Por Edgar Khonde / @edgarkhonde

EL MAKING-OF

1

Escribo en tuiter: “¿Quieren ver el terror? Échenle una ojeada a CeroCeroCero de Saviano. Neta.” A las pocas horas me retuitean desde @robertosaviano; dudo que el periodista maneje su cuenta, probablemente algún social media revisa la red en busca de las menciones que hacen de su cliente en diferentes medios y redes sociales. A los pocos minutos de ser retuiteado, me comienzan a seguir usuarios que aparentemente proceden como bots: ninguno rebasa los diez tuits. Casi entro en pánico. En la página de dedicatorias de CeroCeroCero, Roberto Saviano avisa que no incluye el nombre de sus editores ni traductores en español por la seguridad de éstos y el temor a represalias. Imagino que un comando se aposta en la terraza del edificio donde vivo, a punto de entrar vía rapel por la ventana de mi cuarto para interrogarme por el tuit. Tengo una gran imaginación. O un desastre de imaginación. He leído sobre detenciones, persecuciones, matanzas, tráfico, fraudes, corrupción, muerte, belleza, globalización, fronteras, y aunque el escritor defiende las acciones de los gobiernos en contra del narcotráfico, me queda claro que ningún crimen sería posible sin la existencia del Estado, ejército y policía. La lectura que he hecho de “Cómo la cocaína gobierna el mundo”, subtítulo del libro, no me ha hecho más crítico del consumo o venta de estupefacientes. Sino que ha acrecentado mi temor al sistema: soy un paranoico, yo, que no cuento, que soy un de a pie, nadie.

cero-1

2

Supongo que los días se componen de sucesos, de presentes consecutivos e inasibles. Leí CeroCeroCero en tres días, lo hubiera hecho en uno o en unas horas. Una vez Rodolfo Fogwill, dice la leyenda, escribió Los Pichiciegos en 72 horas gracias a la ayuda de doce gramos de cocaína; y claro, a su talento como escritor. Otros escritores beben café o mate para mantenerse alertas, o se someten a jornadas disciplinadas: escribir tres horas al día hasta concluir un texto. Fogwill optó por mantener a raya el cansancio y potencializó su fuerza: dos jugadas en un mismo tiro. Dice Saviano que escribir sobre la cocaína es como consumirla, porque cada vez quieres más noticias, más información. Lo que un periodista encuentra es suculento y ya no se puede prescindir de ello. Me imagino que con una grapa hubiera leído CeroCeroCero en treinta o cuarenta minutos. La forma del texto es desbordante. El lector se sube a una highway y se niega a detenerse. El lector sabe que va a estrellarse a través de los párrafos y las páginas —los acantilados y las curvas—, pero no duda. Nadie quiere detenerse apenas se descubren estas líneas:

El periodista, el narrador, el realizador, querrían contar cómo es el mundo, cómo es realmente. Decirles a lectores, a sus espectadores: no es cómo pensabas, he aquí cómo es. No es como creías, ahora yo te abro la herida en la que puedes atisbar la verdad última. Pero nadie lo logra nunca del todo. El riesgo es creer que la realidad, la verdadera, la palpitante, la determinante, está completamente oculta. Si tropiezas y te caes, empiezas a creer que todo es conspiración, reuniones ocultas, logias y espías. Que nada ha ocurrido nunca como parece. Ésta es la estupidez típica del que cuenta cosas. Es el principio de la miopía de un ojo que se cree incontaminado: hacer cuadrar el círculo del mundo a tus interpretaciones. Pero no es tan sencillo. La complejidad reside precisamente en no creer que todo está oculto o se decide en instancias secretas. El mundo es más interesante que una conspiración entre servicios de inteligencia y sectas. El poder criminal es una mezcla de reglas, sospechas, poder público, comunicación, crueldad y diplomacia. Estudiarlo es como interpretar textos, como convertirse en entomólogo.

cero-2

Si para Saviano escribir sobre la coca es consumirla, el lector no se queda atrás: esnifa la lectura.

