Contar la historia no para convencer a los demás sino para conmover a los muertos. Después de conocer que una tribu contaba con este propósito, la idea y el concepto de escribir con esa intensidad permearon desde entonces la escritura y la mente de Eloy Tizón.

Él no escribe buscando premios, fama, idolatría, dinero o como un juego, escribe con el deseo de intentar lo imposible, de conmover a los muertos como aquella historia que hace año leyó. Intenta en cada página en blanco frente a él lograr esa labor con sombra de trascendencia, de permanecer, de dejar una huella honda y romper con la barrera del tiempo.

Tizónes columnista, profesor de literatura, editor y autor de las obras La velocidad de los jardines, Técnicas de iluminación, Parpadeos, La voz cantante, Labia y Seda salvaje. Ha consagrado sus fuerzas a la literatura, a una pulcra y meticulosa utilización del lenguaje y a ese afán de lograr conmover, de hacer algo místico, universal y trascendental de la escritura.

Sus obras son piezas que han logrado trascender el paso del tiempo y pese a que aparecieron hace decenas de años, siguen vigentes en la mente de los lectores. Eloy Tizón logró crear un nuevo paradigma en el cuento, es uno de los escritores que logran cambiar el modelo establecido del cuento y que irrumpen con su escritura diferente y meticulosa que antepone el lenguaje en cada una de sus propuestas.

Apuesta por la literatura, con una propuesta de calidad literaria que se contrapone a la oleada de propuestas planas y superficiales, las propuestas de Tizón son entrega pura al lenguaje, son esfuerzo, dedicatoria y pasión a la palabra y al cuento. Él ha logrado con esto su cometido: hacer realese rumor que tanto lo impactó, el de contar o escribir para conmover a los muertos, pero también a los vivos.

 ¿Cómo inició tu amor por la literatura?

Yo leía mucho. La literatura es un veneno que se te va metiendo poco a poco, va ocupando más terreno y así surge el germen de una vocación literaria. Poco a poco y no demasiado deliberado, te gusta escribir, lo haces cada vez más, profundizas y cuando te das cuenta estás metido en todo esto. Considero que mi primer libro con una apuesta seria fue velocidad de los jardines y lo escribí entre los 23 y 27 años. Fue un periodo de muchos cambios y muchas transiciones.

Con todos estos años dedicándote a la literatura y desde que fue la primera publicación de La velocidad de los jardines ¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de todo?

Tengo una visión positiva de la literatura, no la veo como un inframundo. Me ha dado muchísimo porque es un vehículo de expresión en el que me he encontrado una manera de estar en el mundo. Para mí no es un adorno ni un capricho, es como yo quiero estar y lo que quiero hacer.Yo creo que la literatura es una lucha, siempre habrá bastantes obstáculos, pero para mí es más lo bueno que puede dar que lo malo.

En una ocasión comentaste que la escritura es una mezcla entre intuición y análisis…

Esa es mi idea y el título de mi último libro Técnicas de iluminaciónes un poco eso, esa dualidad. Por un lado, está lo racional que es importante a la hora de escribir porque hay que ordenar, estructurar y hay una parte pensada de la escritura. Pero también está lo intuitivo, de lo que se habla menos porque es más incontrolable y tiene que ver más con la visceralidad. Esta parte tiene mucho de impulso, de sueños, de lo emocional. que estén en los textos. Creo que es muy importante que los dos aspectos estén presentes en la escritura.

¿Qué te permite el cuento como género?

Concentrar toda la fuerza en un punto determinado. La novela abarca mucho más pero quizá sin esa rotundidad del puntero láserque es tratar justo un punto. Además de que el cuento tiene ese aspecto vertiginoso, de acertar o equivocarme por completo. Estas en la cuerda floja y a mí me gusta eso. En el cuento hay muchas cosas que no me esperaba, es totalmente sorpresivo.

Para ti ¿qué es lo más importante en un cuento?

Yo no tengo una noción fija del cuento. Creo que el género se presta a eso, no a la improvisación sino a la flexibilidad. Creo que no hay que hacer demasiado caso a las normas, si conocerlas, pero la propia escritura te impulsa a hacer cosas que van en contra de las reglas. Aunque tú sepas que esto es lo que no se debería hacer según los manuales de teoría literaria, tú sientes que hay que hacerlo para ser honesto y fiel con la historia.

