UNA ESCENA QUE ARDE

El hardcore, ese hijo bastardo de una noche violenta entre el más aguerrido punk y el trash metalero más potente y veloz; un descendiente lleno de urgencia, que siempre encuentra una razón para estar enojado, para protestar, para desgarrarse las cuerdas vocales mentando la madre, para agitar el puño combativo y hacerse escuchar, el legítimo reclamo entre el caos.

Por Antonio Frías / @jafrias26

En una ciudad como el Distrito Federal no hace falta ser adolescente para estar molesto, sólo es cuestión de mirar alrededor y encontrar un motivo de queja; con esto en mente resulta sencillo entender las rolas contundentes de bandas como Última Vida o Doble D. Tres minutos de poder, la energía a tope para intentar entender y controlar el caos; gritos catárticos para descargar toda la rabia mesurada en la semana, riffs vigorosos, y tamborazo pelón a la velocidad propia del DF: en chinga. Mientras esto suena, el público entusiasta participa en el slam: empujones, baile desalineado, uno que otro codazo para reafirmar la camaradería; la hermandad con la que se identifica este género frenético.

No hace falta expresar tendencias políticas para dejar en claro que la protesta es un eje del hardcore. Las letras que vociferan himnos de resistencia, las gargantas que arden con críticas al sistema, dejan en claro la naturaleza contestataria de esta escena; una lucha interna que se convierte en grupal pero que, lejos de ser destructiva, es creadora, invita a participar, a la creatividad, a tratar de manipular el desorden que nos rodea.

EL HARDCORE CHILANGO-1

Tomando en cuenta la convulsa capital nacional (y el país en general), estos temas aguerridos, inconformes y comprometidos deberían de ser un asunto constante en las canciones juveniles… pero siempre es más sencillo promocionar un inocente corazón enamorado y roto. La niña triste que quiere que la dejen llorar provoca más empatía que un grupo de hombres sudorosos, con los ojos desorbitados, con el rostro rojo de la intensidad, con las venas marcadas por el esfuerzo físico y mental que representa cantar una canción con tanto sentido, con trasfondo real, con idea, propuesta de fondo e intención.

UNA FLAMA NECESARIA

Así, uno esperaría que la bastedad de inconformidades generalizadas debieran ser motivos suficientes; que la explosión musical y contestataria fuera enorme. El entorno está puesto, pero más que un estallido descomunal, las rolas cargadas de descontento son minoría. Es aquí donde la escena del hardcore defeño arde, cual si fuera un piloto automático. De combustión constante. No todos lo ven, pero es una flama necesaria.

Un género como el hardcore requiere compromiso. A diferencia de otros estilos musicales, no es sencillo rebajarlo, edulcorarlo y empaquetarlo como cursi canción pop. Hay que estar dispuesto a ser noqueado. Es el golpe de la realidad: crudo, directo, sin complacencias. No cualquiera lo aceptará, aunque la verdad es ineludible, no importa con cuántas rolitas pegajosas e insulsas quieran taparla. La mierda flota y es mejor estar preparado.

EL HARDCORE CHILANGO-2

Con la filosofía del DIY (Do It Yourself o Hágalo Usted Mismo, en español) como bandera —no confundir con la “moda indie” ni relacionarlo con el amateurismo—, las bandas del hardcore chilango se apoyan mutuamente. Los entusiastas no pierden la oportunidad de organizar eventos, de difundir y continuar alimentando la llamarada incansable. Precisamente como lo describe la banda Doble D: para seguir Errando por Convicción.

Los chilangos aguantan todo, aún más si son hardcoreros de hueso colorado. No importa la contaminación ni la marabunta salvaje de personas, ahí estarán los bombos marciales, las cuerdas de guitarras afiladas, las voces incendiarias, el moshpit ritual que nos Forja Para Prevalecer. Las tonadas brutales que claman venganza.

DE FLAMA A FOGATA

El ejercito de jóvenes con bermudas cargo, tenis gastados, extremidades en frenético trance y sudorosas facciones exaltadas, sabe que tiene que luchar por todo. Los himnos amplificados y distorsionados de las bandas les abren los oídos; les taladran la cabeza; los hacen conscientes de que necesitan ser duros, estar unidos, de que la escena hardcore es mucho más que música y codazos.

LAS BANDAS

Podríamos decir que las bandas musicales son la llamarada discreta que contempla y alumbra a la ciudad estoica. Pero es cuando se presentan en vivo, cuando otro entusiasta organiza un evento, que los devotos se hacen visibles, se reconocen, se saludan. Es entonces cuando de la chispa brota la flama que se apodera del lugar. El resplandor crece. El fogonazo de vida. Todos alimentan la fogata comunitaria; el pago es la representación de las brasas incendiarias.

Bandas como Última Víctima, Doble D, Nocaut y A Call for Revenge son diestros pirómanos capaces de templar los ánimos. De avivar con sus acordes a la inflamada concurrencia. De traer cada uno su antorcha particular.

Su aparición en otros países hace que México sea un escenario real, un socio activo de la comunidad global que es el hardcore. Además de compartir similitudes, su música se fortalece, su técnica se refina, y proyecta a otras latitudes una escena que incluso a nivel local es relativamente desconocida.

Si Última Víctima reclama las calles, Doble D y Nocaut optan por un lirismo mucho más político, sin necesidad de mencionar nombres o filias, sus rolas dejan muy en claro su ideario de inconformidad hacia el gobierno. Temporada de elección y Nuestra Posición, respectivamente, son clara evidencia de que la música no ha perdido filo, de que aún existen canciones para criticar, para hacer declaraciones en desacuerdo. Da gusto saber que no todo son baladas disfrazadas de rock en Frecuencia Modulada.

Toda esta actitud inconforme, expresiones de unión y queja, quedaría reducida a simple verborrea y pose si no existiera el compromiso real de las bandas, el Straight Edge de bandas como A Call for Revenge es la congruencia que exige este estilo. El veganismo, la ausencia de drogas y alcohol, el rechazo a los excesos, la promoción del compañerismo y otros valores, son la muestra de que la escena hardcore es una presencia constante, necesaria, con dirección. Objetivos que invitan a combatir y disfrutar en la invencible vorágine metropolitana.

Una escena vital, incandescente, que sigue trabajando, ensayando, creando, organizando eventos con cánticos combativos, emprendedores, luchones, sonidos ígneos para desenredar la realidad. Un ambiente que como justamente su nombre lo dice es (hard) duro, macizo, fuerte, muy unido; y que lejos de ser una modita pasajera, es algo que sus devotos llevan marcado, ya sea la X definitoria o una ideología que cala hasta el tuétano (core).

Ojalá la Ciudad de México ardiera más. La lumbre, con su tonalidad, aclara la realidad, le quita complejidad: inventa una fraternidad propositiva

I build a fire to stay cool, I burn myself, I am the fuel. Fugazi

Antonio Frias

Antonio Frias

Clavado de la música y el cine. Interesado en analizar cómo se relacionan todas las obras entre sí, su contexto y los chismes de artistas, y en encontrar el balance entre lo comercial, lo popular y lo denso. Hipnotizado con las pantallas mal viajantes y los sonidos que taladran la conciencia.

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