ENTREVISTA A SERGIO GONZÁLEZ RODRÍGUEZ

Por Eduardo H.G. / @eduardoachege
Fotos: María Fernanda Muñoz

El decomiso de dinero más grande hecho en la historia mundial, trivializado —y reducido— en los medios de comunicación con la tristemente célebre frase de “Copelas o cuello”; una mansión en las Lomas de Chapultepec; una historia que lo mismo tiene como protagonista al político panista Javier Lozano Alarcón —actualmente senador—, que al ex presidente Felipe Calderón, al PAN, a la DEA, la Interpol, la PGR y la AFI (hoy extinta); una cadena de asesinatos; la geopolítica estadunidense y china al descubierto; la guerra contra el narcotráfico. “Un paisaje de época”.

El escritor y periodista Sergio González Rodríguez devela en El robo del siglo (Grijalbo, 2015) la trama de poder en torno al decomiso de 205 millones de dólares que las autoridades realizaron al empresario farmacéutico chino Zhenli Ye Gon, el 15 de marzo de 2007 en la Ciudad de México. Investigado y vigilado por la DEA desde 2005 debido a los envíos de sustancias sospechosas —como la efedrina, base de la metanfetamina— que sus empresas recibían de China e India, Zhenli operaba en México con la protección de políticos, militares y policías corruptos.

Sergio González Rodríguez

Las pesquisas abiertas luego de decomisos de efedrina realizados en puertos de Michoacán y Colima a las empresas de Zhenli, llevaron al “gran golpe” en la casa de las Lomas, donde se encontraron más de dos toneladas de billetes de 100 dólares en un compartimento secreto en la planta alta de la mansión. Días después, desde Estados Unidos, Ye Gon, entonces de 44 años, señalaría que el PAN lo había amenazado de muerte un año antes si no guardaba ese dinero, que sería destinado presuntamente a la campaña presidencial de Felipe Calderón.

En El robo del siglo Sergio González Rodríguez reconstruye este caso bajo la forma de una novela sin ficción: “La novela sin ficción investiga, presenta, explica e interpreta los hechos, describe, documenta, amplía la información, recrea la atmosfera y, sobre todo, refleja la trama de éstos (imita acciones al disponer de lo acontecido), a la vez que muestra la inteligencia o compresión detrás de la propia trama: las energías, las fuerzas, las presiones, las tensiones y los intereses sociopolítcios y económicos que hay de por medio en los hechos noticiosos, y que por lo general están encubiertos en la misma noticia”, asegura la advertencia del volumen de 150 páginas.

A propósito de la publicación, buscamos a Sergio para charlar sobre su novela. Un día soleado lo encontramos en la Librería “Rosario Castellanos” del Fondo de Cultura Económica, en la colonia Condesa, donde ocurre la entrevista…

Has investigado la corrupción política y el crimen en tus obras Huesos en el desierto (Anagrama, 2002), El hombre sin cabeza (Anagrama, 2009) y Campo de guerra (Anagrama, 2014), ¿en qué momento decides llevar el caso de Zhenli Ye Gon a un nuevo libro?

Tenía una curiosidad por el tema desde que en 2007 vi, vimos, todas esas imágenes, verdaderamente notorias, sobre la cantidad de dinero decomisado en aquella casa. Dije: bueno, pues me parece muy interesante todo eso. Inmediatamente el caso fue trivializado a partir de la frase “Copelas o cuello”, y las preguntas que surgieron nunca se respondieron cabalmente. Años después quise recuperar esa historia en toda su trama. De ahí la propuesta de elegir una novela sin ficción, para que ésta tratara de aportar más elementos de los que teníamos en ese momento.

Afirmas en el inicio del volumen que en este caso la literatura extiende su dominio a la esfera política. ¿Elegiste el formato de novela sin ficción por las características del caso, por una inquietud intelectual de tu parte…?

