Por Aarón Enríquez / @aaron_care

Uno de los principales rasgos que han marcado a esta generación es la facultad que han tenido los millennials para consumir todo tipo de propuestas, ritmos y géneros musicales por el simple hecho de tenerlos a la mano. El cuestionamiento invariable de generaciones anteriores ante tal fenómeno es: ¿qué tanta capacidad de comprensión e interpretación del consumo cultural hemos sido capaces de desarrollar ante tal vorágine informativa?

Si alguien acotara la pregunta a ¿cómo interpretó tu generación el folk y el boom de la canción latinoamericana?, mi primera respuesta sería: escuchen a El David Aguilar. Un cantautor que no se ubica a sí mismo en ningún palo de la baraja, pero a su vez se alimenta de todos. ¿Una rumbita?, la tiene; ¿un soncito?, te lo arma; ¿folk?, el que gusten.

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El David Aguilar / Foto: Jesús Cornejo

Arquitecto de la palabra y entusiasta de toda la “buena música”, El David te remite a Rodrigo González, a Martín Buscaglia y a Chico Buarque. Sus canciones pasan de himnos sobre el uso de la bicicleta a poemas con la letra “L”. No es casualidad que el propio Israel Ramírez de Belafonte Senacional (otro de los grandes letristas que ha dado nuestra generación), asegure que la canción más perfecta que se ha escrito en México en los recientes diez años es “Eco”, que podrán escuchar en el Lunario del Auditorio Nacional el próximo viernes 22 como parte del Festival Lunario-Tierra Adentro.

Me llamó la atención que en Facebook te sorprendiste cuando te enteraste que eres millennial por el año en que naciste (1983); sin embargo, tu forma de acercarte a la música es muy de esta generación, ¿no?, un poco de todo.

Sí. Soy un compositor de canciones, de canción libre. Ha coincidido con que las músicas que me han gustado son muy variadas. Soy fan de la música clásica; me gusta cierto tipo de pop; me gusta el jazz, el blues, el rock; hasta el progresivo y el metal me gustan. Tengo un gusto demasiado amplio. Hay muchas más cosas que me gustan que las que no, y eso se refleja en lo que hago.

¿Para los millennials no importa que la música sea mala o buena mientras les mueva algo?

He dicho que no hay géneros malos; puede haber géneros abordados sin cautela, con poco criterio y demás, pero no es que el género sea malo, es que la canción es mala. El reguetón que todos critican, es un ritmo y una estética, un tipo de fraseo. Puede haber reguetón con alta calidad porque está fundamentado en buenas letras, quizá. Nunca he estado peleado con los géneros y en ese sentido sí me puedo sentir millennial.

¿Tiene que ver más con tu personalidad que con un sentido generacional de percibir la música?

En la época en la que estamos viviendo, todo el tiempo conectados con las máquinas y con el internet, es muy lógico pensar que muchas propuestas estéticas estén involucradas con uno todo el tiempo. No es como antes, que la gente escuchaba solo la música del lugar de dónde era. Hoy podemos escuchar música de la India o de donde sea… y eso desde hace varias décadas, pero ahora mucho más gracias a internet.

Entre tantas influencias, ¿cuál sería la línea sobre la que basas tu música?

Una de mis premisas es no vivir cerrado, sino abierto. Eso se alcanza a reflejar en las temáticas de las que hablo en mis canciones. No me gusta sujetarme a lineamientos preestablecidos de la industria musical. A veces lo hago por travesura; digo: “voy a hacer una canción súper pop en la que el estribillo reviente a los tres segundos”.

Estamos viviendo una etapa de la industria muy especial; un punto bisagra del mismo peso que cuando empezó la música grabada. Es interesante saber qué va a pasar. La época se da para que los artistas nos demos el lujo de ser nosotros mismos y no cubrir con comportamientos preestablecidos con la intención de colocarse o pegar. Eso es engañoso. El artista que hace eso se auto sabotea.

¿Tal variedad de estilos hace que tu propuesta sea única?

Hoy en día existe la virtud de ser muy visto mediante la diferencia. Veo músicos que componen muy al estilo de Rihanna o cosas así aquí en México, y no puedo evitar pensar en el pésimo sentido empresarial que tienen, porque están compitiendo contra millones de personas antes que ellos. Incluso empresarialmente hablando hacer eso es cero redituable.

Lo que hay que hacer es buscar una diferencia desde la que te puedas hacer más visible. En la medida en la que encuentras tus diferencias, las cosas que te hacen característico, es que vas a poder explotar y tener una voz, un canal y una vía para decir lo que quieras decir.

