Los directores brasileños Cao Guimarães y Marcelo Gomes presentan un retrato de la soledad del hombre contemporáneo en “El hombre de las multitudes”. La película, que obtuvo este año el Gran premio Coup de Cœur del Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse en Francia, cierra la “trilogía de la soledad” de Guimarães (“El alma del hueso” y “Vagabundo”) y se presentó en el 34 Foro Internacional de la Cineteca. Un viaje audiovisual inspirado en la literatura.

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Cao Guimaraes, Marcelo Gomes

Por Gabriela Cervantes / @Gabbocerbri

La sorpresa que me llevé con esta película fue inmensa, pues mientras la veía no dejaba de recordar muchos de los cuentos y las historias de gente común en el Brasil (Belo Horizonte) cotidiano de Rubem Fonseca, y las ideas de Walter Benjamin sobre las ciudades y su disposición, y cómo afecta esto a los habitantes; mayor fue mi sorpresa al saber que se trataba de una interpretación libre del cuento de Edgar Allan Poe, El hombre de la multitud (tuve que sacar mi súper antología de Poe y releer el cuento, hace tanto que lo había leído: un hombre se pasea por entre las multitudes de Londres, cada que disminuye la cantidad de personas él se pone ansioso y busca encontrarse de nuevo entre mucha gente, pero no interactúa con nadie).

El hombre de las multitudes (O Homem das Multidões, Brasil, 2013) presenta la historia de Juvenal (Paulo André), un conductor de trenes en Belo Horizonte que anda entre las multitudes; es completamente solitario; pasa entre la gente como un fantasma; parece que no puede alejarse de ella. Cuando algo en sus hábitos cambia, entra en un estado intenso de ansiedad, y parece que el hecho de interactuar con quien lo rodea no está en sus planes. Por su parte, Margô (Sílvia Lourenço), controladora de trenes y única persona que podría considerarse “amiga” de Juvenal, detesta las multitudes físicas y se la vive en los aparatos electrónicos, en casa o en el trabajo, tiene muchos amigos virtuales pero ninguno real (¿no suena eso muy Facebook?). Ambas, la de Juvenal y  Margô, son formas de tratar la soledad desde puntos completamente opuestos.

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El único inconveniente que le encuentro al filme de Cao es que hay algunas tomas demasiado largas y, al final, te quedas con la sensación de haber entrado a una película de casi tres horas cuando en realidad duró una hora con cuarenta (lo bueno es que tiene una muy buena fotografía —realizada por Ivo Lopes Araújo— y no abusa de la cámara en mano, de hecho casi todo es cámara fija con paneos, travellings y demás).

A pesar de lo extraño de la manera de presentar la historia, la película muestra una cotidianidad que a veces parece que se nos olvida, el ansia de estar entre el tumulto o no estar en ningún otro lado más que en una red virtual. Cuenta con muy buenas actuaciones y una considerable ausencia de diálogos. Es todo un reto crear y representar personajes silenciosos y solitarios.

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Cao Guimarães y Marcelo Gomes sobre El hombre de las multitudes:

La idea central del filme es la soledad del hombre contemporáneo, ciudadano de una gran metrópoli, en este caso de Brasil. “Resolvimos componer nuestros personajes relacionándolos de forma obstinada con esta especie de alteridad compacta presente en las grandes ciudades: la multitud. En el mundo actual podemos pensar en dos formas de multitud: la multitud real, que se puede encontrar en las calles, en los grupos de personas de la urbe; y la multitud virtual, mediada por una pantalla (de computadoras, teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos) que redefine toda nuestra percepción sensorial de ser-en-el-mundo. A partir de dos personajes (Juvenal y Margõ) arquetípicos de una sociedad moderna e industrial,  queremos reflexionar sobre el proceso de aislamiento del individuo y la masificación de las estructuras sociales. Las relaciones pierden naturalidad de mirar, de hablar y de escuchar, es decir, de todo lo que nos hace establecer contacto con el otro. Nuestros personajes son la encarnación radical de esta sensación. 

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