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Por: Felipe Castillo
Fotos: Felipe Castillo

Son contadas las ciudades en el mundo con una historia tan rica como la de Berlín, que en poco más de 50 años logró sobreponerse a dos de los acontecimientos más relevantes de la historia moderna: la 2da. Guerra Mundial y la construcción del muro. Hoy en día, la capital alemana aún guarda aquellos recuerdos que marcaron su pasado, combinándolos en una nueva era compuesta por una gran diversidad cultural y un sistema que funciona mejor que el de la mayoría de las ciudades más importantes. En un mundo en el que la gente parece interesarse sólo en lo que llevas puesto, en dónde trabajas o en cuántos seguidores sumas en las redes sociales, Berlín se ha convertido en el refugio ideal, que alberga a millones de personas de distintas partes del planeta con un solo objetivo: vivir la vida.

Según datos del último censo de población, uno de cada cuatro habitantes (de los más de 3 y medio millones que viven actualmente en la ciudad) proviene de otro país o es descendiente de inmigrantes. De esta cifra, cerca de mil personas son de nacionalidad mexicana; paisanos que, por distintas razones, decidieron cruzar el Atlántico y adoptar Berlín como su nuevo hogar.

Estando fuera del país uno puede extrañar muchas cosas, como la familia o los amigos, pero nunca nada más que la comida. Afortunadamente, los restaurantes mexicanos se han convertido en una moda en Europa, y no me refiero a aquellos lugares con margaritas al 2×1 después de las 17.00, donde apenas al abrir el menú lo reciben a uno con un caluroso “bien vienido”;  si no restaurantes hechos por mexicanos con la idea de mostrar lo que en realidad es la comida de nuestro país.

Uno de ellos es Joaquín Robredo; sinaloense, egresado de Derecho: llegó a Berlín hace nueve años con la intención de estudiar una maestría. “Las cosas no fueron fáciles al principio”, menciona Robredo, quien decidió abandonar su plan original por las dificultades que representaba el idioma. Hoy, el hombre originario de Culiacán responde al teléfono con un alemán más que fluido mientras se sienta a la mesa de uno de sus dos restaurantes.

Todo comenzó hace tres años en un pequeño local ubicado en el distrito de Kreuzberg, una zona que se caracteriza por su gran número de habitantes extranjeros y restaurantes de döner kebab, donde con la ayuda de una pequeña estufa de dos quemadores, Joaquín aprendió a hacer tortillas, porque como él dice: “¿quién chingados tiene la necesidad de hacer tortillas en México?”. Fue así como nació el primer Ta´Cabrón, un lugar en donde por menos de 10 euros se puede comer auténtica comida mexicana: tacos de cochinita pibil, enchiladas verdes, tostadas de tinga, tamales y otros platillos hechos como en casa.

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Pareciera que fueron los primeros meses los que dieron origen al nombre del lugar, ya que durante este tiempo Joaquín no sólo tuvo que lidiar con la difícil tarea de manejar un restaurante sin la ayuda de nadie, sino también con el hecho de que otros mexicanos comenzaban a llegar a la zona con la misma idea, algo nunca antes visto en la ciudad. Esta situación provocó que la gente volteara a verlos, a tal grado, que el New York Times y los diarios más importantes de Berlín comenzaron a escribir sobre este suceso, un verdadero boom. Actualmente Robredo cuenta ya con un nombre y junto a su hoy socio, Francisco Franco, ha abierto una segunda sucursal del Ta´Cabrón; sin embargo, esto no hace que pierda de vista su verdadero sueño: mudarse a una playa de su ciudad natal y construir casas de madera.

Cuando estás en Berlín, tienes la impresión que el tiempo funciona de manera distinta, como si los días y las semanas no tuvieran un principio ni un fin. Si Nueva York es la ciudad que nunca duerme, Berlín es la ciudad donde tú nunca duermes, especialmente por la infinidad de opciones y lugares. Gracias a un grupo de amigos mexicanos, Berlín ya cuenta con su primera mezcalería 100% mexicana llamada Mercado San Cosme. La idea principal, como ellos dicen, es mostrar algo más parecido a lo que se puede encontrar hoy en día en México, evitando el cliché de las máscaras de luchadores, los sombreros y esos objetos que provocan más sentimientos en la gente de otros países.

La especialidad de la casa es, por supuesto, el mezcal, importado directamente desde Oaxaca. Además de la forma tradicional, servido en un vaso de boca ancha y acompañado con un trozo de naranja, Mercado San Cosme ofrece distintas combinaciones de esta bebida de agave, como el mezcaltonic (mezcal + tonic) o el agua loca (mezcal + aguas frescas). Como lo indica el nombre, el concepto del mercado tradicional de México se encuentra presente en el lugar, que funciona también como un espacio para que aquellos artistas mexicanos con propuestas interesantes puedan vender sus obras.

Con apenas poco más de tres meses de existencia, Mercado San Cosme fue la sede de un evento que contó con la presencia de Gael García y Diego Luna, quienes se encontraban en la ciudad con motivo de la Berlinale. Esto, por supuesto, llamó la atención de distintos medios que se dieron cita en el lugar donde la fiesta, con barra libre de mezcal incluida, duró hasta altas horas de la madrugada.

Los tiempos cambian, así como los lugares, y Berlín es hoy por hoy el lugar para estar, sobre todo si eres mexicano. La gran libertad que se respira y la presencia cada vez más común de sitios donde ofrecen justo lo que más extrañas, hacen de esta ciudad un destino perfecto para visitar. Sí, el idioma es complicado y eso es algo que nunca va a cambiar, sin embargo, después de unos tacos y un mezcal, lo único que te interesará saber es cómo se dice ¡Viva México! en alemán.

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