Por Richie von Dix / @Richingon_Plata

“Quien intenta acercarse a su pasado sepultado tiene que comportarse como un hombre que excava”, decía Walter Benjamin.

Y Christiane Burkhard (Heildelberg, 1967), documentalista y escritora radicada en México desde hace 20 años, ha llevado al límite esta idea al trazar una serie de mapas y rutas estelares —constelaciones, a decir de Benjamin— entre la arqueología, la memoria, la literatura y el cine documental. El resultado es En camino, Taan U Xiimbal. Diario de una excavación/anotaciones al margen de una película (Surplus, 2015).

portada_libro_el_camino

En 2007 Burkhard dirigió el documental Trazando Aleida, el cual cuenta la historia de dos hermanos que fueron separados durante la Guerra Sucia, luego de que sus padres fueran desparecidos por pertencer a la Liga Comunista 23 de Septiembre, de corte guerrillero. El filme fue multipremiado y tuvo amplia difusión en el circuito de festivales del país.

Durante su carrera, Christiane ha recibido becas como la Media Arts Fellowship de la Fundación Rockefeller, ha sido integrante del Sistema Nacional de Creadores del Fonca y profesora del  Centro de Capacitación Cinematográfica, y ha publicado diversos textos sobre teoría y praxis del documental. “En sus películas, usa el diario y el ensayo personal para abordar la memoria íntima y social”, dice sobre la autora el catálogo de Surplus.

Christiane Burkhard, Surplus

Christiane Burkhard, Surplus

Platicamos con Christiane a propósito de la publicación de En Camino, su debut y bitácora literaria.

¿En qué consiste y cómo definirías En camino?

En camino es un proyecto de cinema expandido con un perfil transmedia, que se despliega en diferentes plataformas: está la página web, están las lecturas y performances en vivo que hago de mis textos, y está este libro-diario, un soporte que reemplaza al devedé.

En camino alude a cuatro rumbos específicos: la arqueología como metáfora de la memoria, mis cuestionamientos acerca de las narrativas cinematográficas, las anotaciones personales que hago acerca de mi vida íntima y, por último, toda la parte periodística, histórica, testimonial, de la cultura y cosmogonía maya.

Taanuximbal

¿Cómo fue el proceso de escribir este diario?

En camino se concibió sin ninguna premeditación, escribiendo y grabando videos diariamente, que más tarde me llevarían a filmar un largometraje, de ahí el subtítulo: anotaciones al margen de una película. Es un diario-película, una investigación de campo. En una cinta normal todo lo que hay detrás desaparece, sólo se ve la punta del iceberg; en mi libro es al revés, lo que se ve es el iceberg entero. Si tú lees el libro y ves los videos en la web puedes intuir varios filmes posibles, pero el centro de la narración, la película completa, queda invisible, nunca se ve.

¿Qué relaciones trazarías entre arqueología, memoria y cine?

Lo fascinante de la arqueología es cómo a partir de un corte en la tierra, de una retícula, de un fragmento, se pueden intuir diferentes capas y narrativas geológicas. El cine funciona igual: a partir de puros fragmentos vas hilando una trama.

Pienso en el cine y en la narración como si fueran un mapa de puntos estelares. Los recuerdos, a su vez, también son vestigios, fragmentos de la memoria. La persona que recuerda se comporta como alguien que excava dentro de sí mismo.

¿Cuáles son tus documentales favoritos?

Los espigadores y la espigadora, de Agnès Varda; Sans Soleil, de Chris Marker; todos los documentales de Werner Herzog, que tiene esta cosa muy alemana; El lugar más pequeño, de Tatiana Huezo, y Nostalgia de la luz, de Patricio Guzmán.

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