Por: Raúl Campos / @snarulax

Históricamente, (le pese a quien le pese) la forma en que las personas interactúan entre sí es definida, en primera, instancia por el color de su piel, por ejemplo: los blancos son los provenientes de la high society, y de café en adelante sólo hay desde ciudadanos de segunda clase hasta bellezas exóticas, tal como ha sido mi caso (sin afán de presumir) pues de ser llamado “el negro” en la primaria, ahora me detienen en la calle para cuestionarme si soy:

  1. Brasileño: estaba preguntando a la gente a inicios de año qué opinaba respecto al gasolinazo, me acerqué a una hare krishna y se sorprendió de que le hablara en español.
  2. Puertorriqueño: utilizaba un mingitorio en los baños de la redacción donde trabajo, cuando llegó un reportero de farándula y me preguntó si procedía de tal lugar.
  3. Colombiano: en una peda fresoide en la que una amiga me llevó de damo de compañía, un bato de la Anáhuac me preguntó que si era paisano de Shakira, y enseguida otro me dijo que si era colombiano por que parecía caleño.
  4. Gringo negro: cuando conocí a una querida amiga albanesa radicada en Miami, me dijo “tú no pareces mexicano, eres más like a Bronx type. La más reciente fue de cuando fui al Jumex a ver la exposición de Andy Warhol, una de las morras del museo me empezó a hablar en inglés y me preguntó si andaba acá estudiando español, le dije en un gabacho con harto acento mexicano que en efecto, solo que había venido a estudiar japonés; le enseñé mi credencial del Cenlex (donde en grande dice “japonés” y mi nombre de telenovela mexicana), aún así no me creyó y siguió hablándome en inglés.

Todo eso y más, por mi pantone mulato. Afortunadamente luzco exótico, razón por la cual jamás me han despreciado o hecho menos por mi pigmentación cutánea; no obstante, a muchas otras personas, con el mismo tono que el mío, les pasa lo contrario: han sido discriminadas de alguno u otra forma solo por la idea pendeja que existe de que lo moreno e indígena está culero y es marginal, mientras que lo blanco es sinónimo de belleza, sofisticación y modelo de aspiración. Ah, sí además de priet@ eres gay o no estás chul@, pues ya valiste verga porque te van a chingar al doble.

En Alfabeto del racismo mexicano (Malpaso 2017), el historiador Federico Navarrete hace a manera de tumba burros una lista con los prejuicios, dichos, costumbres e ideas que están vinculadas a la práctica del racismo cotidiano en nuestro país, desde decirle “la oscuridad” a tu primo hasta los comerciales  gubernamentales donde los salvadores son más “asgardianos” que Thor y los jodidos y rescatados tienen, como siempre, piel morena y camisa de manta.

***Nota del autor:

Quizá muchos digan: “¿éstas mamadas de acomplejamiento qué?”, razón por la que hago hincapié en que tanto esta entrevista, como lo contenido en el libro y lo demás escrito en este artículo son un retrato subjetivo de lo que se vive en nuestra sociedad, mismo que pretende invitar a la reflexión de lo ocurrido en la misma para poder tener una sociedad sin desigualdad ni odio. Si no les parece lo contenido en esta publicación, siéntanse libres de picarle al tache de hasta arriba a la izquierda.

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En varias de las entradas concluyes que no existe una identidad nacional como tal

En mis reflexiones sobre la pluralidad cultural en México, he estado cada vez más insatisfecho con las representaciones que se han construido sobre la identidad nacional: siempre que se intenta definir se privilegian ciertos aspectos y se niegan otros, se incluyen a unos grupos y a otros se excluyen, eso es dañino. Históricamente se han excluido a las personas de origen africano, a los inmigrantes de Asia, “chinos” les dicen mientras los generalizan de acuerdo a su raza, a los judíos y los practicantes de religiones no católicas; a los indígenas se les ha incluido de una forma subordinada, pero en el fondo siguen siendo considerados ajenos a la nación. Por ello creo que todas las definiciones de la “identidad nacional” son excluyentes y racistas, y solo por eso me parece tendríamos que rechazarlas.

Además, una experiencia común a mi generación nacida en la segunda mitad del siglo XX, es que esos símbolos de la identidad nacional mexicana tan estereotipados como el charro y el mariachi, no nos dicen nada. Yo no me identifico en lo absoluto con ellos y eso no significa que no sea mexicano. Por eso creo que hay que dejar de hablar de una identidad mexicana en singular en el siglo XXI y hay que empezar a hablar de una multitud de identidades diferentes, contradictorias, plurales y que inclusive están en conflicto. Creo que la idea de unidad nacional nunca se alcanzó y que tratar de lograrlo fue más dañino que benéfico.

Explicas que no existe la “raza de bronce” de la que tanto se habla

La idea de que los mexicanos somos mestizos es una invención ideológica de los intelectuales cercanos al estado del siglo XIX y XX, y esto no representa la realidad de la población nacional pues ésta es mucho más variada y plural. Además, es una idea profundamente racista porque define nuestra identidad en términos raciales. Una de las razonas por las que debemos dejar de creer en la raza de bronce es para dejar de ser racistas.

¿Eso permitirá que se deje atrás el whiteness?

Una de las cosas más contradictorias de la “identidad nacional mexicana”, y que se ha hecho más fuerte y evidente en los últimos 30 años, es que en México el mestizo nunca quiso ser realmente mestizo, siempre aspiró a hacerse blanco, y que el ideal de la civilización, la riqueza, el poder, el glamour y la belleza están asociados con la blancura y el ideal internacional europeo. El mestizo siempre se subordinó a esto y por eso mismos se creó un racismo brutal entre ellos que colocaba en la parte de arriba a los más claros y en la inferior a los morenos.

