LUIS CANDAUDAP

¡Algarabía por Luis Candaudap!

 

Por Pablo Anduaga

Pablo Anduaga (PA): Usted es oriundo de Bilbao, ¿por qué esta ciudad concentra gran parte de la actividad pictórica en España, cuánto ha influido en usted?

Luis Candaudap (LC): El País Vasco, cuya capital artística es Bilbao, más que la pintura tiene una nueva generación de artistas vascos, la pintura que ahí se hace está más conectada con el mundo europeo, voy a ser mal y voy a decir que Europa acaba en los pirineos (risas), siempre la facultad de Bilbao se ha distinguido de la Madrid y Sevilla, incluso de Barcelona (la cual tuvo dos vertientes dentro de su mundo cosmopolita, la académica y la moderna, muy enfrentadas) pero en Bilbao desde sus inicios (quizá por sus asuntos más político-social) fue orientada hacia nuevas formas y no hacia la Academia. Se identificaba más con un pseudocanon y un franquismo, si así queremos verlo, no es exacta la palabra pero tanto lo político y lo social vaya que hicieron mella con referentes más hacia Alemania, Francia, quizá América que hacia los pintores más de la Academia. Yo me eduqué ahí.

PA:Se le reconoce como un experimentador dentro del campo de la pintura, ¿de dónde viene esa inquietud? (buscar nuevas alternativas)

LC: No hay un programa, vamos a echarle la culpa al carácter, el cual es muy importante, a la educación, la cual en mi caso fue muy desastrosa en pintura, como en muchas facultades nos educamos más por los compañeros que por los profesores, pero los referentes que caían era de una pintura de acción, quizá de improvisación, de una pintura que si bien tenía unos parámetros de entrada, los referentes consistían en que en los 80´s hubo revival de la pintura, se empezó a pintar de otra manera pero se comenzó a hacerlo, antes había estado relegada o muerta, esas muertes que se dan en la pintura cada “X” tiempo, y la experimentación era la materia de uso nuestro. Yo tiré por ahí porque soy muy disperso, me centro muy bien del cuadrilátero hacia dentro, es el contracuerpo del pintor de siempre pero llevado hacia la experimentación, no en materiales pues el procedimiento no me importa tanto, el procedimiento es algo que le importa mucho a la Academia, es el cómo está hecha la cosa, qué tiene, la técnica… para mí la técnica va por otro lado, va por el lado de la invención, de cómo juntar las imágenes, por ese lado se me hace muy moderno, en parte sí que vengo del cine, cómo mezclarlas y cómo romperlas. La fractura, el collage… me puedo coger ese adjetivo de experimentador nato… o ciego.

PA: En el mundo de la pintura abstracta la forma se aleja del espectador, con usted, sobre todo en sus obras de gran formato (H&H El hambre y el hampa, Pablo o Descanso en la Huida a Egipto por ejemplo) , vemos historias y gran dinámica sin caer en lo ilustrativo, ¿Cómo inicia los temas que va a pintar?

LC: Me alegra la pregunta porque ahora mismo es mi tema, es difícil, hace 5 ó 6 años hice un giro al introducir figuras reconocibles, más verosímiles pues antes no preocupaba tanto, pero como uno trabaja con el mundo es utópico y muy gordo… o gordísimo, pues estaba obligado a trabajar con lo que hay y con lo que veo, no para celebrarlas tampoco para denunciarlas que creo que es algo que detecto que aquí (México) es importante, sino para celebrar la pintura y no para centrarme en el qué significa esta figura que has puesto, sino para que al juntarlas suceda algo que no es esa figura, que el significado se tiene que dar de otra manera, por cómo se ponen las cosas, cómo se da y por una reivindicación de cierta… materialidad de la pintura, no soy un pintor que lleva una coherencia respecto a una serie, a una forma, a una evolución de un lenguaje, no creo en nada de eso, vamos ni siquiera creo que la pintura sea un lenguaje, no creo que la pintura comunique en el sentido de cómo comunican las palabras, éstas son una cosa y la pintura otra.

PA: Hoy en día España vive momentos turbulentos, ¿qué le puede dar el pintor y su obra por sus habitantes, qué peso tiene el arte en situaciones de apremio social?

LC: Es amplio y difícil, no sé qué le puede dar, desde el momento en que hablamos de que nadie se para mucho tiempo frente a una imagen… vamos a decir que la pintura es analógica frente a las cantidad de imágenes que son digitales, y ahí hay un punto importante por lo menos para el practicante, pues le salva la vida, y hacia el espectador no sé qué le puede dar, quizá que el que se agarre en ella puede emocionarse y aguanta, pero el pintor no puede ir más allá de su cuadro, es complejo, hay pintura que llaman expandidas, que salen al muro, que por urgencia y presión haya que llevar la pintura fuera de sus límites, eso lo entiendo bien, pero te diré que el objeto cuadro, como fetiche y cosa burguesa es una cosa pasada, yo admito que pinto del cuadro hacia dentro y no tengo más tiempo para preocuparme de ese tipo de invención, por eso digo que celebrar o denunciar obedece más a escampar la pintura, lo otro es una práctica muy solipsista, muy íntima (sin regodeos místicos) es una práctica de reflexión, muy silenciosa, muy difícil, muy dura y precisamente muy solitaria porque cada vez la audiencia se merma más. Lo que le puede dar al espectador es la rareza de un monje por decirlo así, sin hablar sobre religión más allá del momento emocional que te puede dar un cuadro. La pregunta es difícil porque es la del millón, es la conexión entre el arte y el pueblo y eso es un misterio.

