Por Bernardo Barrientos Domínguez / @_trafico_

Fotos: Nacho Ponce

No seamos sectarios: la infancia es a veces un paraíso perdido.

Pero otras veces es un infierno de mierda. Mario Benedetti.

―Ayer vi una obra llamada “El niño que se comió la servilleta de su sangüich” y está bien bonita. #Cáiganle #EsDeLoMejor #HayConQuesoLaQuesadilla.

―Uy, esa obra con el niño ese que se comió la servilleta de su sangüich. Grande, Maestro, de alarido: ¡Kukúúú! #EseDramaturgoEsUnaPistola #EsosActoresSonUnaRiata #EsaDirecciónConMambo.

―N’ooombre, me sentí identificado, como que tocado, tú sabes, inspirado… De lo mejor, de lo mejorcito. #ElNiñoQueSeComióLaServilletaDeSuSándwichEsUnaChingonería.

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Está súper bonita la obra. Pos sí, como va. Ríes, gozas, la pasas chido, muestras la hilera de dientes, la comisura de los labios se tuerce al máximo, igual y te escurre una lágrima de cocodrilo; sonríes, entiendes, agarras el show, la onda y te dejas ir, sí, sedita; el tiempo vuela cuando uno no se detiene a pensar y tratar de aprehender el mundo en movimiento; sí, sí, sin tanto guaguá: el tiempo pasa muy rápido cuando te la pasas de pelos: pasa que El niño que se comió la servilleta de su sándwich es maravillosa. Pasa que su marchantita le viene re bien asegurada.

Va la sinopsis aunque no se necesita, pues su marchantita le viene re bien asegurada:

Rodrigo es el nuevo (úchale) y, para echarle más leña a la fogata, es de los que tiene un archienemigo, pese a su corta edad. Además, este se hace llamar, el terrible, NO, el horrible, NO, el sanguinario, NO: “EL DOCTOR NO”, buájajajajaja. Además, le mueve el calzón con estampado de Batman, su única amiga: Lilí; quien solía ser muy cuatacha de Flor y el Doctor No antes de conocerlo, y luego se distanció de sus amigos, y entonces se armó la de aquella: ardió Troya versión niños y se quemó Roma para niños con triángulos amorosos, carrusel de niños. ¡PUM!

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¿Y’ora qué haces, Rodrigo?

Frente al despapaye de la realidad, espérate ahí, espérate ahí, la imaginación es la mano dura, firme, la que llega a ordenar todo el desmadre. Y sí, frente a una niña que le hace sentir mariposas en el estómago, la guerra con el Doctor No y su compinche Flor (que al parecer le tiemblan las rodillitas por Rodrigo), las broncas de ser el nuevo y el comerse el sangüich con todo y servilleta, empujan a Rodrigo a resolver el mundo y sus golpes con la imaginación; fantasías con la promesa de un futuro, vuelos que pretenden alejarnos del desenfreno, las cuitas y los desazones.

Y sí, como afirma Jules Renard (1996) “¿qué es nuestra imaginación comparada con la de un niño que quiere construir un ferrocarril con espárragos?” (p. 34)

Tambor, independientemente de la imaginación, no hay que olvidar la música como reducto, templo o lugar de paz para Rodrigo (y vaya que hay un chingo de Rodrigos), un Shangri La en un mundo infantil donde la razón siempre duda, la imaginación dice “agüevo” y muchas veces la música es el medio.

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Está súper bonita la obra.

El Óscar va para Ricardo Rodríguez en Dirección y Dramaturgia.

El Óscar a mejores actrices y mejores actores va para Verónica Bravo y Teté Espinoza / Luis Eduardo Yee y Memo Villegas.

De igual forma, el Óscar en Diseño Escénico es para Elizabeth Alva; Producción: Aurelio Vargas; Gerencia: Rebeca Trejo; Diseño Gráfico: Ariel de la Torre.

Todo se lo llevan ellos: Tonys, Arieles, (sonido de vítores, aplausos y chiflidos).

El niño que se comió la servilleta de su sándwich se presenta todos los lunes a las 20:30 horas del 7 de Marzo al 25 de Abril en el Foro Shakespeare (Zamora no. 7, Colonia Condesa).

Vayan.

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BIBLIOGRAFÍA:

BENEDETTI, Pablo. 1995. Poemas de otros. México: Nueva imagen.

RENARD, Jules. (1996) Pensar no basta: Sentencias y aforismos del diario (1887 – 1910). Selec. y Trad. de José-Manuel Martos. Barcelona: Península.

Editor Yaconic

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