EL POETA INCÓMODO; SIN BANDERA

«La poesía no sirve para transformar, dar discursos, movilizar ejércitos; no sirve para hacer —exactamente— el amor, aunque es un preludio para llegar a hacerlo. Es decir, la poesía es una cosa específica… uno gusta de ella, y hay exigencias que surgen de este campo —que hacen se amplíe constantemente— pero no son utilizables de inmediato.»

Enrique Lihn

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Por Edgar Khonde / @edgarkhonde 

En el sentido burdo de la imaginación poética, Enrique Lihn representó quizá el lado artístico de Dios. Con su lenguaje teológico y estético, obcecado e ilimitadamente longevo, el poeta chileno trazó poemas que eran una sola línea pausada por versos, como si quisiera ser eterno. Una copia de la eternidad de un hipotético dios.

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Enrique Lihn fue todo lo que se puede hacer con la escritura incluyendo al dibujo. Y se iba a dedicar a este último —ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, para estudiar pintura— hasta que fue acuciado por la indeterminación artística. Creció en un contexto plástico: su abuela había sido violinista y uno de sus tíos era profesor de dibujo. En la escuela coexistían escritores y pintores y de esos instantes académicos Lihn recordaba que veía en sus trazos y formas ilustraciones de textos no escritos. Sus dibujos eran literarios.

Poco tiempo después de abandonar el colegio, Lihn idearía el Quebrantahuesos junto a Nicanor Parra, Alejandro Jodorowsky y Jorge Berti. El Quebrantahuesos era un collage gráfico y verbal sobre una cartulina, formado con recortes de periódico —encabezados e ilustraciones—, para construir frases insólitas, nuevas, y que violentaban la sintaxis del lenguaje.

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LA PIEZA OSCURA

Aunque Enrique Lihn publica dos libros, Nada se escurre (1949) y Poemas de este tiempo y de otro (1956), es hasta el tercero que reconoce la unidad poética de su obra: La pieza oscura. (…) siempre vuelvo a colocar necesariamente «La pieza oscura» al centro de mis lecturas o conversaciones sobre mi poesía. También me sirve para precisar mi idea de la relación entre la memoria y el lenguaje poético (…).

En «La pieza oscura» (el poema da título al libro) Lihn recurre a la infancia. De ésta rescata la memoria. A través del texto, presentado en cinco estrofas, con versos irregulares, confronta la reconstrucción de los recuerdos que posiblemente sólo existan con y para la escritura. Dice el autor en una entrevista que le concedió al poeta y ensayista Pedro Lastra:

(…) se trata de un poema mucho más escrito que oral, en el sentido en que hemos estado hablando, donde tiene una importancia mayor el juego de correspondencias microtextuales, la textura. La anécdota que suscita este discurso podría haber motivado también un cuento o una novela. En otras palabras, yo terminé por instalarme con ese libro donde ya no hay poemas que no se propongan algún tipo de concreción— en lo literario (…).

«Lihn pertenece a un territorio cero donde no se trata de viajar por el mundo sino de una respiración y una forma de vida que encuentra en el Kafka que no quiere salir de su habitación.» Luis Thonis

Su poesía; su discurso poético; su poética; el extrañamiento del lenguaje que logra con el largo aliento de los fragmentos textuales, como si dispusiera rieles o raíles en el radio del lector —alrededor suyo—, para dislocar la percepción que sobre la lengua se tiene, y sobre la escritura misma; su afición a la muerte que termina con el ciclo de la lengua, porque cada individuo tiene un lenguaje propio y se condena a la extinción; su incertidumbre con la escritura que más que una falta es un puente tendido entre una estructura verbal y su articulación.

Para Roberto Bolaño Lihn fue el mejor poeta de su generación. No sólo en Chile sino en Latinoamérica. La libertad fue fundamental para su quehacer literario. Batman en Chile —prohibida en su país— es una novela psicológica en la que indagó las tensiones políticas de su contexto y con la que se aparta, también, narrativamente de su generación: la del 50. La libertad de usar un arquetipo popular para decir con su escritura lo político se muestra en esta obra.

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LA MUERTE EN DOS POEMAS DE LIHN

Lihn dijo que probaba con la escritura, con el lenguaje; que había cierta incertidumbre cuando se trataba de las palabras. Hay dos poemas que son una línea de la vida, que comienzan y terminan con la muerte. «Porque escribí» y «Monólogo del viejo con la muerte».

En ambos se recrean y consignan gestos y detalles cotidianos que marcan el acento en lo profano: Porque escribí no estuve en casa del verdugo/ ni me dejé llevar por el amor a Dios/ ni acepté que los hombres fueran dioses/ ni me hice desear como escribiente. La escritura es entonces un artificio del hombre. La poesía no concede nada a lo divino. Lihn contó en alguna ocasión que su abuela, con la que creció, era una devota del lado estético de Dios —(…) la morosa observación de la puesta del sol la inducía a señalarme que esa belleza natural era prueba fehaciente de la existencia de Dios.—, y que trato de inculcarle eso a sus hijos y luego a él. Tal vez por esto la vida  y la muerte son incluso actos «vulgares»; cosas que simplemente suceden:

Y bien, eso era todo. Véase Ud. de viejo
entre otros viejos de su edad, sentado
profundamente en una plaza pública.
Agita Ud. los pies, le tiembla un ojo,
lo evitan las palomas que comen a sus pies
el pan que Ud. les da para atraérselas.
Nadie lo reconoce, ni Ud. mismo
se reconoce cuando ve su sombra.
Lo hace llorar la música que nada le recuerda.
Vive de sus olvidos
en el abismo de una vieja casa.
¿Por qué pues no morir tranquilamente?
¿A qué viene todo esto?
Basta, cierre los ojos;
no se agite, tranquilo, basta, basta.
Basta, basta, tranquilo, aquí tiene la muerte.  

Enrique Lihn vivió en Chile durante la dictadura pinochetista, y sólo lo dejó para tener estancias cortas en otros países. Fue tachado de colaborar con el régimen y de no colaborar con el régimen. En el oficio de poeta le tocó departir con Jorge Teillier, otro poeta chileno. Diario de muerte —otra vez la muerte— fue publicado póstumamente, como prueba fehaciente de que escribió hasta el último momento, antes de ser derrotado por el cáncer.

Con Lihn —dice otra vez Bolaño— «queda la extraña sensación de que la literatura ha estado a la altura de la realidad.» 

“BAJO NINGUNA BANDERA”

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Enrique Lihn nació en Chile en 1929 y se le consideró parte de la Generación del 50. Murió el 10 de julio de 1988. De 1949 a 2006 —se incluyen obras póstumas— se publicaron, entre novela, poesía, cuento y ensayo, más de 40 obras suyas. Aparte de su faceta narrativa y poética también desarrolló la crítica, la dramaturgia, hizo videos y perfomances.

Federico Shchopf, poeta chileno, ha dicho en el 80 natalicio de Lihn: «Lihn fue muy ninguneado durante su vida. No sólo por razones de competencia literaria, sino por la incomodidad que producía su figura en el mundo de la cultura, debido a que operaba, como él mismo decía, “bajo ninguna bandera”. Era como un suicida capaz de decir lo que pensaba al margen de las consecuencias que eso podría tener. Para la mayoría de quienes lo elogian hoy, era un pesado. A mí me gustaba porque decía lo que pensaba. Habían muchas disputas en esa generación.»

«¿Merecimos los chilenos tener a Lihn? Esta es una pregunta inútil que él jamás se hubiera permitido. Yo creo que lo merecimos. No mucho, no tanto, pero lo merecimos.» Roberto Bolaño

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