Por Rogelio Garza / @rogeliogarzap

Cuando la literatura, el cine y el rock hacen trío la cosa promete. Y dice una máxima del buen vendedor: prometer y prometer hasta meter, luego a ver cómo cumples. Valía la pena caerle a la “premier de alfombra roja” de El Alien y yo, la película del director Jesús Magaña basada en el cuento “El alien agropecuario”, de Carlos Velázquez.

“El alien…” es uno de los cinco cuentos del libro La marrana negra de la literatura rosa, del también autor de Cuco Sánchez Blues, La Biblia Vaquera y El Karma de vivir al norte. No es la primera vez que este personaje, La Marrana, aparece en la literatura mexicana entre el rock y el cine. En el cuento “El Rey Criollo”, Parménides García Saldaña narra los desmadres que hubo en México cuando estrenaron las pelis de Elvis Presley, Prisionero del Rock y El Rey Criollo. Desde entonces La Marrana ya partía madres, huesos y hocicos en el cine Roble.

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Pero ojo morado: “El alien agropecuario” es un cuento fuera de este mundo de las letras mexicanas. La trama gira en torno a un personaje con síndrome de Down y eso lo convierte en un texto espacial. Velázquez afirma que nunca trató de reivindicar al personaje; su premisa para escribirlo fue “nunca subestimes a nadie”. También es insólito que el cine nacional se lance a producir una película con un personaje y actor Down, Paco de la Fuente, paisano torreonense de Velázquez.

La verdad es que el estreno V.I.P. en el cine Diana parecía un tradicional lanzamiento del extinto Canal de las Estrellas: pasarela de gente cool que en su casa la conocen, lluvia de flashes, entrevistas para la televisión, mujeres guapas que están “escribiendo un libro”, curiosos y colados, algunos con su ejemplar de La marrana negra… bajo el brazo para cazar el autógrafo del autor o quizá para cotejar la película con el cuento letra por letra.

Tras los encuentros casuales y los cocteles rojos de tequila, que combinaron perfecto con la Pineapple que atizamos para entrar en sintonía con El Alien, nos dividieron en dos salas. Sentado hasta arriba de la sala 6, cuando apagaron las luces creí que el reventón duro era en la 7. Donde estaba no dejaron entrar con el coctelito en la mano y uno se preguntaba a qué hora iban a rolar los gallos, las charolas de polvo y las tachas para celebrar como estrellas de verdad. Pero no. La sala se llenó de amigos y familiares de los productores y los actores, pero solo rolaron palomitas, nachos y refrescos.

En seguida empezó el rock de la peli. Adaptar un cuento o una novela al cine siempre ha sido un volado y son muy pocos cineastas los que salen bien librados de tal empresa. Magaña (director de Alicia en el país de María y Eros una vez María) lo hizo en 2011 con la novela teatral de José Agustín, Abolición de la propiedad, que recuerdo haber visto en el cine y sentir lentamente como se banalizaba la obra. El Alien y yo es una comedia rockera y cumbiera fresa, apta para toda la familia con mensaje bonito para chamacos en edad de la patada.

Un tecladista con síndrome de Down es reclutado en un trío de punk, que lo transforma con su tecnoanarcumbia y lo lleva a la fama antes de lanzarse como solista. Es una película blanqueada y desinfectada que entretiene a secas, carece del ritmo, la fuerza y la intensidad narrativa del cuento. Por su puesto que el guión altera el relato, y tiene aciertos, chispazos en los diálogos, pero la película adolece de los males que aquejan al cine de comedia en México, aparte de la fotografía, la iluminación y la corrección de color Televisa Style: es infantil y las actuaciones impostadas.

Al igual que en la trama de la historia, el actor que riffa es Paco de la Fuente. Carlos Aragón, Don Gramófono, tiene tablas y encarna decentemente al mánager gandalla. Pero a Inés de Tavira, a Juan Pablo Campa y a Juan Ugarte (integrantes del grupo punk Da Feels) les falta sustancia para ser creíbles, como se le cree a Gary Oldman en Sid & Nancy de Alex Cox, por mencionar un actor que la hizo de punk cuando era chavo. Las que están para llorar son las apariciones —cameos, dicen los que saben— de algunos rockeros locales, carentes de gracia, opacos y acartonados. Por ejemplo, Meme. Hace un par de meses escuché su reciente canción, “Todo va a estar bien”, y vi el video. No lograba entender semejante atentado contra la salud mental del personal, hasta que lo vi actuar de productor en El Alien. Con eso entendí todo.

el alien y yo

El Alien y yo cuenta una historia sobre el ego, no se diga el de los rockeros tipo Almost Famous de Cameron Crowe. El ego es lo que destruye a los grupos de rock y no las mujeres ni el proceso de “yokonización” que tanto machaca la película, dejando ver la mentalidad en torno a la mujer que siempre ha campeado en el rock de aquí, allá y acullá.

El otro punto que merece atención es la música y la pista sonora con la que se armó el disco. Las canciones son de rock ni fu ni fa —diría el fallecido Capitán Pijama—, pero aquí la cosa es que El Alien es el inventor de la tecnoanarcumbia, el terreno en el que hoy se bate en tremenda polémica el mundillo del rock nacional. Y el hit de la peli es una tecnocumbia tipo Amandititita —presente en la cinta—. Sin proponérselo, el E.T. es un transgresor que atenta contra la integridad del rock. Los opositores a la cumbia y sus derivados se pronuncian contra la promiscuidad rítmica y a favor de la pureza musical del rock. Olvidan que la música es algo vivo y evoluciona sin importarle nuestros gustos, fobias y traumas. Y la cumbia rulea hoy en día.

En corto: antes de pasar a ver la peli se recomienda leer el cuento para no quedarse únicamente con la impresión del celuloide. El Alien y yo es rock, es cumbia y es amor. :x

Editor Yaconic

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