Por Iván Nieblas / @ivannieblas

Hace 50 años, en 1967, los jóvenes cambiaron el destino del mundo. La más grande revolución cultural y del pensamiento tendría lugar en una locación específica de Estados Unidos, en San Francisco, California: el distrito de Haight-Ashbury. Allí, entre el humo de la mariguana, los colores de las flores, el LSD y la música psicodélica, daría inicio el Verano del Amor.

Un evento dio el banderazo de salida, atrajo la atención mediática y definió el rumbo que tomaría la juventud en enero de 1967: el Human Be-In. Convocado en el parque Golden Gate, este no tenía otra intención más que la mencionada en su nombre, hacer presencia y “estar”, sentirse parte de una misma comunidad que compartía las mismas ideas y valores.

verano del amor 1967

El Human Be-In fue una congregación masiva de todos aquellos que tuvieran sueños utópicos, estuvieran en constante desacuerdo con la sociedad adulta, escucharan a las nuevas bandas de nombres estrafalarios (como Jefferson Airplane, Grateful Dead, Country Joe and the Fish y Big Brother and the Holding Company) y utilizaran sustancias que alteraban su conciencia. Para abrir sus pensamientos y “conectarse” con algo superior.

LA SUSTANCIA QUE LO CAMBIÓ TODO

El ácido lisérgico, sintetizado por el doctor Albert Hofmann en 1943, fue la sustancia que cambió por completo la forma de pensar de toda una generación. Lo que en un principio se pretendía usar como arma de control mental y tratamiento contra la esquizofrenia y otras enfermedades, terminó siendo una sustancia de uso recreativo.

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Human Be-In.

Una vez que se popularizó su uso, una gran cantidad de manifestaciones artísticas fueron creadas a partir de la experiencia de encontrarse en su demencial mundo. Desde afiches, ropa, música, representaciones teatrales y nuevas formas de entretenimiento. El LSD lo cambió todo.

Aunque en un principio parecía no ser más que un fenómeno de los bohemios que vivían en Haight-Ashbury, donde las librerías, parques y cafeterías abundaban, muy pronto las congregaciones de jóvenes llegaron al distrito y comenzaron a experimentar y probar los límites de lo que el pensamiento (o las drogas) les dictaban lo que debía ser la sociedad.

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Haight-Ashbury.

Activistas políticos y grupos con propuestas de arte más radical, como el “teatro vivo” y los “happenings” (el abuelo de los performance), adoptaron a San Francisco como laboratorio de pruebas.

La liberación sexual, la lucha por los derechos civiles, el combate a la segregación racial y todo aquello que implicara una forma de libertad, era bien recibido con espíritu optimista por los jóvenes que buscaban darle sentido a su vida en algo más que no fuera repetir la historia de sus padres.

Desde luego, las diferentes manifestaciones artísticas fueron fundamentales para propagar el mensaje de las nuevas ideas. Sobre todo el uso del humor y el sarcasmo, que ponía en evidencia las fallas y carencias de las decisiones gubernamentales y las volvía un tema popular. Algo que el sistema no podía tolerar.

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Janis Joplin.

LA EXPANSIÓN DE LAS VIBRAS

Las vibras fueron captadas en todos los rincones del planeta. Principalmente en Londres, donde comenzaron a surgir bandas como Pink Floyd y Soft Machine, al lado de los innovadores diseños gráficos del despacho Hipgnosis o los diseños textiles del colectivo The Fool.

Aunque tarde, el Verano del Amor también se propagó en México, culminando en el festival de Avándaro en 1971, cuando ya los humos de la psicodelia se habían desvanecido casi en todo el mundo.

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The Fool design collective.

El sello de aprobación de la cultura psicodélica y el hipismo lo colocaron los Beatles con el lanzamiento del revolucionario Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band. Fue la consolidación de la nación psicodélica. El grupo más popular del mundo, adorado por jóvenes y adultos, tomaba partido y se ubicaba del lado de la juventud, abrazaba sus valores e ideas y con el álbum les daba una muestra de los alcances del poder de la imaginación.

Fenómenos masivos como el festival Monterey Pop y posteriormente el descomunal Woodstock, fueron una muestra del poder de convocatoria del Verano del Amor y pusieron a temblar a los aparatos gubernamentales, quienes veían en estas reuniones de miles un peligro potencial que podía amenazar su permanencia en el régimen.

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Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band.

EL FIN DEL SUEÑO

Pero la nación utópica no podía durar demasiado. Pronto los excesos cobraron sus primeras víctimas, tan dañinos como cualquier otra adicción. Sobre todo, la introducción de drogas duras como la heroína y las anfetaminas contaminaron el pensamiento y la actitud pacífica inicial, además de convertir al hipismo en una simple atracción turística.

Muchos de los veteranos psicodélicos decidieron huir de San Francisco y formar comunas en las campiñas norteamericanas, lejos de la intromisión mediática. Y desde el exilio intentar construir la sociedad en la que deseaban vivir bajo sus propias normas (o sin ellas).

Actualmente se olvida que más allá de la construcción mediática de los hippies (sexo, drogas, música, amor y paz), el Verano del Amor hizo aportaciones valiosas a la sociedad global, promoviendo la justicia social, la tolerancia, los estilos de vida alternativos, la importancia de la comunidad y el acceso a la salud. A 50 años, los ideales del hipismo parecen seguir presentes o necesitarse más que nunca, ante el caos de dimensiones infernales o apocalípticas que vivimos.

La mayoría de las cosas que se decían sobre el Verano del Amor principalmente, eran inventos de la prensa, pero definitivamente hubo algo en el ambiente, se sentía una vibración por todo el mundo. El medio siglo de su inicio, debería servir para reflexionar sobre la vigencia de sus ideales y todos aquellos que inadvertidamente han portado la antorcha durante todos estos años.

Hace 50 años, en 1967, los jóvenes cambiaron el destino del mundo.

Editor Yaconic

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