Por Nacho Hipólito / @j.ignacio

Con sólo tres ediciones, el festival estadunidense Day for Night ya es catalogado como “el futuro de los festivales” o “el mejor festival contemporáneo del mundo”. Se trata de un evento que se lleva a cabo en un edificio abandonado en el centro de Houston, Texas. Dos días propuestas de arte digital y música conviven como una sola expresión. De hecho, ese es su slogan: “Where music and art collide”.

A finales de 2016 Day for Night llegó a los oídos y ojos de todo el mundo. No tanto por su propuesta híbrida, sino por un nombre en su cartel que destacaba entre todo: Aphex Twin. El legendario productor y pionero de la música electrónica, nacido como Richard D. James, estaba a la cabeza del line-up y después de una ausencia de casi 10 años de los escenarios estadunidenses su presentación era un suceso, literalmente, “increíble”.

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A principios del 2000, Aphex Twin dejó los reflectores y se fue a vivir a una isla en Escocia. Si bien nunca dejó de producir y se presentaba esporádicamente alrededor del mundo, el DJ perdió el interés por su audiencia y todo lo que tuviera que ver con la industria. Eso incluía ganar dinero por sus presentaciones en vivo. Pero 16 años después la leyenda saldría de las sombras y aterrizaría en el Day for Night.

El 17 de diciembre marcaría el regreso de Richard D. James al continente americano. Y como cualquier otro evento histórico relevante, estaría plagado de sucesos que superarían la ficción.

Houston tenía un clima bochornoso. El calor, húmedo, era insoportable. El sudor era un lugar común y la ropa reveladora parecía casi una obligación tanto para hombres como mujeres. Había cientos de máscaras con la inconfundible cara de Richard, miles de playeras con su logo alienígena y una expectativa que llevó a muchos a esperar más de ocho horas parados frente al escenario en el que se presentaría.

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Chelsea Wolfe, Thundercat, Banks, The Jesus and Mary Chain, Blood Orange, Odesza, Tycho, John Carpenter y Run the Jewels fueron solo algunos de los artistas del primer día del festival que fueron opacados por la presencia de Aphex Twin.

A las 10 de la noche el escenario principal estaba a reventar. Un mar de gente esperaba ver la icónica cara del productor, y unos minutos después del horario estipulado, Richard D. James salió al escenario. Pero nadie lo podía ver. El DJ se escondió detrás de tres pantallas gigantes que emanaban imágenes que le podrían haber dado una epilepsia a cualquiera.

Los fotógrafos al frente del pit batallaban por tomar una foto de Aphex, mientras que la audiencia perdía el control de sus sentidos con su música. A los lados del escenario estaban muchos de los artistas que formaban parte del cartel: Thundercat se veía hipnotizado, Banks grababa videos para sus redes sociales mientras bailaba y los dos chicos de Odesza parecían dos niños chiquitos esperando a Santa Claus. Más allá, Björk no paraba de mover su cabeza de un lugar para el otro.

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No importó que de las 36 canciones en el set de Aphex Twin solo dos fueran suyas. La audiencia estaba enganchada con los parpadeos audiovisuales.

Un parpadeo y había un mapa de Houston; otro parpadeo y estaba el logo de Aphex Twin; otro y aparecía la ominosa cara de Richard; otro más y unos lásers verdes se movían por los cielos.

En las noticias de esa mañana se avisó que llegaría un frente frío a Houston; pero juzgando por el clima que había imperado durante el día, la predicción climática parecía improbable. “No seas incrédulo, sino creyente”, dice el pasaje Juan 20: 27 de la Biblia.

Después de unas 10 canciones, el frente frío dejó atónitos a todos los incrédulos, y al igual que cuando el apóstol Tomás dudó de que Jesús había regresado a la vida, muchos se arrepintieron. Pero no por perder su fe en los pronósticos meteorológicos, sino por no haber llevado un paraguas o una chamarra rompe-vientos.

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El frente frío no llegó solo. Mientras Aphex Twin hacía remixes de Andy Stott, Heorge Garrison, Qebrus y Der Zyklus, una tempestuosa lluvia azotó al festival. Pero ni el frío ni el agua detuvieron la música, mucho menos el entusiasmo; al contrario, la lluvia fungió como catarsis y liberó toda la energía que aún estaba enclaustrada en los asistentes.

Hubo playeras volando por los aires, gente flotando en las manos de otros, inclusive empujones y mosh pits. Se formaron círculos de baile en los que las luces fluorescentes brillaban en contraste con la lluvia. Y Richard D. James ni siquiera había tocado la mitad de su set.

Hubo dos sorpresas más; las únicas canciones originales de Aphex Twin, “Hedphelym”, del Selected Ambient Works 85-92 y “Polynomial-C” del EP Xylem Tube, fueron recibidas con ovaciones que ensordecieronlas bocinas por un par de segundos.

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La lluvia paró, y como si Aphex Twin hubiera programado el clima en conjunto con su show, sus canciones se volvieron mucho más agresivas, para que el baile matara al frío.

Todo terminó con un remix de Dom & Roland, uno que dejó a todos con la energía suficiente como para aguantar otro día lleno de propuestas de música y arte digital.

Al terminar su set, las pantallas se llenaron con imágenes de Richard queriendo dar un beso. La gente no paraba de gritar, lo que obligó a Aphex a salir de su escondite de tres pantallas y le agradeciera a la audiencia con dos pulgares arriba.

Editor Yaconic

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Revista de arte y cultura

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