Por Ricardo E. Tatto / @ricardoetatto

A estas alturas es ampliamente conocido que la serie Vinyl fue cancelada después de una temporada al aire. Estrenada en febrero de 2016, luego de su episodio piloto de dos horas de duración —dirigido por Martin Scorsese—, HBO anunció que habría definitivamente una segunda temporada para 2017.

Pero hacia finales de junio la sorpresiva noticia de su cancelación explotó como bomba en los medios especializados. Casey Bloys, nuevo presidente de programación de HBO, decía en un comunicado: “Después de una cuidadosa consideración, hemos decidido no seguir adelante con la segunda temporada de Vinyl. Obviamente, no ha sido una decisión fácil. Tenemos un enorme respeto por el equipo creativo y el reparto por su duro trabajo y su pasión en este proyecto”.

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Skip Fontaine, Zak Yankovich, Richie Finestra y Scott Levitt.

Mick Jagger, Scorsese —creadores y productores de la serie— y miles de televidentes quedamos estupefactos. ¿Primero renovada y luego cancelada? Por supuesto que la acción desató las críticas entre los entendidos del negocio televisivo; y las razones sobre la caída no se hicieron esperar: que si fue cuestión de unos ejecutivos sin escrúpulos, un sonoro fracaso de crítica ante la prensa o si fue olímpicamente ignorada por los televidentes. Tales fueron algunas de las tantas especulaciones que se esgrimieron como causas.

Es innegable que Vinyl comenzó su paso en la pantalla chica de manera tambaleante. La audiencia no respondió a la inversión realizada. El estreno de la serie apenas alcanzó los 760 mil espectadores, y en los capítulos siguientes descendió al medio millón. Según publicó The Hollywood Reporter, el primer capítulo doble costó unos 30 millones de dólares; la cifra ascendió a 100 millones de dólares, que fue el costo de toda la primera temporada.

Ahora bien: ¿De qué trata Vinyl? ¿Es tan mala? Tal y como se planteó en el capítulo piloto, la trama gira en torno a Richie Finestra (Bobby Cannavale), italoamericano presidente de American Century Records, melómano con un oído privilegiado, cazatalentos y empresario de la industria musical, cuyos problemas personales y profesionales nos llevan en tour de force por los setenta, años en que sexo, drogas y rock no son parte de una leyenda, sino de un auténtico estilo de vida.

Pero si lo anterior no es suficiente para que la serie les resulte atractiva, hay también una banda sonora inmejorable, la asesoría de nada menos que su majestad satánica Mick Jagger y un cineasta cejijunto llamado Martin Scorsese (como había mencionado) detrás. Bueno, a continuación analizaremos la serie para dilucidar si su debacle fue justa o, quizá, solo quizá, uno de los casos en los que la industria televisiva hizo una de sus maniobras para menoscabo de un medio que apuesta por la calidad y de los televidentes que buscan algo distinto en su barra de programación.

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Kip Stevens y Jamie Vine.

SCORSERSE, JAGGER Y WINTER

Según cuentan sus creadores, la idea original de Vinyl surgió entre Jagger y Scorsese hace casi 20 años, cuando pensaron realizar un largometraje acerca del rock. Y es que para nadie es un secreto el amorío que el director ha mantenido con la música: ha estado involucrado en documentales y filmaciones de conciertos en vivo como The last waltz (1978), sobre la última gira de The Band, el video “Bad” de Michael Jackson (1985) y el documental George Harrison: Living in the material world (2011). Como productor ejecutivo participó en The Blues (2003), miniserie documental de 7 capítulos sobre la historia del blues, y en The soul of a man (2005), dirigida por Win Wenders.

Al margen de lo anterior, Scorserse ha sostenido un amorío auditivo con The Rolling Stones. En la mayoría de sus películas se ha colado alguna pieza de los legendarios roqueros. Por mencionar algunas de las más representativas: Mean Streets (1973), Goodfellas (1990), Casino (1995) y The Departed (2006). La relación devino en un concierto de los Rolling filmado por Martin en 2006; una presentación íntima en el Beacon Theatre de Nueva York, llena de celebridades como Bill Clinton, Buddy Guy, Jack White y Christina Aguilera, que a la postre se convertiría en un disco en directo y en un documental titulado Shine a Light (2008), como parte de su gira mundial A Bigger Bang.