PA: ¿Cómo definiría su experiencia entre el acrílico y el óleo, sus dos grandes herramientas?

LC: Hace ya unos 15 años cogí el óleo como material más interesante porque me oferta asuntos fallos, absolutas caídas, absolutos caminos de encrucijadas y balbuceso porque el óleo es aceite, tarda más en secar, es un personaje nervioso. Todo mundo tiene muchos lados pero llegué a dominar tanto el acrílico (suena mal que lo diga) que ya sabía como iba a dar, tiempo de secado, cambios de color, barrido, presiones… sabía que estaba haciendo el cuadro siguiente con el material dejado del anterior, con el óleo no me pasa eso, me caía constantemente y me sigo cayendo, es más difícil y por eso más importante, me da más aperturas, me da más tiempo de variabilidades, y puedo actuar más con mi cansancio, digamos que el óleo me oferta la oportunidad de errar y eso es importante para un pintor.

PA:En las nuevas generaciones de pintores hay una revalorización del dibujo, ¿para usted qué tan importante es el dibujo?

LC: Sabes qué pasa, las categoría nunca me han gustado, ¿qué es dibujo, qué es pintura, qué es escultura? yo pinto dibujando como por ejemplo Picasso, aunque él ya nació dibujando, es un fauno, es una cosa aparte, pero cuando Picasso pinta el dibujo está asumido, es un dibujante de color, de hecho el color en Picasso no es tan importante, pero acierta porque no tiene problemas. Yo no separo tanto dibujo de pintura, sí dibujo mucho pero para mi el es el que hago en pequeñas libretas como recogida experiencial del mundo, rápidos, inmediatos y de ahí no van a pasar cual calca a la obra. Cuando yo pinto no estoy llevando los bocetos al cuadro, no creo en el boceto, es nimio, el dibujo es importante en relación del hasta dónde llega el rojo por ejemplo, la napa del rojo, pero no sé cómo va a quedar, es completamente insospechado como va a quedar ese dibujo en rojo en el cuadro. No lo diferencio entre ambos, sí hay una manera de aplicarme en pintura cómo hasta dónde llega el color y sí vamos a cogerlo por los pelos eso es dibujo, pero sí es importante la plástica. Llamo dibujo a la contención del color hasta dónde llega, hasta dónde lo cojo, hasta dónde llego con él, pero está tan mezclado con la masa, con la materia colorística, que es como un puñetazo en el ojo, no sabes hasta dónde llega, llevo todo a la vez, tengo metodologías de tener pequeñas libretas escondidas que saco alguna vez pero nunca es un paso real.

PA: A usted se le considera parte de una generación importante de pintores españoles de los años 90, una etapa histórica abierta al cambio, en una retrospectiva qué ha cambiado de ese entonces a la actualidad en Luis Candaudap?

LC: Basicamente lo que me ha hecho dar un giro dentro de ese parámetro tan parco que es del cuadro hacia adentro (siempre he permanecido ahí) es el tema de la ilustración, que el mundo ya es algo que se lee, desde el vaso de agua hasta la pintura, lo que ha cambiado es que en el mundo ya no se habla de pintura sino de metapintura. Es un problema porque esa cosa analógica de la pintura que todavía se mantiene, que no se pierde, que tiene que ver con la presión de mi mano o como llevo las cosas y las extiendo, la parte física del tema,  una reivindicación de eso es lo que se ha enfrentado a una figura muy reconocible. Lo que ha cambiado es de una alegría del “voy y pinto” a dar una condescendencia a voy introducir cosas que creo tiene que ver con la ilustración para ver si los puedo desbancar. Tengo un pequeño malestar con mis últimas obras en el sentido de que estoy quizá… cediendo… o teniendo una intención en pintura y para mi eso es algo que no se debe hacer pero ahora mismo no puedo hacer otra cosa más que intentar aclararme respecto a qué es eso de la ilustración en la pintura y hacerlo ver como lo puedo manejar en pintura para logara que sea pintura, pero es una batalla de significados que me está confundiendo mucho y es cuando intento sacar el cuello, pues es un tema difícil, ha cambiado eso, la incorporación de figuras, no porque me gusten sino porque quiero ver que esas figuras tengan un punto de verdad, no sean menos relleno, menos reproducciones, menos qué significa, es un trabajo contra la palabra, contra eso de que se lee todo y una pintura no hay que leerla, es una batalla muy dura, David contra Goliath, que es un campo de actuación molesto para mi porque todo el tiempo estás todo el rato defendiendo al arte, la gente te pregunta “¿dónde está el arte?” y les respondo “¡se fue por allá! ” cuando realmente lo tienes escondido en el armario (risas), no hay tiempo para que celebres el arte o tiempo para que sea algo excelente, la excelencia se ha perdido.