Desde luego el elemento primordial es el caso mismo. El reportaje en sí nos habría dado una relación de hechos acontecidos; pero cuando éstos no son suficientemente esclarecidos no se tiene un panorama integral, que se requiere en este tipo de casos extremos. Por eso elegí el formato de novela sin ficción. Ésta se refiere a un hecho real, condición o situación, que parece fantástico, ficticio, de acuerdo a la definición que nos da el diccionario de la RAE. Y, al hacerlo de esta manera, tenemos la posibilidad de entrar en la trama del poder, que es lo más importante.

El robo del siglo nos muestra toda una red de contactos alrededor del empresario chino, que van desde autoridades de bajo rango hasta la esfera presidencial. ¿Cómo se sitúa este entramado frente al mismo Zhenli?

Tengo la impresión de que ésa es la parte en la que las autoridades, sobre todo, nos deben una explicación. Porque el caso no se investigó lo suficiente. Cuando vemos la información que fue hecha pública de Zhenli entramos a una zona de preguntas. Yo quería tratar de poner todos estos hechos de modo entramado para que se resaltara la carencia informativa originada por la incapacidad de la propia autoridad.

Lo que se puede hacer a partir de la información disponible: documentos, información pública, datos proporcionados por contactos, etcétera, es aproximarnos a cómo se articula la trama del poder que vinculó a Zhenli con personajes de la política. En su declaración, él menciona que tenía inversionistas, y nunca supimos quiénes eran; afirma que por razones de su trabajo tenía relaciones con personas de alto nivel y justamente algunos de ellos, al parecer, le dieron credenciales vinculadas honorariamente a partidos políticos.

Observamos que la trayectoria del personaje es muy peculiar; cómo se vincula a esta clase política a partir de negocios, comisiones, contratos, inversiones… Hay que recordar que Zhenli llega sin un centavo a México y de pronto cambia su personalidad; entró en un mundo de alto nivel. Por ejemplo, fue integrante de la sociedad de padres de familia de la escuela de sus hijos, el Colegio Irlandés, y ésta lo convocaba a reuniones en las que esos padres departían entre ellos. Esto es muy interesante porque te das cuenta que él entra por el nivel más alto. Y es ahí donde se construye esa trama del poder que trato de dilucidar con la información disponible.

Zhenli tenía credenciales de senador honorario del PRI…

Exacto. Y obviamente en el momento del escándalo todo mundo lo niega: “No lo conozco”, “no sé quién es”. Las autoridades no nos informan de los personajes que Zhenli menciona, lo cual me parece muy grave. Nunca tuvimos la información; el caso se trivializó, quedó en una frase, en el humorismo. Ahora la gente dice claro, fue un montaje de esa época. Y desde luego, pero lo que trato de recuperar es precisamente es ese tejido para que podamos entrever y hacer preguntas. Por ejemplo: sobre la falta de transparencia de las autoridades ante un caso límite, considerado históricamente el decomiso más grande de dinero jamás hecho en ningún país.

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Se habló oficialmente de 205 millones de dólares y tu libro nos muestra que el gobierno mexicano utilizó una artimaña legal para quedarse con ese dinero.

Esa es mi opinión. Yo creo que el gobierno actuó equivocadamente porque pasó por encima de principios constitucionales. Ninguna autoridad puede desposeer a un particular de sus bienes sin mediar un juicio. En este aspecto entramos en problemas. Ellos crearon una trama burocrático-administrativa con cierto legalismo alrededor, que rompió con la cultura de las normas constitucionales. Todo se da como un hecho valido. El gobierno viola la Constitución para apoderarse del dinero de Zhenli Ye Gon. Ésa es mi propuesta; lo argumento en el libro; presento información interesante sobre el caso. Y seguimos esperando ese juicio. Zhenli está en trance de ser extraditado a México desde Estados Unidos, pero no lo sabemos todavía.