El propio Keith Richards se encontraba escéptico sobre la idea de hacer otra película/concierto; pero cuando supo que Scorsese se sumaría al proyecto dijo: “no puedes estar jodiendo con él. Quería saber lo que Marty había visto en los Stones”. Sobre ello, Jagger, en son de broma, apuntaría que era la única película de Scorsese que no tendría “Gimme shelter” en su banda sonora. Así de estrecha ha sido la relación entre los músicos y el realizador de Queens.

Para completar el jugo primordial que sería Vinyl faltaba un componente: Terence Winter. Conocíamos a Jagger y a Scorsese, pero ¿quién diablos era ese Winter y por qué tan importante? Winter, nacido en 1960, es un neoyorquino que a mediados de los noventa se mudó a Los Ángeles para intentar una carrera como guionista. Le tomó mucho tiempo pero vaya que lo consiguió.

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Después de algunos años escribiendo para programas menores, Terence dio el gran salto para escribir en uno de los más grandes hits de HBO: Los Soprano (2000-2007), serie que le valió varios Emmy, y en la que además fue productor ejecutivo. Regresó con Boardwalk Empire (2010-2014), entrega de éxito moderado pero bien valorado por la crítica, en la que Scorsese también fue uno de los productores. A partir de ahí fue que Martin lo contrató para escribir el trabajo por el que sería nominado al Oscar en 2014 por mejor guión adaptado: El lobo de Wall Street.

Con este contexto se entiende que el salto para conformar Vinyl en 2016 fuera natural. Y con un equipo de productores y creativos semejante, no es casualidad que tanto las expectativas como la inversión económica fueran enormes. El público y la crítica especializada esperaban la nueva gran serie de la televisión por cable, que al final no lo fue. Entonces, ¿es Vinyl tan mala? Una vez vistos los antecedentes, en gran parte podemos achacar su fracaso no a la baja calidad de la misma, sino a una palabra clave: expectativa.

LA GRAN ESPERANZA QUE NUNCA FUE

“Las ilusiones puestas tanto por sus directivos como por los propios espectadores”, “no es ni mucho menos una mala serie, pero está muy por debajo de lo que algunos esperábamos”, “una gran promesa apenas cumplida”, “la decepción fue sólo superada por sus expectativas”. Todas estas son frases tomadas aleatoriamente de algunas de las críticas que fueron publicadas en internet. Los epítetos de este tipo y las descalificaciones se suceden con pocos argumentos de peso. Parece más bien un berrinche, la queja de alguien a quien le han roto el corazón.

En verdad Vinyl destrozó las emociones y las esperanzas de muchos. Ahora que releo esta última frase me doy cuenta de lo absurda que es. ¿Quién en su sano juicio fija sus ilusiones, sueños y esperanzas en lo que no es otra cosa más que una serie o película prometedora? Me pregunto si de verdad los televidentes esperaban un parteaguas mediático que llegaría con Vinyl o, como sospecho, esperaban en realidad revivir las viejas glorias de sus ídolos Jagger, Scorsese y Winter.

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Devon.

Creo que los lectores o consumidores de cine y series jamás deberían atajar un libro, película o programa esperando algo más que entretenimiento o esparcimiento que les sea grato. De ahí que el íntimo secreto de estas actividades radique en que uno haya encontrado una pieza de calidad o una verdadera obra de arte destinada a insertarse en el imaginario de la alta cultura o de la cultura pop. Es decir, actualmente, como consumidores de cultura no estamos habituados a la sorpresa, ni siquiera la vemos venir.

Tal vez por ello, porque no esperaba nada, cuando vi el primer capítulo de Vinyl quedé intrigado, sorprendido, si acaso, por su maravillosa banda sonora. Cualquier cosa menos que decepcionado. Y sí, aunque el piloto dirigido por Scorsese duró dos largas horas un tanto barrocas y caóticas por la multitud de tramas que se imbrican, fue lo suficiente para mantenerme interesado en continuar viendo lo que sucedía en ese Nueva York sucio, violento y peligroso de los setenta; ese que vio nacer las vanguardias artísticas visuales y musicales; esa ciudad que se convirtió en la meca de la música heredera de la invasión inglesa de la década anterior.

