Por Iván Farías / @ivanfariasc

De la columna Negra y criminal

Mientras esperabas, la lectura normal en la peluquería de mi colonia natal eran los cómics de terror o policiacos que se amontonaban por decenas en una mesa. Extraño pero cierto, La novela policiaca, El libro rojo, entre otras. Las revistas “para grandes” las guardaba el rubicundo peluquero en un cajón, lejos de la mirada de los niños. A mí, por alguna razón me las prestaba. Una de esas revistas era el Alarma!. Es obvio que el cabrón quería joderme la vida. Y creo que lo consiguió; desde ese momento comencé a aficionarme al malsano arte de leer sobre crímenes.

Con el tiempo comprendí que esa afición era compartida por muchas otras personas en todo el país. No por nada el semanario Alarma! es una rareza en el resto del mundo. Y si bien en otras partes existe la mezcla del Eros y el Tanatos en una misma publicación, no se ha llegado al grado de que existan periódicos especializados en lo que llamamos “nota roja”, en los que mujeres desnudas compartan portada con cadáveres frescos. En otras latitudes son llamadas pomposamente como “de sucesos” y son una sección dentro de todo el diario.

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A la gente le gusta enterarse del Mal. No por nada los panfletos aclarando un crimen cercano todavía son vendidos de calle en calle, con un altavoz y un coche viejo. Y la gente se arremolina para enterarse quién fue el asesino o a quién detuvieron en el vecindario. Saber que el Mal está cerca nos produce un placer un tanto extraño, pero placer a fin de cuentas. Es el viejo Tanatos ganando la partida al más benévolo Eros.

Sitios como Escrito con Sangre (¡El website de los asesinos!), que creó y dirige el criminólogo Carlos Manuel Cruz Meza, son tan visitados porque la gente desea conocer más de ese lado oscuro, sin la necesidad de poner su vida en riesgo. Le gusta adentrarse en lo más profundo del ser humano y luego retomar el curso de su vida normal.

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Este mismo deseo tanático puede sublimarse y alcanzar cuotas de verdadero arte, como el que hace el escritor español Martín Olmos, quien publica una columna dominical desde hace más de cinco años en el diario El Correo. En su colaboración mezcla a partes iguales una amplia cultura, una pluma privilegiada y los datos necesarios para sumergirnos lo mismo en un asesinato sin mucho relieve mediático o en uno que conmocionó a toda una sociedad.

Su libro, Escrito en negro. (Una tarde con la canalla), recopila sus mejores textos y fue editado por el naciente sello ibérico Pepitas de calabaza. Tomados de la mano de Olmos recorremos épocas, ciudades, países y sí, muchos crímenes. El autor nos recuerda a Francisco Guerrero Pérez “El Chalequero”, despiadado asesino del porfiriato que destripaba mujeres cual si fuesen pescados, y que alcanzó tal fama que cuando llegaron las noticas de Jack el Destripador, la prensa mexicana le llamó “El Chalequero inglés”. Al mismo tiempo nos hace irnos al Nueva York de Norman Mailer y sus desplantes machistas que, de la mano de la bebida, protagonizaron lo mismo su campaña a alcalde de la ciudad, que una golpiza a su esposa.

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Olmos no se contenta con narrar los hechos, con aportar datos, sino que llena sus textos con un color difícil de igualar. Es innegable que un tipo así está curtido en las líneas de sangre dejadas en periódicos y revistas que las recopilan; pero también se pueden entrever sus buenas lecturas, y sus cultura universal y culterana, porque lo mismo cita a Lorca que a Orson Welles. Escrito en negro es un libro imperdible que puede leerse como un reporte criminal, como un texto de historia o un pedazo de buena literatura.

Por otro lado, esta fascinación por el Mal es también extendida a los criminales, y en específico a su habla. El Diccionario del hampa (Producciones el Salario del Miedo/Almadía, 2015) de R. Amor, y El Canerousse (Producciones el Salario del Miedo/Almadía, 2015) de J.L. Franco —editados bajo el formato flipbook, es decir los dos en un solo tomo y con portadas propias— representan un acercamiento a esta forma en que los bajos fondos miran y viven el mundo a  través de las palabras.

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Emparentados con otras obras, como el argentino Diccionario lunfardo del hampa y el delito de Raúl Tomas Escobar, y el norteamericano Diccionario del crimen, de Oliver Cyriax, El Canerousse se diferencia de ellos en un punto nodal: está escrito por alguien proveniente de los bajos fondos y no por un especialista que decide abocarse a ello. Es ahí donde radica la riqueza y el hallazgo de este libro. Un interno del Reclusorio Norte (Reno) de la Ciudad de México, decidió reunir en un tomo los términos, que de manera común, se usan al interior del penal. El resultado es un corte transversal de la llamada “maña”, y un divertimento para el lector ya que su argot está salpicado de un tono machista pero muy divertido.

Con un destacado prólogo de Sergio González Rodríguez, y presentado por Alejandro Montes, quien se ha abocado a trabajar con gente en reclusión, este libro representa todo un hallazgo.

Esperamos que a alguien se le ocurra sacar pronto un libro que explique la penetración del semanario Alarma!.

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