Por Rogelio Garza / @rogeliogarzap

Fotos: Daniel Geyne

Periodista, escritor, boxeador, gay que escandaliza a gays y a bugas por igual, Wenceslao Bruciaga es el autor de Tu lagunero no vuelve más (Moho, 1999, cuentos) y Funerales de hombres raros (Jus, 2011, novela). Wenceslao nació en Torreón, Coahuila, en 1977, y no se anda con chingaderas a la hora de confrontar la homofobia; mucho menos a la comunidad LGBTI.

Acaba de publicar Un amigo para la orgía del fin del mundo, que recopila diez años de su columna El Nuevo Orden, editado por Discos Cuchillo y SO.DO.ME., con una bella portada de Oscar Coyoli y distribuido por Petirrojo.

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Wenceslao Bruciaga

Empezaste a escribir tu columna hace diez años en Milenio, ¿qué ha cambiado desde entonces en la sociedad mexicana y en la cultura LGBTI?

En concreto, los bugas se volvieron más liberales y los gays más conservadores. El homosexual de hoy, el activista, perdió la noción del riesgo y la contracultura. Les da miedo pensar diferente. Pero sí he notado que hay un brote de homofobia atizado por la iglesia católica, a los feligreses se les bota la canica.

Se percibe una postura frente a la comunidad LGBTI, ¿cuáles son tus diferencias con ellos y ellas?

Los de la comunidad son putos y yo soy puñal. Siento que la comunidad gay se ha vuelto más condescendiente y muy propensa a la autocompasión. La comunidad y los activistas han hecho política de la autocompasión. Sí tiene efectos benéficos, no lo niego, como el reconocimiento del Estado y la voz de la comunidad. Era necesaria esta visibilidad que se tiene hoy en día. Más bien creo que es el discurso de la mayoría, sufrimos demasiado, mira cómo nos atacan, cuánta homofobia hay. Pero sin voltear el lente hacia adentro, hacia la autocrítica. Antes de decir que hay homofobia, hay que decir que entre nosotros nos chingamos de una forma brutal, mucho más agresiva que si un güey pasa y te dice “puto”. Hay un abuso de la victimización hacia el exterior, pero es una carnicería interna. Hasta yo lo hago, creo que me salva la autocrítica, pero no he sabido conectar esos discursos del exterior con el interior.

Hace unos días el grupo ProDiana “clausuró” la Arquidiócesis de México, ¿qué opinas de estas acciones y del Frente Nacional Orgullo México?

Se acaba de formar ese frente como un contrapeso contra la iglesia. Me da risa. Se me hacen gays católicos contra bugas católicos. No entiendo el peso que le dan a los discursos de la iglesia. Es decir, en la iglesia la homofobia es endémica, siempre ha sido así, es su naturaleza. Qué les sorprende. Aparte tienen derecho a ser homofóbicos. Se me hizo divertido lo que hicieron, como un sketch de John Waters. Es agresivo, pero lo pudieron haber hecho mucho más fuerte y delirante; o sea, una orgía afuera de una iglesia, algo verdaderamente disruptivo, no nada más clausurar simbólicamente. Esas son las cosas que me desesperan del activismo.

No estoy en contra del derecho a casarse y adoptar, sino del discurso y cómo me lo quieren vender. Siempre me salen con que es por los derechos de la seguridad social. Si eso fuera cierto, nos casaríamos por solidaridad y no por amor. Que no me vengan con que el matrimonio es la panacea. Desde que se habla del matrimonio igualitario en México, el VIH ya no se menciona, ni la Hepatitis C ni las ETS. En una mesa de radio, una doctora me dijo que estaba comprobado científicamente que cuando los homosexuales se casan son menos promiscuos. Yo soy desmadroso y promiscuo, ¿cuál es el pedo? En otros países los cuartos oscuros son legales para que los homosexuales vayan a coger. ¿Por qué no legalizamos eso a la par del matrimonio? ¿Es una defensa del Estado laico o por el visto bueno del buga?

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¿Cuál era su motivo real, que la iglesia reconociera sus derechos o exigir que se detengan los ataques a la comunidad?

Yo tampoco lo entiendo. Hay una fracción del movimiento que busca frenar los ataques, darles a entender a los jerarcas cuál es su lugar en un Estado laico. Pero al mismo tiempo hay muchos que buscan la aceptación de la iglesia.

¿Conoces la Biblia, tu familia es católica?

Hay que conocer lo que vas a criticar. Mis abuelos eran creyentes, pero yo no. Mis papás fueron hippies, comunistas, feministas, muy relajados en el aspecto religioso.

¿Te han censurado, amenazado o agredido por lo que opinas?

