Por Luis Palacios

Este jueves 4 de junio arrancó la veda electoral, aquel periodo que comprende hasta el domingo 7, fecha en que se llevarán a cabo las votaciones, y cuyo supuesto propósito es fomentar la libre reflexión sobre las propuestas electorales que también supuestamente a estas alturas, se han encargado los partidos de hacer de nuestro conocimiento. Demasiadas suposiciones.

Los partidos tienen prohibido celebrar reuniones o actos públicos de campaña y de propaganda o proselitismo electoral, así como su difusión por cualquier medio de comunicación, incluyendo radio y televisión. Esto significa que el electorado gozará de tres días sin escuchar la propaganda que lo castigó desde abril (desde mucho antes si contamos el periodo de precampaña); esos que hicieron más insufribles los comerciales transmitidos durante la “comedia” favorita o durante el programa de radio que uno escucha mientras está atrapado en el tránsito, tratando de llegar a casa (doble calvario).

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Spot Partido Verde

Al menos en esos frentes se ha declarado una breve tregua. Por ley, la propaganda en forma de lona, espectaculares y demás presentaciones físicas que se encuentre cerca del lugar donde se vayan a instalar las casillas el próximo domingo también deberá de ser retirada. Pero no espere que esto se cumpla al pie de la letra y en todo caso, tenga por seguro que aquella lona que tiene su vecino colgada fuera de su hogar, cuando despierte el 8 de junio, como el dinosaurio, aún estará ahí.

Aprovechemos la invitación a ejercer nuestro “derecho” a la libre reflexión ya que el de expresión está más que acotado a los diez colores partidistas. Nos preguntamos: ¿para qué sirvieron las campañas electorales? Y en específico: ¿para qué sirvió la propaganda que acompañó a éstas? ¿Cuál fue el propósito de la tormenta de spots, folletos, lonas, espectaculares y demás parafernalia utilizada por los partidos? La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales señala que tanto la propaganda electoral como las actividades de campaña deberán propiciar la exposición, desarrollo y discusión ante el electorado de los programas y acciones fijados por los partidos políticos en sus documentos básicos y, particularmente, en la plataforma electoral que para la elección en cuestión hubieren registrado. Una cosa es segura: la exposicion de programas y acciones fue lo que menos se vio reflejado en la propaganda electoral. Mucho menos se fomentó con ella la discusión que ayudara a decidir por quién votar.

MÉXICO, D.F., 12MAYO2015.- Jesús Sesma, diputado de la ALDF y Arturo Escobar y Vega, coordinador de los diputados del PVEM, ofrecieron una conferencia de prensa señalaron que es inconstitucional la nueva sanción millonaria impuesta por el Instituto Nacional Electoral (INE) a su partido. La Comisión de Fiscalización del INE aprobó un proyecto que sanciona al PVEM con más de 300 millones de pesos por recibir aportaciones por parte de legisladores y grupos parlamentarios del propio partido. Los miembros del partido verde mostraron artículos proselitistas de otros partidos, como unos condones con la seglas del PAN, en los cuales no se señala que sean hechos con materia reciclado motivo por el cual también su partido ha sido multados.  FOTO: MOISÉS PABLO /CUARTOSCURO.COM

Spot Morena

Pese a que la cobertura de la propaganda no sirvió para lo que la ley dice que debería de servir, podemos asegurar que fue efectiva. No hay quien no haya deseado perder la vida cuando le tocaba soportar la cadena completa de descalificaciones: el spot en respuesta al spot en respuesta al spot en el que se acusaba al partido de usar actores en sus spots y no ciudadanos que inintencionadamente habían decidido expresar su predilección por el partido anunciado frente a micrófonos y cámaras no escondidas. Durante estos días fue imposible escapar de la tortura psicológica si consideramos que en estas campañas nos recetaron poco más de 16 millones de spots (casi 14 de esos millones corresponden a los partidos y el resto a las autoridades electorales).

