La siguiente es una entrevista con el más famoso de los escritores desconocidos mexicanos. Escritor que comenzó a publicar cerca de los cuarenta años de edad, y con un gusto por la ciencia ficción y los bajos mundos de la ciudad que le tocó vivir. Fue, durante años, creador de uno de los cómics más recordados en la historia de éste país: Fantomas.

Por Adrián Román / @adrianegro

Fotos: Daniel Geyne

1) VIDA NOCTURNA

No conozco la vida nocturna de hoy. Yo dejé de ir a los antros hace muchísimos años, no por falta de interés sino de tiempo. Mi problema grande fue que me casé con una mujer que no sabía bailar. No es que no quisiera aprender, no tenía disposición al baile. Era un tronco. Yo trataba de enseñarle, pero no.

Como la quería mucho, dejé de ir a los salones de baile. Sí los extrañé y nunca se me olvidó bailar. (El que habla con ese encantador hilito de voz, enfundado en una camisa setentera, con su arrugado rostro y su mirada sensata, es Gonzalo Martré (Hidalgo, 1928). En la fachada de su casa se distingue, en lo alto, una lona con la imagen de Fantomas; en la sala hay cuadros, algunos referentes a su obra; su hermosa mujer va y viene por la casa; hay un perro que ladra cuando toqué, pero que jamás logro ver.) Luego me casé con una que sí sabe bailar, pero ya me agarró cansado.

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(Hasta que se ganó su propia lana, Martré se permitió visitar antros. No cabarets costosos. Antros de la Guerrero, la Doctores y Santa María la Redonda. Todos con música en vivo, ficheras, variedad. El salón La Playa es el que más recuerda. Se encontraba en la confluencia entre Lagunilla y Tepito. Fue el primer antro al que fue; ahí aprendió a mover el bote. El lugar era visitado por sirvientas, amas de casa y prostitutas que iban a bailar sin cobrar, solo por diversión. La memoria le arrastra el nombre del Salón Colonia. Con un clientela de más lana. O El Smyrna, de 6 de la tarde a 12 de la noche, solo se bebía cerveza, trago fuerte no. La entrada al Smyrna costaba 5, a la Playa 1. El gran día de la Playa era los viernes, El Smyrna los jueves, Ángeles los martes, California en lunes, y el Colonia los miércoles. Cobraban lo mismo que todos los días pero llevaban mejores orquestas. Uno podía pasar la semana en uno distinto, sin dejar de bailar.)

Los homosexuales en los años sesenta no tenían un lugar donde reunirse por diversión. (Dice.) Lo hacían en lugares ocultos, conocidos muy bien por la comunidad homosexual. Hubo varios antes del Safari, ahora hay docenas; hubo varios pero abría uno, tenía éxito y lo clausuraban por denuncias, y se abría otro. Ahora la Zona Rosa es un inmenso Safari. El gremio homosexual se ha apoderado de ella; en aquel entonces era vergonzante ser homosexual; ambos sexos sufrían burlas, laborales o, sociales, y el homosexual trataba de ocultar su condición.

2) PERSONAJES CITADINOS

Claro que lo recuerdo, aunque hace mucho no lo veo, lo perdí de vista. Es uno que se hace mentor del Chanfalla (personaje principal de su trilogía de novelas en la que habla de la vida en los salones de baile, y en la que se encuentra un caló ya casi extinto en las calles) y realmente existió, le decían el Chícharo.  El Chanfalla es un personaje de ficción, hecho a partir de dos o tres personajes y yo mismo. Es un tipo que le da consejos al Chanfalla de cómo ser ruin, gandalla, un fullero, un ratero, todo, pero con astucia, sin dejarse pescar. El Chanfalla huye de los consejos, pero se descuida y va a dar a la cárcel. Ese personaje, el Chícharo, fue mi mentor, todo lo que pongo de consejos en boca de él, fue cierto. Él tenía un modo de ver la vida, como estafador nato, y la verdad yo nunca fui estafador. La última vez que lo vi fue en la pancita de San Camilito. Me dijo que iba al Tres X, el antro al final de la calle Guerrero. Me presumió: tengo una falena que trabaja para mi menda.

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A veces me acuerdo del Chícharo, era un abogado sin licencia, transa, nunca llegó a las rodillas de Bernabé. Porque se dejó corromper por un ambiente lumpen. Lo conocí en la preparatoria, pero lo reencontré en La Playa. Estaba en leyes, pero tronó, no por falta de conocimiento sino por exceso de golfería: era un hombre culto, inteligente, que conocía todas las leyes mexicanas, citaba a los clásicos en latín. Él le conseguía los amparos a los rateros de La Playa. Se encontraba dotado para la transa y la estafa y se dejó consumir por el medio en el que se desenvolvió.

Lola la Chata era gorda, chaparra y chata. Prieta. Era una mujer del pueblo, pero muy inteligente. Y muy osada. Mujer de varios amantes. A Lola la conocí en casa de un amigo de un amigo mío. Mi amigo tenía una carbonería en la Candelaria; conocía a todos los hampones del rumbo. Un día me llevó a visitar una casa y ahí estaba Lola la Chata. ¿De qué platicaron? Pues no lo sé, porque sólo hablaban en caló. Con los años yo llegué a hablarlo bien, pero ya se me olvidó. Si quieren saber algo de caló viejo consulten al Chanfalla.