Ese espacio lo has encontrado tú a través de las letras, ¿qué importancia sientes que se les da en la actualidad?

Se le pone más atención a las letras que en otros tiempos, pero solo en algunos círculos. El público está interesándose en lo que, de verdad, un artista tiene que decir. Esto tiene que ver con las redes sociales. Ellas dieron la pauta para que gente se diera a notar por su capacidad de comunicación, o por su capacidad de publicar cosas que son relevantes para ciertos grupos o generaciones.

Desde la era Twitter ha sido visible que hay cantantes, actores, comediantes o comunicadores que destacan y es claro que es gracias a su capacidad de expresarse. Nos gusta esa posibilidad de vivir siendo nosotros. Cada vez hay menos cabida para grupos prefabricados que producía la industria como la conocimos en los años ochenta o noventa. Por supuesto que también hay cosas negativas, como el hecho que no haya ningún filtro de nada y que haya una sobresaturación en las vitrinas musicales. Ya veremos después qué tan positivo fue este boom.

Hablando de “booms”, ¿dirías que hay una nueva generación de la “canción latinoamericana”? ¿Existe tal cosa? Y si existe, ¿te sientes parte de ello?

Hay algo de eso, pero en muchos rubros diferentes. En México hay un grupo visible que es el de los trovadores, o los cantautores más en la vena de Silvio Rodríguez y Fernando Delgadillo. También está lo que hace gente como Juan Cirerol o Saúl Fimbres, que se van más por lo texano o norteño, pero muy punk. Otra corriente es la de Natalia Lafourcade o Julieta Venegas. A nivel latinoamericano está la movida de Jorge Drexler, de Buscaglia… Los brasileños tienen su propia onda: cosas como Caetano Veloso, Gilberto Gil o Buarque. Los argentinos, están los que vienen de Fito Páez y también los que vienen de Atahualpa Yupanqui.

Como que están los folklóricos, los rockeros y los indies. Entonces yo ni siquiera sé en dónde meterme. Siento que quepo en todos lados, y me da gusto porque tengo un poquito de todo; he hecho una canción medio “hipster”, digamos, y no lo digo peyorativamente.

¿Crees que seguimos viviendo un revival del folk?

Hay un boom del folk desde hace varios años. Es una tendencia que me gusta mucho. Yo escuchaba a Bob Dylan de niño, a Leonard Cohen. También tengo cosas del rock como David Bowie o The Rolling Stones, pero igual tengo un pie puesto en Silvio y en Buarque, he aprendido mucho de ellos dos también.

Sin embargo, estas referencias tan claras no son fácilmente palpables en tus canciones. ¿De algún modo huyes de ellas?

Siempre digo que yo no haría una caricatura del folk porque siento que es algo que ya ocurrió hace cuatro décadas. No me sentiría actual, me sentiría incómodo.

Pero me pasa con todo. Si hago una cumbia o un bossa nova, la intención es que no sea una caricatura del género. No quisiera hacer una cumbia con el güiro marcando el ritmo todo el tiempo, por ejemplo. Trato de ponerle una mezcla; una fusión única. Uno trata, con sus medios, que tenga cierta característica, un sello propio.

¿Cómo llegaste a la Ciudad de México?

Llegué en 2001 a estudiar música en Fermata y después me salí. Empecé a tocar mis canciones en cafés, en bares y a meterme al circuito de la música independiente. Estuve mucho tiempo como solista, en la onda rupestre y tal. Nunca estuve en una disquera, tal vez lo esté en algún momento; no tengo nada en contra de eso siempre y cuando no lo estén cooptando a uno creativamente.

Más bien inicié en la época My Space, cuando empecé a conocer artistas, a tener contacto, a publicar canciones y sentir que estaba finalmente siendo un artista por mis propios medios. Definitivamente todo lo he hecho aquí. Intenté vivir en Guadalajara y la verdad no pude hacer lo que he logrado en CDMX. Definitivamente hay un centralismo, aunque percibo que cada vez menos.

¿Es la primera vez que estás en el Lunario, que opinas del Festival Lunario-Tierra Adentro?

Ya he tocado en el Lunario pero nunca he estado solo, siempre abriendo o de invitado, por eso creo que esta vez es especial. Al Festival vienen varias bandas de muchas regiones del país y está chingón porque quiere decir que existe la posibilidad de que explote el flujo de propuestas. Además es interesante porque van a estar artistas que a mí me encantan, como Iván García, Ampersan, Paulo Piña. Creo que soy el fan número uno de Ampersan y me entusiasma mucho verlos.

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