Por Antonio Frias / @jafrias26

Todos somos vampiros, nos alimentamos de los otros.

Si en el documental de 20,000 Días en la Tierra (2014) —dirigido por Iain Forsyth— las escenas de Nick Cave se mostraban a medio camino entre la improvisación y la actuación, en su nuevo libro, La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso, 2015), sucede lo mismo. A través de 22 pasajes, cada uno escrito en una bolsa de esas que dan en los aviones, el cantautor crea escenarios vívidos, relatos épicos, poemas libres, recuerdos inventados y algunos textos confesionales.

Descrito como una mezcla entre poema de carretera e historia de terror, Nick Cave hizo este libro como una forma de superar su bloqueo creativo. En 2014, durante la gira de los Bad Seeds por Estados Unidos, decidió aprovechar las 22 fechas de los conciertos para escribir en los trayectos aéreos. Así se conformó La canción, proyecto en el que Cave nos demuestra su prolífico arte: diverso, humano y muy autoconsciente.

La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso, 2015)

Nick encuentra, siempre, la respuesta en el arte. En una anécdota recurrente, describe el recuerdo de un niño parado en las vías del tren, que asustado frente a la locomotora tiene que saltar para salvarse. Y precisamente eso es este libro. El australiano brinca y entra a la bolsa para el mareo, un vomitivo paquete que contiene todo lo que ama y odia; sus influencias, temores y memorias. O sea: todo aquello dentro de él.

A través de las páginas, el tour por Norteamérica se convierte en una lucha constante en la que hay decapitados, seductoras mujeres con minifaldas de banderas, dragones acechantes, ángeles guardianes, musas inspiradoras, tormentos, distractores y enemigos de la creatividad. De forma elocuente, Cave logra combinar estos elementos fantásticos con sentidas confidencias; y esta dualidad es la que lo define en el escenario. Frente al micrófono y el público puede ser un “pequeño Dios”, pero al terminar se muestra preocupado por su inyección de esteroides o incómodo con su cabello recién pintado. Especialmente siente la ansiedad de saber qué pasa en su lejana casa, con su esposa que no contesta el teléfono.

Nick Cave

Todo cabe en la bolsa para el mareo. Lo mismo hay episodios en los que narra experiencias con sus ídolos (Johnny Cash, Bob Dylan, Leonard Cohen, Bryan Ferry, Patti Smith o Elvis Presley), que espacios para la reflexión creativa, el humor negro, algunas canciones y hasta para ingeniosas listas aleatorias. En palabras del propio autor, La canción de la bolsa para el mareo es “lo que necesitaba para avanzar y mañana saltar de otra manera”.

Aunque a primera vista pueda parecer un pastiche sin forma, o una ocurrencia para fanáticos, Cave logra unificar todo coherentemente, de tal forma que no es necesario ser entusiasta ni conocedor de su música para disfrutarlo; al contrario, la narrativa y la estructura hacen que el volumen se mantenga por sí solo. No lo duden, anímense y den el salto dentro de la vomitiva bolsa de Nick Cave.

La canción de la bolsa para el mareo. Editorial Sexto Piso. 2015.

 

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