Por Mónica Galván / Curadora independiente
Foto  websta.me/n/dangep1

Vicente Rojo (Barcelona, 1932) llegó a México en 1949. Con 17 años, formó parte de una generación que se encontraba en proceso de retomar la tranquilidad arrebatada a causa del conflicto que diez años atrás puso en pausa sus vidas.

La Guerra Civil Española (1936-1939) llevó a miles de españoles a México. La terrible intolerancia impuesta por el régimen franquista obligó a intelectuales, obreros, artistas y familias enteras a embarcarse en la travesía por ultramar en busca de paz. Se estima que llegaron cerca de 25 mil refugiados entre 1939 y 1942. Y el padre de Rojo fue uno de ellos. Una vez establecido buscó repatriar a su familia, incluido Vicente, quien no vislumbraba el papel que jugaría en el medio cultural y social del país al que llegaba.

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Un elemento primordial en la formación artística de Vicente Rojo es Miguel Prieto, pintor y diseñador también exiliado, que apoyó al joven recién llegado aceptándolo como asistente en la oficina de ediciones del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Maestro y aprendiz se encontraban en un contexto en el que el diseño, y particularmente el diseño editorial, no se pensaban como disciplina.

Ésta y otras apreciaciones sobre la herencia, formación y antecedentes del diseño editorial en el país se observan con profundidad en libro Diseño antes del diseño. Diseño gráfico en México 1920-1960 (editado en 1991, y en el que Vicente Rojo participó activamente). Por supuesto que había un rastreo de la estética desde la Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes; pero el diseño, entendido como ahora lo entendemos, tuvo inicios azarosos; sorteó múltiples limitaciones tecnológicas y económicas.

México no atravesaba una guerra como en España; no obstante, se presentaban conflictos debido al proceso de formación de la nueva nación postrevolucionaria. El país estaba en paz, pero se resentían los años de zozobra. Los inversionistas comenzaban a tener confianza en la capital, y la tecnología empleada en Europa —referente inevitable de ciencia y tecnología— llegaba a cuentagotas.

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Quizá estas “limitaciones” fueron incentivos creativos para Miguel Prieto y Vicente Rojo. Era necesario buscar soluciones y a Prieto no le era ajeno trabajar en situaciones complicadas; incluso en plena guerra española pudo ilustrar o editar revistas culturales como El Buque Rojo o el Ejército del Ebro. Una vez en México fortaleció su carrera de ilustrador, escenógrafo y editor, experiencia que lo llevó  a dirigir la oficina de ediciones de Bellas Artes, a donde llamaría al joven Vicente.

México no sólo se ofreció como un espacio seguro para los expulsados, los esperanzados o los aventureros: se presentaba también como un lienzo para iniciar y crecer, conjuntamente. Y así fue.

Una vez concluido el periodo de aprendiz, Vicente Rojo se mantuvo activo en el ejercicio editorial, actividad que conjugó con su quehacer artístico en pintura (ejercicio que desarrolló una vez obtenida la nacionalidad mexicana.) Ambas facetas se complementaban, pero a juicio del artista existía una separación: “Dos caminos que aunque son paralelos, en realidad van en direcciones opuestas: la parte editorial la proyecto hacia fuera de mí y la parte pictórica cada vez más hacia adentro”, comentó a Margarita García Flores en entrevista para la Revista de la Universidad de México, en julio de 1969.

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Enmarcado en el pensamiento crítico de la época, Rojo fue socio y cofundador de Ediciones Era, y colaboró con Octavio Paz en dos proyectos: Marcel Duchamp: libro maleta y Discos visuales, ambos realizados en el turbulento año de 1968. Esta colaboración detonó otras experimentaciones editoriales y estéticas como Juegos de la doble memoria (1972), Juegos infantiles (1998) y Códices encontrados transformables (2003), definidos por los curadores Cuauhtémoc Medina y Amanda de la Garza como “objetos gráficos manipulables en invitaciones e impresos efímeros, juegos”.

La contribución de Rojo también se materializó en publicaciones periódicas como la revista Artes de México (1953), Revista de Bellas Artes (1965), la Gaceta del  Fondo de Cultura Económica y la revista Artes Visuales del Museo de Arte Moderno del INBA. Con la UNAM desarrolló una relación estrecha, que inició cuando tuvo a cargo —en varias ocasiones— el diseño de la revista de la universidad, además de ser el encargado de la programación de Difusión Cultural.

Esa relación mantiene su vigencia con la muestra que presenta —desde el 23 de mayo pasado— en sus salas 1 y 2 el Museo de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM: Escrito/Pintado, selección de obras de diseño gráfico y editorial, libros de artista, series de escultura y pintura, así como dibujos que se constituyen como una carta de vida y obra del activo creador. La curaduría corre a cargo de Cuauhtémoc Medina y Amanda de la Garza, en colaboración con Marina Garone.

La primera parte de la muestra, a decir de los curadores, busca “desplegar la multitud de tensiones entre la letra y la pintura en el trabajo de Rojo de los años 60 al presente”, mientras que la segunda se presenta por primera vez la serie Casa de Letras, que el artista realiza desde 2012. “En ella se hace evidente no solo su vigencia artística sino que es la prolongación de un trabajo pictórico orientado, en los últimos años, a la realización de series pictóricas y escultóricas de largo aliento, donde se plantea reencuentro con la imagen del texto a partir de una oposición productiva entre lo escrito y lo pintado.”

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Con la serie Negaciones (las irónicas e inquietantes “T”: lienzos en diferentes medidas) Rojo se cuestiona y desestabiliza la figura del logotipo por medio de la repetición casi obsesiva. Así, el espectador es testigo de una reflexión sobre el “ser artista”. Mientras que en sus esculturas descubrimos un juego con los espacios: las letras que salen del perímetro cuadriculado y quedan posando en un material firme.

De la sala 1, que exhibe lo arriba dicho, se llega a la sala 2, donde se puede tomar asiento en una de las bancas colocadas en medio del salón, para perderse en los grandes lienzos —que rebasan los 2 metros— de las series Alfabeto vertical, primitivo y lineal, las cuales evocan mensajes ocultos, y recuerdan esa memoria que todos tenemos y queremos mantener viva; pero a la vez oculta.

Es como si las palabras estuvieran ahí, pero alguien le hubiese pasado la palma de la mano sin darse el tiempo de que la tinta secara…

Escrito/Pintado se presenta hasta el 20 de septiembre. Vaya y vea las portadas de libros que Rojo trabajó; trate de descifrar el mensaje oculto en esos enormes cuadros, o reconozca logotipos que quizá ignoraba, y que fueron realizados por este inquieto ser que no para, y que se coloca como uno de los artistas más consolidados y emblemáticos de la producción artísticas del país en la pasada centuria, y en las primeras décadas de la presente.

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