Nunca me han censurado en Milenio. Los lectores me han mandado mensajes diciendo que soy muy irrespetuoso. Y no, no es que sea irrespetuoso, es que me cago en tu pinche religión. El año pasado tuve un episodio muy divertido con un grupo de queers que me acusaron de hipermasculinista, solo porque dije que los gays teníamos el potencial fisiológico de defendernos a madrazos. Si un cuate viene y te dice “puto”, no vas a correr a llorar con Derechos Humanos, pártele su madre al homofóbico, a ver si te vuelve a decir “puto”. No digo que esté mal ser afeminado, pero a mí no me prenden. Alguien me preguntó que si yo cogería con afeminados por quedar bien. ¿Por qué voy a hacer lo que no me gusta? ¿Nada más para que vean que soy tolerante? Yo prefiero ser fiel a mis placeres y a mis deseos que a lo políticamente correcto. Me gustan cabrones, grandes, feos y fuertes. Esa es la dictadura de mis sábanas, ahí mando yo. ¿Esperan que coja con alguien que no me gusta solo para que piensen que soy open mind? Los gays dependen demasiado de las apariencias.

Ayer, por algo que dije en Twitter, alguien me mandó un mensaje: “mira lo que te espera”, y era la foto de una pistola. Las amenazas de las redes sociales no me las creo. Es diferente cuando te amenazan en la calle. Sé que este discurso es peligroso porque hoy cualquiera saca una pistola, pero a puño limpio se puede arreglar. Le dije que así, a puño limpio. Y se ardió. Y me retó. Y lo cité a las cinco de la tarde afuera de la estación del Metro Zapata. Entonces le bajó de huevos.

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En este contexto aparece tu tercer libro, ¿por qué publicarlo con una disquera?

Porque soy un músico punk frustrado. Toco en un grupo de punk que se llama Así Fue (por la canción de Juanga), algo entre My Bloody Valentine y Unwound con Massacre 68, pero todavía no nos sale. El libro para mí fue como grabar un disco. No fue tan gratuito, nos juntamos hace como dos años, me senté con Carlos Dávalos y Fabián de Discos Cuchillo, ellos ya había hecho un libro que se llama Yo no soy Dj, de Pepe Casanova, y decidimos hacerlo. El nombre de Discos Cuchillo me encanta, la analogía con el puñal se me hace gloriosa. Que un libro mío esté en el sello representa un conjunto de circunstancias muy afortunadas. El espíritu de la disquera me gusta mucho. En busca de presupuesto nos acercamos al SO.DO.ME, con Gabriel Sierra, Gabo, nuestro mecenas. Nos prestó el lugar para hacer reventones y juntar el dinero. SO.DO.ME es co editor.

¿Cómo fue el proceso de publicar con una disquera a diferencia de una editorial?

Fue muy interesante. Fueron puras ventajas porque nos ligaba la música. La curaduría del libro, la selección de columnas, la edición y el título elegido, todo lo hizo la editora Ximena Atristain. Ella se aventó el trabajo y encontró tres hilos narrativos, tres capítulos: música, crónicas de puterías, y política y derechos humanos. Les quitó los títulos para darle otra tesitura y corrigió todo. El diálogo entre Discos Cuchillo y yo siempre fluyó muy bien gracias a la música.

¿Escribes para la comunidad LGBTI o piensas en los bugas?

Para todos. Curiosamente percibo que me leen más bugas. También tengo muchos detractores gays. Porque no opino lo que quieren. El gran error del activismo es que se dan la razón mutuamente. Es un lamidero de heridas. Todo el mundo está de acuerdo. Y se ponen mal porque no les dices lo que quieren escuchar o porque no les das la razón.

¿Alguien te ha dicho que después de leer tus columnas se salió del clóset?

Sí, varias veces. No me pagan por declosetar gente, pero sí he sacado a muchos.

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Tienes la oportunidad de regalar cinco ejemplares de tu libro en la más alta esfera del poder político y religioso, ¿a quién se lo dabas?

A Jorge Serrano Limón, de Provida. Se lo hubiera regalado a Alonso Lujambio, el ex secretario de la SEP, nomás porque estaba bien bueno. A López Obrador, definitivamente. Lo tiene que leer, qué buena idea, se lo voy a llevar. Al párroco de la iglesia donde vivo, porque me importa muy poco la iglesia. No creo que sean tan inteligentes. Y a un panista que me ligué y cogí con él. Luego nos encontramos en un encuentro que hubo por la familia en una expo Bancomer, pero no me quiso saludar. Hice una crónica para Milenio de esa expo.

¿Qué sigue después de este libro?

Ahorita estoy trabajando una novela, se está cocinando con Editorial Moho. Es sobre un boxeador gay, sidoso y fan de Dinasour Jr. :x

Editor Yaconic

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