3

Ahora tengo que escribir un texto sobre un texto que describe un proceso y que lo explica: cómo llega la cocaína hasta el organismo de una persona. Cuántos kilómetros recorre, cómo traspasa las fronteras, qué manos toca; cuánto cuesta su producción, embalaje, transporte, control de calidad; en qué momento cotiza en la bolsa e invade los terrenos bursátiles de la economía mundial. No quiero que se me malinterprete, Saviano ya escribió acerca de ello, y mucho mejor que lo que se pueda descifrar en este texto. Yo escribo de mi experiencia literaria con CeroCeroCero, que resultó una experiencia cercana al terror. Como la resaca angustiante y depresiva que todo consumidor de coca ocasional experimenta al día siguiente.

“Escribir sobre la cocaína es como consumirla.”

4

El chileno me dice: “Es una droga que me seduce mucho, pero justamente la ocupo —puede parecer paradójico— razonablemente”. El chileno es un amigo que últimamente se ha aficionado a la cocaína. La llama “merca”, que supongo es uno de sus apelativos en Chile. Dice que cuando cursaba sociología lo hacía a lo Freud: se amanecía estudiando para presentar un examen con ayuda de la coca. Pero —aclara— no soy Fogwill. El chileno es escritor. No ha creado su literatura bajo los influjos de la coca, aunque le gustaría. Me extiende un dato cultural que no sé de dónde ha sacado: “Fogwill no tomaba merca para hacer el amor sino que hacía el amor como excusa para tomar merca”. Recuerdo que durante el bachillerato era peor de tímido que ahora. Me horrorizaba pararme frente a un auditorio. Mis calificaciones iban de mediocre a reprobado, y la única manera de sumar puntos, que no dependiera de mi conocimiento, era exponer un tema. No tenía que manejarlo, y ni siquiera entenderlo, tenía que memorizar un autor y presentarlo ante mis compañeros del aula de clases. Para bloquear mi inseguridad, comencé a meterme coca. Resultó. Y resultó lo que no me ha ocurrido con ninguna otra sustancia: podía mantenerme lúcido.

5

Eso sucede con la lectura de CeroCeroCero: el horror es lúcido. No puedes parpadear. Sientes que debes leerlo en silencio, en tu cuarto, a solas. La primera vez que estuve en Zacatecas no se podía enunciar la palabra “Zeta” en público, ni su plural. Comprendí que Zeta era una invocación de lo maldito, como bruja o diablo. Y día con día me acostumbre a evadir el término por medio de sinónimos coyunturales. La situación era que ya no vivía en el DF, desde donde el narcotráfico se ve de lejos. Y sólo lo comprendí en Zacatecas, que es donde comienza el norte. Saviano dice que México es el origen de todo, y quien no conoce México no puede entender cómo funciona hoy la riqueza en este planeta. Para entender la coca hay que entender México.

cero-3

6

CeroCeroCero es una historia de México y del capitalismo. El petróleo blanco permite obtener grandes márgenes de ganancia. Hace poderosos a productores, intermediarios y vendedores; a veces, con suerte unos pocos se convierten en millonarios y multimillonarios. La lucha encarnizada por el control de la sustancia, diversifica las relaciones comerciales y humanas. La lucha encarnizada se convierte en una guerra por el territorio, los medios de comunicación, de transporte, las plazas, los gobiernos, los bancos, los consumidores. Dice Saviano: “He contemplado el abismo y me he convertido en un monstruo.” La coca es el virus zombi que hace que nos devoremos unos a otros. “El abismo del narcotráfico que mira dentro de ti no es el ritual a fin de cuentas tranquilizador de la indignación. No es el miedo a que nada tenga sentido.” La cocaína es una mercancía, se compra y se vende. La cocaína no es una anomalía, cabe dentro de la norma. “El abismo del narcotráfico se abre a un mundo que funciona, que es eficiente, que tiene reglas.” El narcotráfico es posible dentro del mundo, porque el mundo es en sí un abismo: “La coca la consume quien ahora está sentado a tu lado en el tren y la ha tomado para despertarse esta mañana (…) Si no es él, es el cirujano que está despertándose ahora para operar a tu tía y que con la coca es capaz de abrir hasta seis personas en un día (…) Si no son ellos, entonces es el pescadero que se luce arreglando el pez espada (…) El alcalde con el que has ido a cenar. El constructor de la casa en la que vives, el escritor al que lees antes de dormir, la periodista a la que escucharás en el telediario. Pero si, pensándolo bien, crees que ninguna de esas personas puede esnifar cocaína, o bien eres incapaz de verlo, o mientes. O bien, sencillamente, la persona que la consume eres tú.”

