Carlos Contreras, con la asesoría principal del mexicano Alejandro Almazán, además del inglés Ioan Grillo, entre otros periodistas de Univisión. En producción es similar a Narcos, es decir, conjuntaron un gran grupo de talento latinoamericano, pero en lo profundo es muy distinta.

el chapo, la serie de netflix

Narcos es un conglomerado de nacionalidades, por lo que los acentos y los diálogos resultaron poco creíbles o francamente risibles. Wagner Moura desarrolló un gran personaje, pero siempre el portugués se le metió en el habla colombiana. El resto de los actores sufrían del mismo mal y llegaron a un momento en el que la verosimilitud se perdió por completo.

LO MÁS CERCANO POSIBLE

El Chapo está narrada con menos actitud lúdica, tiene un tono casi de documental, en el que incluso, se echa mano del pietaje real de las noticas. Como explica la showrunner Silvana Aguirre, en entrevista para The Time: “Cubre el tema del tráfico de drogas con una visión macro: el trasiego de drogas como un negocio, la corrupción sistemática en México, e incluso en Estados Unidos, lo que permite la aparición de personajes como el protagonista. No queríamos hacer una telenovela narco, con énfasis en las partes románticas”.

el chapo la serie de netflix

Esto se nota en la cruda recreación de los hechos. La serie explica en esta primera temporada el auge y primer encierro de quien después sería el capo más buscado del mundo. La vida del sinaloense en realidad entreteje una historia amplia: la del narcotráfico en México a partir de su éxito en los ochenta.  Por primera vez se puede ver a los hombres detrás sin el velo de la ficción idealizada. Hay que ser sinceros, las narconovelas producidas por las televisoras latinoamericanas hacían chabacanos acercamientos a estas figuras, contratando hombres jóvenes y guapos, recalcando la parte romántica, en ambas acepciones, y llenando de mujeres despampanantes los intereses amorosos. Más que una denuncia parecía una alabanza.

“Tratamos de hacer la historia tan real como sea posible, con la información que teníamos. Había hasta tres teorías acerca de un evento y escogíamos la que mejor se adaptaba a la historia”, declaró Silvana a Rolling Stone.

EL MIEDO NO ANDA EN BURRO

En El Chapo las relaciones entre gobierno y narco son muy claras. Es más, son evidentes. Se nota como el ejército, la policía federal y local y los criminales están en estrecha relación unos con otros. Hay fajos de dinero circulando entre traficantes  y uniformados una y otra vez. Los parecidos de los narcotraficantes y políticos con sus contrapartes en la realidad son asombrosos. Sin embargo, hubo cuidado con los nombres. Los que uno reconoce como hermanos Arellano Félix aquí son llamados Avendaño; Carlos Salinas es llamado solo Presidente y el PRI es el Partido Trabajador Institucional.

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La producción se trasladó a Colombia, en una decisión de último momento, para evitar que hubiera problemas. Así que la mayoría de las calles, pueblos, cárceles y edificios son recreados en el país cafetalero. Pese a esto y al bajo presupuesto, la serie nos convence todo el tiempo de lo narrado. Mucho es gracias a los dos directores, Ernesto Contreras y J.M. Cravioto, quienes lograron escenas de acción y tensión con pocos elementos.

LOS PERSONAJES

Además de los capos y los policías corruptos, hay un personaje que sobresale del resto, Conrado Sol, interpretado por el solvente Humberto Busto; quien encarna un tipo que no tiene su contraparte en la vida real, pero que representa a todos y a nadie. El Licenciado Sol es un arribista consumado, un tipo que se ciñe a los designios de su partido y a sus jefes inmediatos, pero que sube poco a poco en la escala burocrática mediante oscuras triquiñuelas, hasta formar un poder increíble.

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Hay un momento en que el Chapo y Sol se encaran. El Chapo viene de abajo, un tipo curtido en la miseria, con el rechazo del padre, ninguneado por sus compañeros y que pese a eso ha podido posicionarse como “patrón”. Su vida corre peligro, además de que él puede acabar encarcelado, como le sucede. Sol ha hecho todo desde la sombras, enlodado a sus obstáculos y alabando a sus superiores. Sol y el Chapo son las dos caras de una misma moneda, así que con una franqueza muy del norte, el capo le dice al burócrata: usted es el que debería estar encerrado.

LA CÁRCEL

Quizá uno de los mejores momentos de toda la historia es la recreación del encierro dentro de un penal de máxima seguridad. La forma inhumana en que son tratados y la frialdad y crueldad a la que son sometidos los presos. El último capítulo es tal vez uno de los mejor logrados, un drama carcelario en el que se nota todo el poder que puede ejercer el Estado, pero que se resguarda para hacerlo a su deseo.

La actuación de Marco de la O, quien interpreta a Joaquín Guzmán Loera, revela la soledad y la desesperación de un hombre acostumbrado a mandar que de improviso es obligado a obedecer. No puede levantar la mirada, no puede enfermarse, no puede ni siquiera escoger cuando morir. Ahí se revela, más fehacientemente, que el Estado controla todas sus acciones.

 SINALOA

La serie tiene algunos problemas, claro está. La falta de presupuesto, los efectos en CGI, la ausencia de ciudades mexicanas, aunque de vez en cuando se incluyan tomas fijas o panorámicas de edificios capitalinos, pero lo que más se extraña es el acento y las palabras sinaloenses. En producciones como Caracortada (1983) o El padrino (1972) se nota el trabajo a un nivel tal que podemos escuchar la entonación caribeña o siciliana. Aquí, el español neutro es regla. El único que en verdad parece que se tomó la consigna de recrear a un sinaloense es Marco de la O, quien marca bien el acento, la forma de moverse y hasta su tipo de ropa.

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La serie ya ha causado reacciones. En Estados Unidos ha gustado y los medios de allá la han elogiado. Otros han echado a andar sus propios proyectos con el personaje, incluso hay rumores de una película con una gran producción. Los abogados de Joaquín Guzmán Loera, entre ellos el principal, José Refugio Rodríguez, ya amenazaron con demandar a la televisora y a Netflix por el uso de la imagen del capo.

“La serie es bastante buena pero susceptible de superarse, de ser más fidedigna”, declaró el abogado Juan Pablo Badillo, uno de los defensores del narcotraficante. Sin embargo, la demanda es solo un juego de sombra para obtener una negociación benéfica. “Es preferible sentarse a dialogar en una mesa,” dijo el propio Badillo.

Por el momento el auténtico Chapo está encerrado en un ala de seguridad del Centro Correccional Metropolitano de Nueva York, en confinamiento solitario durante 23 horas al día. Solo le permiten una hora de televisión. No creo que sintonice Univisión; dicen los medios norteamericanos que la última vez las autoridades le permitieron ver un programa sobre rinocerontes. Tal vez nunca sabremos si le gustó.

Editor Yaconic

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