La detención de Zhenli y su caso, dices, es una de las primeras pruebas que enfrentó el gobierno mexicano después de firmar el acuerdo de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) con Estados Unidos, en 2007. ¿Cómo nos encontramos actualmente con respecto a ese pacto?

Fíjate que es el episodio más grave para la historia contemporánea de México. De muchas décadas. El gobierno firmó el ASPAN por un mandato ejecutivo. Fue una decisión de Vicente Fox Quesada como presidente. Este acuerdo, según lo que dice la Constitución, tendría que haber pasado por el Senado, pero no fue así. En ese caso también vemos una situación en la que se violan normas constitucionales. El ASPAN quedó como un acuerdo ejecutivo entre los dos países.

México se adscribe al Comando Norte de los Estados Unidos (NorthCom) y tiempo después se desata la guerra contra el narco. Y estamos viviendo las secuelas. Es gravísimo porque la soberanía del país está en entredicho con el pretexto de la persecución de narcotraficantes. Ahora la figura del narcotraficante, de acuerdo a la doctrina militar y diplomática de Estados Unidos, es cada vez más equiparable a la del terrorista. Entonces, por ejemplo, lo que vamos a ver en Jalisco [luego de que un comando derribó un helicóptero militar] es una “persecución a terroristas”, cuando este estatus es de la seguridad nacional estadunidense. México tiene sus criterios o debería de tenerlos, sin embargo, al haber firmado el ASPAN vemos que no se da así.

¿La firma de esta alianza fue la puerta de entrada a esta política belicista para…?

Acabar con la soberanía de México. Ese es el gran tema de fondo. Como lo he tratado en Campo de guerra, y como lo mencionó en El robo del siglo, el gran problema de México es haber perdido sus principios constitucionales, su defensa de la soberanía de Estado-nación frente a Estados Unidos.

Hablas también del concepto de “Estado a-legal”, que ya habías planteado en Campo de guerra, y te refieres la dicotomía de apariencia y crimen en un Estado como el de México.

Sí. Considero muy peligroso que los Estados tengan un pie fuera de la legalidad y otro dentro, porque entonces funcionan por disfuncionalidades, valga la paradoja.

Y es en esta condición de Estado a-legal que vemos decisiones muy graves como, por ejemplo —te doy otro caso aparte de la soberanía, aparte del ASPAN, aparte los dineros decomisados a Zhenli Ye Gon—, el caso de estado de excepción en Michoacán. Se nombró a comisionado [Alfredo Castillo, en 2014] de seguridad que pasó por encima de los poderes del estado. Durante un año fue, como se dijo públicamente, el “virrey”. No hubo un estatus constitucional, fue un mandato ejecutivo, del presidente. Se le envió supuestamente para arreglar los asuntos de violencia e inseguridad y a la postre qué tuvimos: que se detuvieron a algunos líderes del narco, pero ese negocio continúa. El secuestro, la extorsión, la inseguridad y la violencia también.

En uno de los últimos capítulos del libro construyes un perfil de Zhenli a partir de su declaración testimonial y aludes al escritor argentino Ricardo Piglia cuando dices que “el secreto del secreto es el secreto”; es decir, hay un metarrelato en esta historia que no se está contando.

La historia que no se está contando, a mi juicio, es realmente qué sucedió. Como todas las personas que declaran asuntos públicos, Zhenli quiso dar su versión. Si se lee su carta testimonial, se observa que hay una parte muy clara y otra de sombra. Es a lo que me refiero.

Ricardo Piglia dice, en su teoría del cuento, que éste lo que hace es presentar una historia que a su vez contiene otra. Y esa otra historia es la que no nos está contando Zhenli Ye Gon. Sólo nos relata una parte de la película. Me permití aludir a Ricardo, porque cuando analizamos el relato desde el punto de vista de la perspectiva criminalística hay algo que tiene de verdad y otra parte que obviamente está oculta.