Por eso el término “güero” es usado como superlativo

Sí, en nuestra sociedad asociamos la blancura con todo lo bueno, entonces decir que una persona es blanca es una forma de alagarlo. El término “güero” es una encarnación cotidiana de eso; todos somos llamados güeros independientemente de nuestro color de piel en una situación social en la que tenemos una posición de privilegio relativo: somos los clientes que van a comprar en el mercado, los que van a dar la propina en la calle, etcétera.

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¿Qué opinas del dicho que versa que los mexicanos no somos racistas sino clasistas?

Que son las dos cosas, no estoy de acuerdo en que se traten de separar. Históricamente, desde el siglo XIX, las clases sociales y el origen continental han estado vinculadas, siempre los blancos europeos hasta arriba, los indios abajo, los africanos en el fondo, y los chinos y judíos afuera. Siempre la “clase”  ha sido leída como “raza”, por lo tanto los términos como “güero” y “naco” tienen referencia racial pues naco es asociado con alguien de procedencia indígena, estrato económico inferior y una cultura supuestamente menos sofisticada, entre otras cosas. Por ello es inútil hacer la separación entre racismo y clasismo pues en la práctica están mezclados y son parte de lo mismo.

¿Cómo definirías la Pigmentocracia?

Es la manera en que los mestizos se han estratificado en función de su color de piel. Esta asociación que tenemos de ser blanco implica tener mejor posición social y estar moreno con ser más pobre, ha generado un sistema, una pirámide del color de la piel entre los mestizos en cuya cima están los más “claritos”. A mí no me convence el término “pigmentocracia” porque no creo que esta distinción en el color de piel sea la base de la desigualdad, sino que esta tiene fundamentos económicos y sociales que no solo pasan por el color de piel, pero que esta es una expresión de ellas y a su vez la hacen más grande.

¿Qué hay del paternalismo/maternalismo que se tiene con los indígenas?

La idealización de los pueblos indígenas tiene algo de positivo y bien intencionado, pero también es peligrosa porque finalmente les niega su capacidad de cambio, los quiere mantener aparte de la sociedad y creo que lo que los indígenas han demandado en sus movimientos es justamente poder participar en la sociedad mexicana, modernizarse y beneficiarse del “progreso” sin dejar  de lado sus raíces o de ser indígenas.

En la versión web del alfabeto incluyes entradas de figuras como Octavio Paz, en el libro no

Tanto los editores de Malpaso como yo vimos que eso funcionaba en la web pero no en lo impreso, concluimos que era más importante debatir las ideas. A mi no me interesa si Octavio Paz era racista o no, me interesa que sus textos pueden ser interpretados como racistas y, sobre todo, que han sido recibidos por la sociedad mexicana para confirmar sus prejuicios racistas. Creo que en el fondo es más importante hablar de el personaje de la Malinche y la forma en que Paz la agrede de una manera brutal y menosprecia sin ningún tipo de tolerancia. Por eso la entrada que en la web era “Octavio Paz” ahora es “Malinche”.

¿Por qué la ataca tanto? Pareciera que la odiara

Una de las razones para dejar atrás la ideología del mestizaje es que ésta es patriarcal y basada en una imaginaria superioridad de los varones sobre las mujeres. La manera en que Octavio Paz brutalmente la menosprecia es una demostración de esa dimensión patriarcal del mestizaje. Es una cuestión de misoginia y de desprecio profundo hacia las mujeres y lo que ellas implican.

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Tu libro es muy crítico con los intelectuales “consagrados”

Sí, porque han ejercido un poder sobre la sociedad mexicana basada en una serie de prejuicios y de unas fantasías de superioridad que no se sostienen. Por eso digo que una de las cosas que han pasado recientemente es que antes ellos disfrutaban privilegios por ser los únicos en tener acceso a los medios impresos y por publicar en ellos, lo que les confirmaba que ellos eran la única gente decente de este país y los que merecían hablar; y que ahora las redes sociales han abierto el debate a todos, y esto hace que los intelectuales tengan que competir con ellos. Por eso muchos de ellos han denostado estos medios, los ven como una amenaza a sus privilegios.

¿Qué opinas de la frase: “no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre”?

Es una frase profundamente racista porque es pensar que los indios son tontos y que siempre son manipulados por alguien más inteligente que ellos; e implica, por un lado, que el indio es inocente por lo que no puede actuar solo, y por el otro, suponer que toda la política en México es engaño y manipulación, lo cual es una tradición añeja del priismo que debemos superar.

Y ¿Por qué se ha dado un boom de la llamada “corrección política” cuando siempre se burlaban del negro, el chino, del gay y lo demás?

Afortunadamente en México hay cada vez más conciencia de que el humor racista, sexitsa y homofóbico es ofensivo y que no debe practicarse irreflexivamente, eso es algo positivo. Los que están en contra de este cambio de actitud lo llaman “corrección política”. Decir que algo es correcto políticamente es devaluarlo, por ello no estoy de acuerdo en utilizar ese término. Y también es importante que nos demos cuenta que burlarnos de las mujeres, gays, indios, negros, etcétera, no es chistoso, porque, en el fondo, quien se burla de ellos es un varón blanco heterosexual que se siente superior, y ese sentimiento es patético pues es de un pobre acomplejado que le tiene miedo a quienes son diferentes a él. No digo que hay que censurar estos chistes, solo darnos cuenta de que no dan gracia y que hay que buscar nuevas formas de humor que no sirvan para mantener las jerarquías sociales e incite la violencia.

Editor Yaconic

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