Por Carlos Martínez Rentería

No cabe duda que el personaje más simbólico del movimiento a favor de la despenalización de la marihuana en México, al menos durante los últimos 20 años, ha sido el activista Juan Pablo García Vallejo, quien inició sus andanzas culturales en la legendaria revista La Guillotina (1983). Fue precisamente en esa irreverente publicación en la que Juan Pablo dio a conocer su desmadrozo Manifiesto Pacheco y a partir de entonces no ha dejado de publicar decenas de artículos y varios libros independientes en torno al tema de la cultura de la marihuana y la pertinencia de su despenalización.

EL MARIHUANO EN LA NARRATIVA MEXICANA DEL SIGLO XX

Además de libros como La desconocida historia de la marihuana en México 1492-2010 y Manifiestos Cannábicos 1923-2011, Juan Pablo también es editor de la intermitente Gaceta cannábica (Publicación cultural sobre la planta amiga), cuya más reciente entrega es El marihuano en la narrativa mexicana del siglo XX (Eterno Femenino Ediciones, 2014).

Este singular ensayo incluye un prólogo del también escritor Jorge Arturo Borja, quien advierte que se podría hacer una larga lista con nombres de pintores, poetas, actores y cantantes mexicanos que han encontrado “en la grifa su fuente y motor de inspiración y que con el valor de sus obras contradicen la nefasta imagen del marihuano que permanece en el imaginario de las clases más conservadoras de la sociedad mexicana. Desde Efraín Huerta a Gabriel García Márquez y de Rita Macedo a Alberto Vázquez, muchos artistas han encontrado estímulo y recompensa en el gozo singular que proporciona el toque consuetudinario”.

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El hilo conductor de este trabajo no es precisamente el tema de las drogas o en particular el de la marihuana, sino el personaje del marihuano como una presencia siempre menospreciada por las elites culturales de todos los tiempos.

El propio García Vallejo define así la intención de su investigación sociológica: “Con este ejercicio literario-cannábico pretendemos demostrar cómo en las etapas más recientes de la literatura mexicana se asimiló o presentó al consumidor de marihuana a lo largo del siglo XX y comienzos de siglo XXI. Así, nuestro personaje marihuano, es un sujeto activo no pasivo, deteriorado y subordinado, aun cuando se presente con el estereotipo negativo, minusvalorizador y discriminante”.

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foto Neal Preston CORBIS

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Foto Alexandre Meneghini AP

Al revisar cada una de las 25 novelas elegidas por el autor para ser analizadas en el mencionado volumen se confirma la vocación automarginal y contraculturosa de García Vallejo, quien no podía dejar fuera de su recuento a autores como José Agustín, Parménides García Saldaña, William Burroughs y Federico Arana; pero también considera autores clásicos como Mariano Azuela, José Juan Tablada, Elías Nandino, y desde luego el infaltable Carlos Monsiváis. Como señalamos anteriormente, todas estas novelas tienen como común denominador a personajes cuya característica principal es su afición a la “juanita”, independientemente de su condición social o actividad profesional, como puede ser un soldado o un niño bien de la clase media.

Para dar una idea clara del iconoclasta “club del marihuana literario” que conforma García Vallejo, incluimos aquí la lista completa de libros y autores que analiza:

Los de abajo (1915) del doctor Mariano Azuela; La Resurrección de los ídolos. Novela Americana Inédita (1924) del poeta José Juan Tablada; La luciérnaga (1932) de M. Azuela; Tropa vieja. Marcha, fajina y campaña (1937) del general Francisco L. Urquizo; La feria de la vida (1937) de J.J. Tablada; Jonkey (1953) del escritor William Burroughs; En el camino (1957) de Jack Kerouac; De perfil (1966) del joven narrador José Agustín; El libro del desamor (1967) de Julián Meza; ¡El Móndrigo! (1968) de autor anónimo; Pasto verde (1969) del escritor rocanrolero Parménides García Saldaña; Chin Chin el Teporocho (1971) de Armando Ramírez; Las jiras (1973) de Federico Arana; El infierno de todos tan temido (1975) de Luis Carrión Beltrán; Amor Perdido (1977) del cronista Carlos Monsiváis; El vampiro de la colonia Roma (1978) de Luis Zapata; Entre tiras, porros y caifanes (1982) de Gonzalo Martré; Las sombras largas (1993) de J.J. Tablada; Estatua de sal (1998) del cronista Salvador Novo; Los detectives salvajes (1998) de Roberto Bolaño; La vocación insular (1999) de Hugo Valdés; Juntando mis pasos (2000) de Elías Nandino; Ella decidió  ser hippy a los 50…(2000) de Angélica Sánchez; Camada Maldita (2004) del periodista cultural Alejandro Ariceaga, y El cerco (2008) de Juan Antonio Rosado.

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Foto Milenio

Muchas son las anécdotas y reflexiones sociológicas que Juan Pablo hace en torno a cada una de estas novelas. Finalmente y como una conclusión de este trabajo señala que desde principio del siglo XX varios de los autores han demostrado el permanente fracaso del Estado mexicano en su necedad prohibicionista, pues “En cada generación literaria con un contexto socio-cultural siempre cambiante, aparecen nuevos consumidores en las novelas seleccionadas para este estudio, sin que desaparezca o se erradique a los marihuanos como han sido los deseos siempre incumplidos de la política oficial prohibicionista”.

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Debido a que este nuevo libro de García Vallejo tiene una circulación limitada, quienes quieran adquirirlo deberán solicitarlo al correo electrónico: eternofemeninoediciones@gmail.com. Se recomienda leerlo con un churrito de por medio.

 

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