Y sobre la cual, afirmas, es difícil que se conozca completamente la verdad…

Sí. Es muy complicado porque las autoridades hicieron todo lo posible para borrar los hechos. No hay que olvidar que muchos de los involucrados fueron asesinados. Es muy grave. Los protagonistas cercanos al decomiso están todos muertos; fueron ejecutados. Y, por otro lado, tenemos el problema de los policías que secuestraron y extorsionaron previamente a Zhenli, un episodio oscuro porque eran policías que dependían del “jefe” que ordenó toda la tarea. Es muy interesante el caso por las oscuridades. La información disponible es la que nos indica esto, pero hay muchos indicios de que la autoridad nunca investigó el caso de fondo.

Finalmente, parecer ser que esa no-investigación fue deliberada porque también se exhibe a los altos niveles políticos no sólo de México sino de Estados Unidos…

Exactamente, también allá. Es un “negocio” (llamémosle así, negocio, entre comillas) que empezó cuando el gobierno estadunidense llama la atención a México sobre la existencia de una conexión china que, supuestamente, encabezaba Zhenli.

Se presentan intereses de índole geopolítico no sólo de México y Estados Unidos sino de China. En el libro analizo un caso comparativo de una especie de doble de Zhenli en España, el ciudadano chino Gao Ping, quien fue funcionario del gobierno de su país, vinculado a una región, y actuaba con el mismo modus operandi que Zhenli. Gao era un empresario vinculado al arte y la cultura en España, que en 2012 fue detenido y señalado como jefe de una red del crimen organizado, de blanqueo de dinero, corrupción, evasión fiscal, etcétera. Y en México nada de eso se investigó.

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Como decías al principio, los medios de comunicación jugaron un papel, el asunto se trivializó con la frase de Zhenli de “Copelas o cuello”, además de que se le enjuició mediáticamente.

Lo menciono: mi interés, sobre todo, es llamar la atención al público, a los posibles lectores, sobre cómo la versión oficial es una carente de credibilidad e información sustancial. Me explico: los grandes medios, sobre todo los electrónicos, dan una enorme atención mediática —y hasta transmediática porque pasa al ámbito de redes sociales e internet— al punto de vista del gobierno. Queman el tema, lo ridiculizan y caricaturizan antes de que la gente tenga capacidad de preguntar. El caso se volvió anecdótico, hubo corridos, caricaturas, etcétera, cuando existe un trasfondo muy grave que no se informó. He ahí el papel de la versión oficial, una manipulación informativa bajo la que vivimos permanentemente.

Luigi Ferrajoli, el gran jurista italiano, designó este fenómeno en su idea de los poderes salvajes: tenemos al poder privado, a los intereses políticos y a los medios masivos de comunicación de gran impacto. Un poder de facto; salvaje.

Regresas, constantemente, a la importancia del hecho. Abres el libro incluso con un epígrafe de Cicerón (Res ipsa loquitur, “La cosa habla por sí misma”) y en la parte final refieres a un funcionario federal anónimo que te dice: “aquí están los hechos, el gobierno lo que quería hacer era quedarse con el dinero”. ¿Cuál es la importancia del hecho en la construcción de una novela sin ficción como ésta?

Creo que el hecho es el eje, el centro, del que surge todo el tejido que me interesa reunir. La consideración de los hechos es algo que tiende a desestimarse. Sobre todo en el ámbito de la reflexión, porque creemos que la versión oficial es válida cuando en realidad, si se analizan los hechos, no existen posibilidades de lo que realmente aconteció sea así. Lo vemos muy claramente en el caso de la masacre de Iguala. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con su grupo de expertos, señaló que hay líneas de investigación pendientes en ese caso; es decir, es un expediente incompleto, insatisfactorio, inconsistente y con algunas contradicciones.

