Por Mixar López / @nomenclatura

Una charla con Novedades Carminha, esos amigos gallegos inseparables de punk, letras ásperas y mucho ruidito bailable, me llevaron a Joe Crepúsculo, “El trovador techno”. Había escuchado hace un par de años su Escuela de zebras (2008), “Un álbum con melodías ligeras y fáciles”, como apuntaría el mismo Crepúsculo. Ese disco, pegajoso y adictivo, me hizo volcarme a una vorágine de anarquía, metafísica y baile. Recordé aquello y accedí de inmediato buscar a Joe.

Joe Crepúsculo es un artista como pocos. Sus letras, nihilistas, hedonistas, nos recuerdan que estamos vivos y que mientras existan pistas de baile todo estará bien. Porque el bailar, como decía el filosofo Roger Garaudy, autor de Le procès de la liberté (1998), “significa, ante todo, establecer un vínculo activo entre el hombre y la biósfera. Es el primer conocimiento sintético y estético del mundo; inmediatamente anterior al concepto y la palabra”. Estos términos podrían definir también Joe.

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Crepúsculo nació en 1981 en San Juan Despí, Barcelona. Letrista desenfadado, creador de ritmos sincopados y candentes que ponen a sudar y a bailar con un background ideológico y decadente, ha editado seis discos, incluyendo su más reciente Nuevos misterios (2015), una placa de electro-pop y flamenco-techno con letras profundas y a la vez sencillas. El disco fue lanzado por El Volcán y editado por el álter ego de Joe, un tal Joël Iriarte, licenciado en filosofía, estudioso de la alquimia, el hermetismo y la Tabla de Esmeralda de Hermes Trismegisto. Conversé con él en una ventana de chat y esto fue lo que me comentó acerca de su música y su Corpus hermeticum.

Desde 2008 has creado todo un movimiento alrededor del surf, el rock, el punk y la electrónica. Parecen pocos años, pero han sido suficientes para crear una legión. ¿Cómo ha sido la travesía?, ¿ha cambiado tu forma de crear música?

La verdad es que no han pasado ni diez años desde que se editó mi primer disco, Escuela de zebras, y ya van siete producciones. Ahora estoy terminando la octava. Han sido unos años en los que he tocado mucho en directo y he ido aprendiendo a producir mejor mi música. Al principio tal vez grababa un poco despreocupado y la primera toma siempre servía. Conforme han pasado los discos me he vuelto más exigente y eso puede que haga mi música menos directa, pero sí he creado una estructura compacta sobre la que construyo lo que me gusta. Creo que me faltan muchas cosas por pulir y aprender y eso hace que siempre esté en constante construcción de mí mismo.

¿Qué recuerdas de los días en las aulas de la universidad?, ¿cuál es tu corriente filosófica favorita?

Recuerdo que era un momento de mi vida precioso. Estaba estudiando algo que realmente me apetecía y lo disfrutaba, aún sabiendo que el futuro laboral era apenas inexistente. También conocí mucha gente diferente y fascinante. Y leía muchísimo. Me encantaba la filosofía medieval y la filosofía antigua, en especial los presocráticos y todo lo que tiene que ver con la tragedia griega ática. Luego, extrañamente , giré hacia el lado opuesto y me dio por la filosofía de la historia de la ciencia y tal.

¿Por qué crear punk en un lugar como San Juan Despí?

Sant Joan Despí es el pueblo donde nací y me crié. Allí coincidí en el instituto con Daniel Granados y formamos Tarántula, a la que también se unió Vincent Leone, que era ya cantante de Joder Around, grupo del pueblo en el que también militaba Daniel Flamaradas. Antes ya habíamos estado trasteando con el rock surf con la banda Beach-lamar, en la que tocaba la batería el Pony Boy. Éramos muy inquietos y teníamos muchas ganas de hacer cosas. Y desde Sant Joan Despí en el Baix Llobregat (el suroeste de Barcelona) ensayábamos y tramamos nuestro asunto musical. Fue una época maravillosa; empezamos a ver cómo la música podía llevarnos a otras ciudades donde tocar. Aquello era muy ilusionador para nosotros.

Escribiste una sintonía para Podemos, el partido político español de izquierdas, fundado en enero de 2014 por Pablo Iglesias. ¿Cómo fue esa experiencia?