Para mi ese sería el mandamiento único. Hacer lo que te pide realmente la historia, aunque vaya en contra de la naturaleza normativa del género. Pueden salir desastres – seguro que yo he escrito muchos desastres – pero también encuentras algo nuevo, un pequeño resquicio, algo que permita respirar, porque si no te ahogas.

A mí me gusta mucho que cuando leo algo me desconcierte. Y como lector me lleve a preguntarme ¿esto se podía hacer en un cuento? ¿es un cuento? Es algo que te zarandea, te obliga a replantearte tus propios dogmas. Me gusta la literatura que te obliga a replantear tus ideas y que genera preguntas y dudas.

Creo que tus obras son una apuesta total a la literatura y que tienes un excesivo cuidado con el lenguaje que nos presentas en tus libros …

Los argumentos, la construcción de las tramas para mí tienen un interés relativo, porque creo que es lo que te permite sostener de un posible lector pero que en realidad el trabajo de fondo está en la capacidad metafórica del lenguaje. Yo no escribo para contar una historia, no es lo que más me interesa.

Contarla me sirve de percha para desarrollar otras cosas que me interesan mucho más, como es el trabajo con el lenguaje, el encontrar la línea melódica del texto, que fluyan las imágenes, las metáforas, eso es lo que me apasiona. A veces lo que uno recuerda de un texto son ciertas imágenes, ciertas frases que han golpeado, eso es lo que aguanta el paso del tiempo. Una determinada combinación de palabras, el pensamiento que puede haber detrás, que se revela algo de la condición humana. Esa sería para mí sería la finalidad de la escritura.

Tu más reciente libro Velocidad de los jardines se ha reeditado luego de decenas de años ¿qué significa para ti? ¿cómo ha madurado tu escritura?

Ha sido una sorpresa porque se publicó hace 25 años y fue un libro bien recibido en la crítica, pero con pocas ventas. Es muy literario, no es de entretenimiento, creo que exige un lector cómplice, y no estaba previsto que fuera una obra con una vida tan larga. Fue una conspiración de lectores que han pensado que podría ser interesante lo que decía ese libro, los que lo han conseguido mantenerlo vivo. Páginas de espuma propuso reeditarlo, yo lo digo con mucha alegría y agradecimiento por este pequeño milagro.

Ahora al releerlo, me doy cuenta de que, tiene todos los excesos propios de un primer libro, con es ansiedad de querer demostrar que uno es escritor y sobrecargarlo de literatura. Ahora hay cosas que no me permitiría, sería más austero. Diría que cuando lo escribí pesaba más lo leído sobre lo vivido, pero ahora pienso que se han igualado. Por otro lado, lo veo como un efecto del libro que le da algo de particularidad. Creo que hay una cosa de amor a la literatura que al lector le llega. No es un libro que pretenda dejar testimonio histórico o abarcar cierto contexto social, sino que hay mucha literatura. Quizá eso envejezca mejor, porque no depende tanto de una coyuntura determinada, está puesto en el lenguaje el protagonismo.

¿Qué hay de la fidelidad como escritor?

Yo creo que es necesaria, es como tener un compromiso personal que no le interesa a nadie más que a ti y a unos cuantos más. Pero es importante para ti hacer eso y en cierto modo justifica tu biografía. Yo el tiempo que paso escribiendo no lo considero perdido, solo puedo estar agradecido con la literatura porque llena de sentido mi vida. No me imagino sin literatura, me faltaría un asidero, es algo de lo que yo me he agarrado.

He sido terco. La literatura necesita terquedad. Yo no me desanimo. La escritura es un ejercicio contra el desánimo. Hay días que a uno no le apetece, o recibe una mala noticia o se ha desanimado, pero mantenerse fiel a esto durante varias décadas, es toda una labor.

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Jaqueline Pérez-Guevara

Jaqueline Pérez-Guevara

Chihuahua, 1993. Periodista y gestora cultural.

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