LEER SOBRE LA COCA TAMBIÉN FUE CONSUMIRLA

7

Conseguí el CeroCeroCero en una subasta en un grupo de Facebook, sellado y a menor precio que en las librerías. Cuando acabé de leerlo, comenzó a tomar forma este texto. Desde entonces, no he podido conciliar el sueño, el insomnio me he hecho su presa. No deja de rondarme la cabeza la idea de cotejar los datos que contiene el libro: estadísticos, sociológicos, antropológicos. La literatura de Saviano ha hecho digerible el relato. Esta trama está llena de palabras que golpean las neuronas y los pensamientos, que golpean al ser y su humanidad. La historia de la coca puede sustituirse por petróleo, agua, oro, sus historias serían parecidas a esta porque en todas ellas hay denominadores comunes: dominación, poder, violencia.

cero-4-Roberto-Saviano

Roberto Saviano

Afuera hay consumidores potenciales para toda clase de sustancias y cosas, legales o ilegales. Dicen que hay días en que todo va a salir bien y no vas a saber qué hacer. Así me sentí el día que tuve en mis manos el libro de Saviano, pensaba que tenía un conocimiento, algo de veras grande. Afuera siempre habrá consumidores y yo siempre seré uno de ellos. Ahora no sé qué hacer con estas palabras que el autor ha sometido a mi lectura. Ese es el horror: El desvelamiento de una parte de la verdad. ¿Qué se supone que deba hacer con la verdad?

Con el tiempo me he convencido de que las cosas que recordamos no las conservamos sólo en la cabeza, no están todas en la misma zona del cerebro: me he convencido de que también otros órganos tienen memoria. El hígado, los testículos, las uñas, el costado… Cuando escuchas palabras decisivas, se quedan enganchadas ahí. Y cuando estás partes recuerdan, le envían lo que han registrado al cerebro. Aún con más frecuencia me percato de que recuerdo con el estómago, que almacena lo hermoso y lo horrible. Sé que ciertos recuerdos están allí, lo sé porque el estómago se mueve. Y a veces se mueve también la barriga. Es el diafragma que produce ondas: una lámina sutil, una membrana ahí clavada, con las raíces en el centro de nuestro cuerpo. Es de ahí de donde parte todo. El diafragma hace jadear, estremecerse, pero también orinar, defecar, vomitar. Es de ahí de donde parte el impulso del parto. Y también estoy seguro de que hay sitios que recogen lo peor: conservan los deshechos. Yo no sé dónde estará ese sitio dentro de mí, pero está lleno.” Roberto Saviano

Saviano dice en su libro que la cocaína es la mercancía más rentable de todos los tiempos. Para Iggy Pop, la literatura es como la coca, porque agudiza el espíritu. Si como Vargas Llosa dijo de Saviano, deberíamos agradecerle que haya devuelto a la literatura la capacidad de abrir los ojos y la conciencia. CeroCeroCero entonces es una raya que podemos esnifar para iluminarnos.

 

YACONIC

YACONIC

Previous post

HAY UN LOBO QUE SE COME EL SOL TODOS LOS INVIERNOS

Next post

IMAGINAR EN LA CATÁSTROFE: ENTREVISTA A JULIÁN LACALLE, EDITOR DE PEPITAS DE CALABAZA