En México no se investiga. Los casos se resuelven desde un escritorio; sobre todo los casos límites. ¿Por qué no se investiga? Esto es real, no es mi opinión: porque en la mayor parte de los delitos que llegan a ser castigados —en un país con una impunidad de 98 o 99%— se detuvo en flagrancia a los criminales, no hubo investigación.

Es en el enlace entre policía y ministerio público que está el gran reto, el gran desafío, para desarrollar una cultura de la investigación. Todo se resuelve de escritorio y háganle como quieran. Pasó con los feminicidios en Ciudad Juárez, por ejemplo. Es lo mismo, no ha cambiado. Por eso es importante recuperar el valor de los hechos. La versión de lo realmente acontecido, que es una noción jurídica. Tratar de recuperar el conjunto de elementos es una tarea que corresponde, sobre todo, a la institución judicial, pero también a la cultura de la investigación periodística. Tenemos que recuperar un poco ese conocimiento del Derecho, de la seguridad pública, de la reforma penal, de las normas constitucionales, para reubicar entonces la propia investigación.

De pronto se habla mucho en el gremio periodístico del tema de la ética. A mí, cuando me preguntan al respecto, les digo que mi ética se llama Constitución. Ahí está todo, no necesitas ningún manual. Si se cumplen las leyes derivadas de esa Carta Magna, se enfrenta el tema, pero nadie lo quiere hacer. Sabes qué hacen los medios cuando les hablan de su responsabilidad social, por ejemplo en el caso del despido de la periodista Carmen Aristegui, dicen no, nosotros tenemos un manual de ética y nuestros principios de propiedad e inversión privada. Y no: todos los medios del espectro, por ley, son concesionarios o permisionarios. Hay un interés público. El principio básico de eso es la Constitución; pero nadie la quiere cumplir.

Tenemos todos estos casos a los que se les da un carpetazo, como dices, y aparentemente se olvidan. Sobre esto: ¿hay una apuesta de este tipo de investigaciones periodísticas construidas con una trama novelesca?

Creo que hay muchos pendientes sobre los que las autoridades nunca nos explican. Por ejemplo, en España puede ser un éxito Anatomía de un instante (2009), de Javier Cercas, un libro que trata sobre algo que aconteció antes de que tú nacieras, un golpe de Estado fallido en 1981; sin embargo, ahí está el interés de saber qué pasó realmente. En México tal parece que nos conformamos con que “bueno, okey, ya hubo matanza en Apatzingán, tiraron un helicóptero en Jalisco, qué más viene”, en lugar de dar un poco con la memoria y preguntar.

Por desgracia, la versión oficial siempre juega con eso; apuesta al olvido, al aburrimiento, a la indiferencia de la gente. Qué pena.

Has afirmado antes que una de las posibles rutas de salida ante este panorama adverso es la apuesta por la cultura, por el arte. ¿Es así?

Lo que pasa es que mira, básicamente, la violencia es un tema que se suele ver desde el punto de vista criminológico. Qué pasa en la política criminal para acabar con la violencia, dicen tráeme más armas, metemos al ejército en tareas de gendarmería (algo que está contra la Constitución) o hacemos penas más fuertes, más penalidad para los criminales, el secuestro, nombre, le podemos poner 60 años más. Y todo eso es un procedimiento equivocado porque el esfuerzo de la sociedad y del gobierno, sobre todo, tendría que estar enfocado en una visión más productiva: generación de empleo, reducción de la desigualdad, la pobreza, abrir posibilidades de desarrollo, campañas de prevención para los toxicómanos, etcétera. Pero el dinero se gasta en más armas, más capacitación militar. En los recientes años se ha capacitado a nueve mil militares por parte de Estados Unidos. Es una locura que tiene que ver con el ASPAN. En lugar de defender los intereses de seguridad nacional de México se defienden los de Estados Unidos, y parece que ellos dicen “que se mueran de hambre y se maten entre ellos”. Y nadie en la clase política lo cuestiona.

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