Por Gabriel Páramo / @lavacadiablo

Investigación. Reportaje. Nuevo periodismo. Términos que siempre nos parecen nuevos pero que no lo son, al menos, no tanto, y que van ligados a la misión fundamental de cualquier periodista: dar voz a quien carece de ella.

Con mucha frecuencia, escucho a reporteros jóvenes, entusiastas y a veces profundamente incultos e inobjetablemente soberbios, asegurar que ellos harán un periodismo revolucionario; como el que nunca antes se ha visto en el mundo… o en México, dependiendo de su exaltación.

Y cuando describen ese ideal es posible notar que por algún fenómeno extraño son mucho más viejos de los veintitantos años de edad que aparentan. Tanto que parecieran contemporáneos de John F. Kennedy o Miguel Alemán, porque del periodismo que hablan ya existe y se practica (aunque no tanto como sería ideal.) Es necesario aclarar, sin querer refrenar su entusiasmo, que lo que buscan ya se inventó.

UN JOVEN ALGO VIEJO

Debemos referirnos al nuevo periodismo; sí, pero el de verdad, ése que se inventó en Estados Unidos en los años sesenta del ya ido siglo XX, y que John Hollowell asegura se debió a los movimientos sociales que, al menos en apariencia, cimbraron a la sociedad estadunidense de la época.

Según Tom Wolfe, en 1965 Pete Hamill pidió a Seymour Krim, jefe de redacción de la revista Nugget, escribir un texto titulado “El nuevo periodismo”, sobre “gente como Gay Talese y Jimmy Breslin”. La anécdota es referida como la primera vez que se definió el término.

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Gay Talese

Se manifestaba la necesidad de un nuevo periodismo; de uno que no se limitara a cumplir las reglas del oficio sin tomar partido en la propia historia: la guerra de Vietnam, la Guerra Fría, los hippies —tanto los “buena onda”, que querían un cambio del mundo con drogas y flores, como los otros, los que preferían explorar el interior de las personas con cuchillos, como los Manson— y, sobre todo, ante esa creciente sensación de incomodidad de que algo no iba bien en el arquetípico “American dream”, como lo mostró Truman Capote en A sangre fría.

Dice Hollowell que entre las principales diferencias entre el viejo y el nuevo periodista —y que siguen valiendo ahora— se encontraba, en primer lugar, la visión de la objetividad. En el nuevo periodismo ésta no se entendía como el no tomar partido y dar el mismo espacio a todos los involucrados (muchos insisten en seguir enseñando esta concepción en las aulas o neceando en las redacciones); por contrario, el reportero no negaba su opinión y punto de vista.

In Cold Blood, Truman Capote

Hunter S. Thompson, quien se destacó indudablemente en esa variante del nuevo periodismo conocida como gonzo, aseguraba que se falta el respeto al lector cuando se pretende que el reportero no existe y que la nota se escribe de manera casi mágica. Por lo que es necesario recurrir, en muchos casos, a la primera persona, a la observación y al detalle que ilustra. En Lo que hay que tener, gran reportaje sobre los primeros astronautas de Estados Unidos, Tom Wolfe se fija —y nos avisa— que los jóvenes pilotos usan relojes más costosos que sus trajes.

LA MENTIRA DEL DATO DURO

El nuevo periodismo del que hablamos, no de ese proyecto ideado por Gabriel García Márquez y que en un alarde de falta de sentido común e ingenio, decidieron llamar “nuevo periodismo latinoamericano”, está en contra de la visión facilona y acrítica del periodismo que aún priva en muchas redacciones, y que pretende un acercamiento pulcro, maniqueo y estandarizado a la información, basado en el mal llamado “dato duro”.

Las estadísticas y las declaraciones como garantía de la verdad.

Fear and Loathing in Las Vegas, Hunter S. Thompson

El nuevo periodismo contiene una actitud crítica frente a todo, incluidas las ideas propias, así como observación, involucramiento y un lenguaje comunicador. Además, incluye un irrenunciable espíritu crítico y de solidaridad social, que lo obligan a modificar esos conceptos caducos de objetividad entendida como imparcialidad ciega en la interpretación del hecho periodístico.

Permanecer impasibles ante la explotación, la injusticia o el hambre y escudarnos en el pretexto de que sólo somos relatores objetivos e imparciales de los acontecimientos no es hacer buen periodismo.

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Annie Leibovitz

NO SE TE OCURRA MENTIR

Por supuesto, nadie dice que el nuevo periodista tenga que mentir (si lo hace no merece llevar ese nombre); más bien, debe ensuciarse las manos y ponerse del lado de la gente para ver sus problemas y compartirlos, para poder escribir sobre ellos. Los datos fríos, las cifras escuetas, de ninguna forma pueden ser garantía de fiabilidad o de verdad. Con la misma estadística se puede demostrar que las cosas están muy bien o muy mal.

La segunda característica que marca Hollowell, en su libro Realidad y ficción, el nuevo periodismo y la novela de no ficción, es que estos periodistas, desde Norman Mailer y Talese en Estados Unidos, hasta Vicente Leñero, Tomás Eloy Martínez o el mismo García Márquez en Latinoamérica, mantuvieron una actitud crítica frente a la sociedad y poca deferencia a las autoridades.

Fact and fiction, John Hallowell

Definitivamente: Nadie que pretenda ser “nuevo periodista” aceptará como válidas las sanciones de los equipos de futbol a los reporteros que hablan mal de ellos, ni esperará los boletines de la Secretaria de Comunicación Social de la Presidencia de la República para publicar algo.

Tampoco debemos olvidar que el nuevo periodismo de los años sesenta y el actual, es de investigación, larga investigación, como la que hicieron entre muchos otros, Capote, para A sangre fría; Mailer, para La canción del verdugo; Sergio Villegas, para Chile, el Estadio, o Leñero, para Asesinato. Obras que se terminaron en meses o, incluso, años de investigación.

Truman Capote

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