Ahí es donde radica el valor de Vinyl, no por ser la esperanza que nunca fue, sino por ser algo nuevo: una serie histórica revisionista de la tercera era del rock (la primera fueron los cincuenta, la segunda los sesenta); ese tercer episodio rocanrolero que tuvo que convivir con el surgimiento del punk, el rap, la música disco y la electrónica, y que se nutrió de los mismos, tal como lo avizoró Richie Finestra al salir de los restos de un edificio demolido por la fuerza de los acordes de algo inaudito hasta el momento que le llegó como una epifanía: los New York Dolls.

Rock'N'Roll Pilot 101

AMERICAN CENTURY RECORDS, LET´S ROCK!

Así comienza Vinyl, con Finestra, ese italoamericano que representa al sueño americano, uno que creció en los sesenta tan solo para despertar 10 años después en una amarga pesadilla: sus artistas ya no venden tantos discos, el gusto de la gente ha cambiado y su empresa discográfica tiene déficits monetarios.

Lo anterior lo motiva a vender por una millonaria cifra su compañía a Polygram, un consorcio alemán que está interesado en su catálogo. Sin embargo, la debacle de Finestra no es únicamente económica sino moral: su esposa, Devon (Olivia Wilde), una ex modelo que solía trabajar en The Factory de Andy Warhol (interpretado por el director indie John Cameron Mitchell, autor de esa magnífica ópera rock contemporánea llamada Hedwig and the Angry Inch), lo acaba de abandonar debido a que retomó su adicción a la cocaína, la droga típica de la época.

Aquí hay que mencionar que la serie no se cimienta exclusivamente en la anécdota ya histórica, sino en una estética muy cuidada que de inmediato nos remite a esos tiempos que a muchos melómanos nos hubiera gustado vivir. Iggy Pop, David Bowie, Robert Plant e incluso Elvis hacen aparición. Y quién no se emociona viendo a sus ídolos representados en una serie con la música como protagonista.

Finestra comienza a tomar decisiones equivocadas, como la de no vender su empresa, sumergida en una industria cada vez más decadente —como la actualidad lo demuestra—, ya que cree encontrar el futuro de la música en grupos como Velvet Underground y los ya mencionados New York Dolls, o los ficticios Nasty Bits, que ya prefiguran el advenimiento del punk. Cabe destacar que el líder de esta banda no es otro sino James Jagger, hijo de Mick y de Jerry Hall.

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El ensamble coral lo complementan Jamie Vine (Juno Temple) que pasa de secretaria y dealer a representante artístico; Ray Romano como Zak Yancovich, promotor y socio del sello; Max Casella, a quien algunos recordarán de sus tiernos tiempos como mejor amigo de Doogie Howser, M.D. y Los Soprano. Estos son los que sostienen el departamento de actuación de la serie, aunque hay muchos otros que pasan sin pena ni gloria.

Pronto Richie termina recurriendo a la mafia italiana, hecho que ha sido criticado en muchos foros como un lugar común o algo innecesario dentro de la serie; pero creo que cualquiera que sepa de Scorsese y sus tópicos no se sorprendería, máxime si cuenta con tantos italoamericanos en su nómina actoral. De hecho, si pensamos en realismo, no podría vislumbrarse un Nueva York sin la presencia del crimen organizado como parte del trasfondo histórico de la ciudad.

Como dije líneas arriba, Vinyl comienza de menos a más. Después de un inicio enrevesado, en los capítulos subsecuentes todos los elementos que se quisieron meter con calzador provocando cierta desazón en los televidentes empiezan a caer en su lugar. Parece que la primera probadita de Scorsese confundió a muchos; pero la narrativa barroca y caótica es parte de los mismos tiempos que se pretenden retratar.

Bobby Cannavale hace un estupendo trabajo representando a un Finestra fuera de control y con tantos altibajos. Algo que solo un actor con un amplio rango de matices podría lograr. Olivia Wilde también fue criticada, quizá por mostrarse algo plana en su actuación como una ex modelo convertida en una sumisa ama de casa. Pero creo que su personaje no da para mucho más y en este sentido su interpretación ha sido satisfactoria.