Pues ellos me pidieron una sintonía para abrir los actos para las elecciones autonómicas y municipales de 2015. Después de darle muchas vueltas decidí crear algo muy melódico que empezase con un ritmo muy constante pero que tuviera que ver con mi música y con ese tipo de melodías que suelo hacer. Creo que la pusieron en esas elecciones pero a Pablo Iglesias no le gustó, así que no la han vuelto a usar más. Yo lo hice con mucha ilusión y me alegra haber contribuido en ese momento.

A veces, cuando escribes un libro, pones epígrafes, más para no sentirte tan solo que para sintetizar o ilustrar la idea general. En Nuevos misterios haces lo mismo rodeándote de gente como Tomasito, Las Negris, Soleá Morente, La Bien Querida, La Prohibida y Supremme de Luxe. Eso, al mismo tiempo, es como prologar las canciones, hacerte acompañar. Háblanos de todas estas colaboraciones.

En este caso, con ese disco, me apetecía que estuvieran ahí artistas a los que admiro, que son amigos y darle ese empaque. Creo que todas las colaboraciones aportan un punto muy importante y destellante y hacen que el disco y las canciones toman una fuerza y una dirección diferente y más mágica. Pero, sobre todo, lo que más alegría me da es compartir con ellos mis canciones.

Cada uno de tus trabajos previos los has editado con un sello distinto. ¿Eres un problemático o tan solo eres un “culo inquieto”?

No soy problemático ni “culo-inquieto”. Todos esos cambios han sido por circunstancias diferentes. Ahora estoy con El Volcán y no pienso moverme ya.

De Nuevos misterios has dicho: “No he querido hacer menos letras, aunque sí que en algunas canciones ha primado más el aspecto musical”. Yo escucho las letras más literarias, mucho más retóricas. ¿Qué autores te estuvieron acompañando, qué estabas leyendo cuando hacías el disco?

Pues en ese momento estuve leyendo muchísimo a René Guénon, un simbolista francés, que creo que al final ha tenido bastante que ver con todo esto. Pero también estuve leyendo mucho sobre los misterios eleusinos y tal vez por eso haya quedado el título así. Los griegos antiguos debían hacer la peregrinación al templo de Eleusis una vez en su vida y las cosas que pasaban allí no podían contarse bajo pena de muerte. Les daban de beber de un brebaje y veían cosas alucinantes: cómo los dioses tomaban forma y cómo el mundo tenía verdadero sentido.

Te han denominado como “El trovador techno”. ¿Tú cómo te denominarías?

La verdad es que me gusta mucho ese título y creo que me lo puse yo mismo..

¿Por qué tanto flamenco en Nuevos misterios?

Porque no había coqueteado con ese género hasta ahora; bueno, sí, hubo una canción (“Todo lo bello es gratis”) y conociendo a Tomasito y a Las Negris me apeteció mucho que estuvieran ahí. La complicidad con Tomasito fue inmediata y puso palmas en casi todas las canciones; le dio una forma brutal. Como también lo hizo con “A Fuego”, que es una canción marchosa a medio tiempo entre lo latino y la rumba, en la que puso muchísimos jaleos.

Este coqueteo con ese estilo es algo que me hace mucha ilusión, no solo por el resultado sino por haber conocido a tanta gente que molan mucho y que en los festivales donde toco no están. También eso se lo debo a Javier Liñán y a Volcán.

Veo a Leibniz en “El reino de la nuez”. ¿Estoy equivocado?

No, estás apuntando bien. El tema de las mónadas es algo que siempre me ha causado entusiasmo. Me encanta la teoría de la armonía preestablecida, esa que, intentando responder al problema cartesiano de cómo se conectan nuestro cuerpo y nuestras ideas, proponía que cuando Dios creó el mundo ya previno todas las consecuencias de los actos. En ese caso, por ejemplo, las mónadas como nosotros totalmente aisladas unas de otras seguimos nuestra monserga propia sin jamás tener contacto, como ahora en esta conversación.

¿Qué es lo que más te gusta de México?

Me gusta todo. Estuve tan solo una vez hace dos años visitando la Ciudad de México y Puebla, y tengo muchísimas ganas de volver y conocer más lugares, tocar y hacer bailar a los mexicanos. Así que nos veremos muy pronto…

Editor Yaconic

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