Por Idalia Sautto / @mariedelaos

Fotos: Alex Tapia / alextapia.mx

1. HACE UN PAR DE MESES ME CONVERTÍ EN UN VALEDOR JUVENIL

Manuel Bueno me enseñó las delicias de El Haragán. Manuel tocaba junto con Poni en una banda punk en La Noria y lo único que le pedía el público eran rolas de El Haragán, así que sabe a la perfección interpretar el Valedores juveniles (1990) en un solo de batería y voz.

En Macolen solo se escucha dos tipos de música: El Haragán o Sisqó. En una fusión nos convertimos en los valedores juveniles de la edición y la impresión. Cuando vi que estaría El Haragán fui corriendo a decirle a Manuela ¡vamosh!, y me dijo Nelson Mandela, no iré nunca más a ver a Luis Álvarez en concierto.

el haragan en la carpa astros

La última vez fue en el Vive Latino. Empezó a llover y el lodo comenzó a subir por los tobillos. Sacó su impermeable amarillo y se forró contra el aguacero. Al poco rato alguien gritó: “Ese puto es el único que no se está mojando”. Y en un segundo una turba de valedores le arrancó su impermeable, lo llenaron de lodo y comenzaron a golpearlo hasta que alguien fue a rescatarlo de la golpiza. Tuvo que fugarse del festival.

Al principio pensé que no estaba a la altura de un fan para ir al concierto, pero no es la primera vez que voy a un concierto a escuchar canciones que no me sé; finalmente es El Haragán, qué puede salir mal, fui con la bendición de Luz, la Paleta Payaso y el Cachorro.

De colados, of course.

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2. CULEEEEEROS, CULEEEEEROS, CULEEEEEROS

A qué vas a un concierto si no es a sentir el fenómeno de masas gritando y chiflando. Los fans de El Haragán son una fauna singular. Son fieles como perros. Tienen incluso una mesa dedicada al Club de Fans Oficial. Josefina Martínez, presidenta y fundadora del Club, llena las membresías con su puño y letra y pega la fotografía infantil. Si no vas preparado, también te hace parte del club. ¿Y qué licencia te otorga el tener tu membresía? Pues bien, mensualmente se hacen sorteos, trivias y sorpresas en las que uno puede ganarse un boleto o un viaje a Monterrey para ver al Haragán. El correo electrónico es un poema: clubdefansoficialharaganyciavolviendoacasa@hotmail.com.

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La Carpa estaba habilitada con gradas y sillas, así que era posible llegar y sentarse en donde uno quisiera, o bien amontonarse en el escenario y echar unos bailes. La Carpa Astros, antes el Circo Atayde, está convertida en el primer foco de gentrificación de la Calzada de Tlalpan. Cuando acostarse con prostitutas del Metro Villa de Cortés sea parte de la diversión hipster se acordarán que todo comenzó con la Carpa Astros y sus foodtrucks y su cerveza tibia y cara.

Al comenzar el concierto se podía transitar sin problema de un lado a otro.

Subir y sentarse. Disfrutar desde el lugar que uno quisiera, la entrada general aplica a gradas y pista.

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“Muñequita sintética” fue el primer raspón de la noche. La rola inauguró los efectos especiales para empujar a que la banda se descontrolara, dos explosiones de papelillos plateados y luces hicieron brillar las manos al aire y los hurras del público, y así se dio la bienvenida a la primera invitada de la noche: Jessy Bulbo.

Fue el epic fail de la noche. El ánimo no decayó, y El Haragán y sus músicos hicieron el mejor esfuerzo para salvar el barco, anyways, la participación de Lady Bulbo dejó mucho qué desear. ¿Qué pensará, que porque somos nacos ya nomás tiene que salir a enseñarnos las nalgas y echarse un par de gritos? Su voz nunca pudo llegar al registro de la Muñequita, y eso que estamos hablando de rock en tu idioma y no de ópera italiana.

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Había una forma muy clara de medir la temperatura del concierto, qué quería escuchar el público y qué tocaba El Haragán.

Cuando era cualquier rola de Valedores juveniles el público se emocionaba y los celulares brillaban por toda la carpa. Cuando El Haragán quería ser Eric Clapton no se agüitaban: chiflaban y pedían las rolas que querían. Y eso pasó al menos en la tercera parte del concierto, cuando Luis Álvarez ya estaba aventándose el track 19, “El blues de Cris” y “Blues del amor perdido” fueron las dos fallas de la noche. No brilló ningún celular cuando se bajaron las luces a negro. Los valedores no se sumaron a la parte azul del concierto.

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Y entre el público, a diferencia de lo que Manuela me platicó, nunca hubo malas ondas, todos estaban ahí para disfrutar de la adrenalina compartida, y así pasó con clásicos como “No estoy muerto”, “La perra brava”, “Juan el descuartizador”, “Él no lo mató” y “Aburrida la vida”. Escuchar a El Haragán es una suerte de audiolibro con moraleja. Todas las rolas tienen su historia. “Todas las canciones las he vivido”, dice nuestro rocker. El discurso entre canciones era más o menos el mismo: ustedes eligieron este setlist. Hubo votación en redes sociales y así fue como se decidió qué rola sería estelar.

Julie Bonk se llevó la noche de los invitados. Extraordinaria tecladista, compositora, jazzista, puso la vara en alto. No hizo falta la interacción con el público como solían hacer la mayoría de los invitados. No quiso ser la cereza del pastel, el muerto en el funeral, la quinceañera de la Hummer, como su contemporánea Kenny y los eléctricos. “Es por Elvis” fue mi favorita en esta parte.

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3. SÍ LO VOLVERÍA A HACER

“El Chamuco” vino a despertar al público de la meditación blusera en la que nos sumergió. Yo ya estaba sentada en la quinta fila de la grada, viendo la hora y haciendo cálculos para irme antes de que el Metro cerrara. El fuego encendió el escenario y todos gritaron: “El chamuco no me hace nada”. Luces a rojo. The show must go on.

23:40 en punto salí de la Carpa Astros. Desde la estación Villa de Cortés se oía el concierto, la última rola que escuché mientras esperaba el Metro fue “A esa gran velocidad”: Voy a acabar esta tonada/ Es la canción de un perdedor/ Esta dulce carcajada/ Él es solo un mal rocanrolero/ Con las palabras amontonadas/ Ebrias, locas.

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La Calzada de Tlalpan es una película mexicana de las Novaro. Sus mujeres siguen siendo Lolas, sus hombres malos rocanroleros. Ser valedor juvenil es no tener pudor, elegir el nombre más largo para un correo electrónico, elegir la luz neón que se va a descomponer, elegir la niña bonita que le dará en la madre a tu mejor rola, es una cuestión de elección, de no tener miedo a lo que se es, sin poses, sin pretensiones. El Haragán tiene esa honestidad frente al escenario, no le da vergüenza hacer un Power Point con sus cuates y ponerlo mientras les toca una rola. Sí lo volvería a ver. Sí me atrevo.

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Editor Yaconic

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Revista de arte y cultura

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