Mención aparte merecen Max Casella y Juno Temple. El primero por encarnar a un productor musical y casa talentos acomodaticio que no sabe cómo ajustarse a la época y al gusto cada vez más cambiante de los consumidores de discos, cosa muy creíble para cualquiera cuyas aficiones sean de la vieja escuela. En ese sentido, Casella cumple su cometido de ser estandarte de la vieja guardia de la industria, que viene a ser amenazada por los nuevos talentos, como es el caso de Temple, que tiene buen oído y el olfato suficiente para descubrir a los Nasty Bits, grupo que se cree será la salvación del sello discográfico.

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Por otro lado, Ray Romano comienza a cobrar protagonismo a mitad de la temporada de 10 capítulos, para cerrar magistralmente y sorprender a la audiencia, ya que su registro dista mucho de la comedia por la que es conocido (Everybody Loves Raymond), cobrando un cariz dramático y trágico a medida que es depositario de todos los sinsabores que aquejan a la compañía. Recordemos que ésta se cae a pedazos junto a su director adicto a las drogas.

Básicamente esto es Vinyl: una mirada informada al mundo del rock y de la industria musical. Una en la que sin importar si se trata de la nostalgia o de si uno entiende los numerosos guiños dedicados a los roqueros de hueso colorado, se disfruta viendo y conociendo los entretelones de ese mundo lleno de claroscuros pero no exento de cierto glamour. Y aunque lo parezca no todo es sexo, drogas y rock and roll, porque también tiene cabida ese rito de pasaje a la madurez, en el que la seguridad económica, la salud y la familia tienen una importancia primordial; simplemente porque no se puede seguir rockeando toda la vida.

LAS VÍCTIMAS DE HBO

Me parece ver en la cancelación de Vinyl el inicio del fin, no de una buena serie que prometía mucho más si se le dejaba continuar, sino el comienzo del ocaso de HBO como el imperio de las series dramáticas televisivas. La noticia de que no se renovaría la prometida segunda temporada llega dos meses después de que la cadena apartara, por diferencias creativas, a Terence Winter, cocreador, productor ejecutivo y guionista.

La intención de HBO era reiniciar el drama en su segunda entrega de la mano Scott Z. Burns (El ultimátum de Bourne) y Max Borenstein (Godzilla, la serie Minority Report), decisiones que quiero entender estaban destinadas a imprimirle otro ritmo y más acción en la trama. Todo con tal de ponerse en sintonía con una audiencia que no quiere ni espera sorpresas, sino justamente lo que le fue prometido.

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Foto: Steve Sands/GC Images)

Si tomamos como ejemplo Daredevil, la serie de Netflix, veremos que su primera temporada tomó un giro arriesgado: comenzó explorando el drama de sus personajes, retratando su psique y sus motivaciones, haciendo que el público se relacionara con ellos, convirtiéndolo en mucho más que un programa de acción sobre superhéroes, cuya acción fue dosificándose hacia el final de la primera temporada y llegando a lo apoteósico en la segunda, con el consiguiente beneplácito de sus seguidores.

Esto pudo ocurrir con Vinyl, pero no se le permitió vivir. Fue una liquidación al estilo puro de la Cosa Nostra ejecutiva del canal, como lo evidencia el hecho de que la decisión de cancelarla responde a un movimiento diseñado por Casey Bloys, nuevo presidente de programación HBO y sucesor de Lombardo, el artífice de todos los Emmy anteriores. Su objetivo: dejar espacio para poner su sello en la cadena.

Esta cancelación se añade a la creciente lista de proyectos fallidos o problemáticos de HBO. Así pasó con la publicitada Westworld que ya ha sido pospuesta dos veces y finalmente se estrenará en octubre de este año aunque había sido anunciada desde 2015. Asimismo, un par de proyectos desarrollados por el director David Fincher han sido abandonados, así como una serie limitada de Steve McQueen y la miniserie Lewis and Clark. Todo lo cual indica que HBO está perdiendo el respeto con su audiencia mientras que Netflix y otras productoras parecen estarle ganando la partida. El rock ha muerto, ¡larga vida al rock!

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Editor Yaconic

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