Cuando Salvador Novo se refería a su homosexualidad, decía “mi falta.” Y él era uno que no anda ocultándose. Anunciaba su homosexualidad con campanillas. Pero él podía permitírselo, porque era un hombre talentoso, un buen poeta, un gran cronista y con buenos contactos en el sistema político nacional. Él iba al Safari, y a otros sitios; paseaba sus pelucas de distinto tono, azafranadas, bermellón, nadie lo molestaba ni se burlaba de él.  Yo lo veía entrar y salir del Safari. Llegaba con sus amigos o lo esperaban adentro. Constituían un círculo cerrado, exclusivo, al que nos estaba vedado entrar. A menos que fueras muy guapo, y yo no entraba en esa categoría.

C) EL BAILE

El baile no me sirvió para ligar. Todas las mujeres bonitas que tuve fueron del ambiente de la literatura. Y las conseguí de los 55 años de edad para acá. Yo fui buen marido, de mi primera esposa. A la Playa no iban mujeres bonitas. Una o dos bonitas iban acompañadas de su padrote y no bailaban más que con él.

D) DROGAS

Desde luego era mínimo el comercio de drogas en aquella época (Martré se refiere a 1970, cuando escribió Safari en la Zona Rosa, su primera novela, cuya edición conmemorativa apareció en 2015 editada por Nitro/Press). Lo que más se usaba era la marihuana, se podía conseguir en todas partes a precio muy moderado. La cocaína no tanto. A mediados del siglo pasado la marihuana era privativa de los rateros, los presidiarios y los soldados.  Había comercio de cocaína, la reina de ese comercio era una mujer: Lola la Chata, como te dije, que tenía su cuartel en la Candelaria de los Patos. Era la surtidora del medio artístico, a quienes les gustaba más la coca que la mota. Tenía sus corredores, uno de los más famosos era el Güero Batilla. Si alguien quería coca, no tenía más que ir al bar del Hotel Regis o en el bar la Ópera y contactarlo.

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El Cadáver errante (1993) muestra a un detective bisoño que es contratado para encontrar a un profesor gringo que se ha perdido en Mazatlán, se enfrenta a los narcos, para lograr localizar el cuerpo debe andar entre ellos, la novela ocurre entre narcos desde el principio al fin.

E) ESCRIBIR

No tuve ninguna ventaja por comenzar a escribir tarde. Yo empecé a escribir a los 35 años y publiqué a los 37. Yo debí comenzar antes, pero fui dejando para mañana el empezar. Y mañana. El lunes próximo, y así se fueron pasando las semanas, los meses y los años. Hasta el día que cumplí 35 años. Mi gran duda era: ¿realmente quiero ser escritor? ¿En realidad ser escritor es el fin último de mis días?

Consejo número uno. Leer, hay que leer de todo. Si se es poeta, leer narrativa y viceversa. Leer mucho. Solo leyendo de todo se puede escribir de todo.

Tener sistema. Escribir diario. Diario tener un lapso para poder sentarse. Si se escribe una página al día, al año tendrás 365 páginas y de ahí sale un libro.

Corregir. Tener autocritica. Pocos son los escritores que escriben directo. Yo no me cuento entre ellos.

Conozco amigos que no son escritores, pero se les ocurre que pueden hacer la novela de su papá o de su mamá o la propia. Escriben tres páginas un día, a la semana siguiente una, y a los dos meses otras dos. Otros que están bien dotados, que tienen lecturas, pero que lo va dejando todo para la semana que entra. Él va a escribir una novela que va a sorprender al mundo o por lo menos al país, ¿cuándo la va escribir? La semana que viene. Así anda, hasta que lo abandona. Y muchas veces teniendo talento. Pero sin disciplina no hay obra posible.

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F) MEDIO LITERARIO

Yo me ligué al medio cultural gracias a René Avilés Fabila. Él me llevó al suplemento de El Nacional. Así ingresé con gente más joven que yo. El mayor era Gerardo de la Torre, un años más que René, doce menos que yo. Ahí encontré mi medio, me gustó lo que ahí se hacía y se decía, allí me quedé.

Yo tenía un año de escribir Fantomas cuando vino el asunto de los Símbolos transparentes (una censura de parte de Novaro porque la novela habla de los sucesos ocurridos en Tlatelolco durante 1968). Pensé que me iban a correr de Fantomas por el irigote que les armé.  Pero no les importó. Yo seguí escribiendo mis argumentos de Fantomas como si nada pasara. En la editorial había dos secciones bien definidas, la de las historietas y la de la literatura. Ambas independientes, la literaria, su jefa era Luis Guillermo Piazza; Alfredo Cardona Peña era de las historietas. Que la mano derecha no sepa lo que escribe la izquierda, yo seguí entregando como si nada estuviera pasando y nada pasó.

G) FANTOMAS

No, en nada. Porque… Bueno… Eeeeeh. (Martré divaga, duda, repiensa.) Tal vez en la ideología.  Fantomas es, desde luego, un delincuente, y yo no lo soy. Es un Robin Hood moderno. Trata de hacer el bien a algunas gentes, tiene fundaciones, es filántropo… Eeeeh, no, no hay mucho parecido.

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