No sólo la cantidad hace de este bombardeo un arma efectiva al menos en cuanto a la cobertura. El formato de la propaganda y el medio de difusión también juegan un papel fundamental. Los medios de comunicación tradicionales, como la radio y la televisión, siguen rifando y controlando, a pesar de que algunos optimistas ya hablen de la agonía de éstos, en particular de la televisión. Esto debido a la cada vez mayor preferencia del público a consumir contenidos por internet. Las estadísticas apuntan al declive de la televisión como medio predilecto, cuya consecuencia será que en un futuro se pueda prescindirse de ella, y que pierda así sus privilegios políticos, que son muchos en un país como el nuestro. Sin embargo, ese futuro aun no nos alcanza.

Quema de propaganda electoral, foto Julian Sánchez

Quema de propaganda electoral, foto Julian Sánchez

Los medios tradicionales, con todo y que estén heridos de muerte, siguen representando un aspecto decisivo en la construcción de la opinión pública. Aunque para alguien que frecuente más la internet que la televisión o la radio, le parezca que la forma en que los partidos buscan llegar al electorado a través de este medio es de lo más anticuada, lo cierto es que sigue siendo la manera más efectiva y cómoda que tienen. La prueba está en que ese mismo “alguien” tiene esta percepción de los spots porque inevitablemente escuchó, vio y padeció uno.

Lo anterior obviamente no es sinónimo de una buena comunicación entre los candidatos por los diferentes partidos políticos, y sus propuestas, frente al electorado. La razón por la que los partidos eligieron en estas campañas y seguirán eligiendo a los medios tradicionales como la carta fuerte en su estrategia propagandística no es sólo porque éstos sigan teniendo la mayor cobertura, sino porque les evita verse obligados a confeccionar un mensaje que contenga una propuesta de la cual carecen. La excusa es buena aunque no infalible: si bien 30 segundos no son suficientes para dar a conocer una plataforma electoral, ¿por qué no pensar en un mensaje que transmita ya no tres o cuatro, sino siquiera una propuesta concreta en menos de 30 segundos? Porque no hay algo que los orille a hacerlo. No hay necesidad cuando medio minuto bien se puede cubrir con unas cuantas personas sonriendo y bailando, un ataque certero al rival (pero no devastador porque no hay que olvidar que esta contienda no hay enemigos, sino rivales y eso temporalmente) o aparentar “estar en onda” (que ya no es “onda”) por decir “a huevo”. Hablar de política no es requisito para ganar las elecciones. Y la simpatía del electorado se puede encontrar por caminos más atractivos que rodeen la realidad.

Quema de propaganda del PRI en Guerrero, foto Christopher Rogel

Quema de propaganda del PRI en Guerrero, foto Christopher Rogel

El desinterés por parte de los partidos de acercar la información a los votantes mostrado en sus spots abonó a que el debate más nutrido se trasladara a otros escenarios como el de si vale la pena ir o no a votar (el ya esperado abstencionismo de toda elección) o si lo mejor es ir y anular el voto, o emitirlo a favor del menos peor. Las tres conclusiones han sido señaladas como pecados capitales por los más ávidos defensores de la fiesta democrática, para los que pareciera que no es válido ir a las casillas sin una sonrisa en el rostro y la esperanza de que nuestro voto nos asegurará un futuro mejor (los anuncios del INE invitan a votar si no queremos que todo siga igual o peor). En resumidas cuentas: no se vale ir a votar de malas ni dispuesto a mostrar descontento alguno.

Que la forma de hacer campaña debe cambiar, sí; que la propaganda electoral debe fomentar la información, por supuesto; que esto lo harán las autoridades y los partidos, claro que no. La obligación de obtener información recae en su totalidad en el ciudadano, como muchas otras obligaciones. El ciudadano es el protagonista de esta obra. Pero también se encarga del vestuario, la producción, el maquillaje, de cobrar las entradas y de incluso pagarlas. Lamentablemente, de lo único que no se encarga en esta obra, es de escribirla y dirigirla.

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