PA: La pintura mexicana ha abierto mucho su abanico de posibilidades y poéticas superando hace tiempo el nacionalismo mexicano, ¿en este breve tiempo en nuestro país, qué obra ha llamado su atención de pintores mexicanos?

LC: No he tenido mucho de verlo en directo, llevo dos semanas y media aquí. Sí tengo nociones del muralismo que es la carta de presentación de México en el mundo, empezando con Ribera, el Picasso mexicano por el personaje, por su personalidad y formación en Francia que lo influyó muchísimo (no hay que olvidarlo), gran dibujante. Vi los Orozcos y me desencantó Siqueiros aunque aún no he visto lo fuerte de su trabajo. Hablando de los muralistas me parece Orozco el gran pintor, Ribera el gran dibujante, Siqueiros el experimentador en materiales, el gran cartelista. Orozco me ha convencido al ver sus murales pues logra darte una impresión total del cuadro para después irse a lo particular, sin esa exageración del “cartel social” que tiene Siqueiros, el cual es muy perverso. Mi corazoncito actual (que es muy actual) y que sobrevive mejor es Orozco. Quitando a los muralistas sé que hubo una generación de ruptura, más endógena, muy importante y no sé hasta qué punto olvidada o semiolvidada por el momento social que vivió aunque las referencias nos llevan al abstracto norteamericano, más puro, y que también quisieron matar al padre, a los muralistas. Sé que la onda ahora va por otro lado, universalmente la pintura está muy bien porque está muy olvidada, es como decir “soy médico y está África que es una perversión” entonces hay razones para que haya medicina. Pasa lo mismo con la pintura. Ahora mismo no te puedo decir pintores que me hayan sorprendido pues no he visto mucho, creo que sus artistas más punteros no son pintores, aunque tienen algunos que despuntan en México, sé que hay una onda figurativa muy fuerte que está recuperando temas mexicanos, pero digamos que para mí el tema es la parte menor de la pintura, y lo digo de corazón, siento que aquí el tema es muy importante, el qué, la figura, la gente necesita figuras y México es un país de figuras o así lo voy sintiendo, creo que lo popular aquí es muy fuerte, lo reconocible da una urgencia y aquí la gente ya las tiene y las figuras los calma, empezando por la Guadalupana hasta la más moderna que quieras pero que sea el tema, que sea reconocible, es esto o es el otro…

PA: Buen campo para publicistas…

LC: …es el gran peligro, la publicidad es lo más bonito del mundo pero es absolutamente carente de piedad.

PA: Sabiendo que la pregunta es chocante por su cariz esquematizante ¿Qué planes tiene para el futuro?

LC: Yo soy un poco… un gilipollas en el sentido de que nunca me ha preocupado, siempre he estado con la cabeza metida en el cuadro, he sido un pésimo publirrelacionista y ahora he tenido que serlo porque con la antología* de tres años que he hecho *(magna expo en Sala Rekalde) tengo más publicidad de cara a venir aquí para mostrarme con galeristas y agentes, pero no tengo proyectos, mi proyecto actual es mi proyecto último y ese ha sido venir aquí a montar esta expo en Estación Coyoacán en colaboración con Casa Galería. Después de esto no tengo nada más que seguir pintando y ver qué. Pertenezco a una generación que sólo muestra sus cosas cuando las ha terminado. Cuando considero que he terminado entonces es cuando busco a alguien para enseñárselo, no busco primero la exposición y luego me dedico a ello, quizá estoy equivocado, igual no funciona así… cómo me decía un estudiante “sino me dan la beca no investigo” bueno pues puede ser… yo pienso de otra manera y si tuviera ofertas pues daría a ello pero como no las tengo yo sigo. La palabra clave es programático, incluso en su semántica pro – grama, adelantar la letra…. Yo no trabajo así, los experimentos se quedan en casa a pesar de que ahora hay una fuerte tendencia a enseñarlos, mostrar la vida íntima del personaje, cómo es lo escondido del artista, lo que nunca se quiso enseñar pero muerto se muestra hasta los calzoncillos, hay que ser selectivo. El mundo no está para bromas, si uno considera que lo que tiene es un pulido, (hablo así por mi forma de trabajar) debajo de un cuadro mio hay ocho anteriores a la posición final al igual que si excavas aquí sale una figura prehispánica, es un trabajo de capas, de cebolla. Cuando se enseña una cosa lleva un vistobueno aunque no esté seguro  de que esté terminado y tenga mis dudas, tengo la intuición de que es hora de mostrar el cuadro y es cuando lo saco. Debajo de él hay muchos sepultamientos y trabajo muerto. Esa última capa es la que habla y considero la actualidad del momento.

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