Por David Cortés

Niko Potocnjak teclea unas rápidas respuestas en su computadora mientras su instrumento, la guitarra, descansa a su vera. Las cuerdas aún están calientes, humean, despiden vapor. Desde hace 13 años, fecha de aparición de The blowout, primera grabación de Seven That Spells, el guitarrista, sin pretender ser un oficiante, ni un predicador, se ha encargado de diseminar las enseñanzas del krautrock.

Potocnjak, croata, dice sobre The death and resurrection of Krautrock: IO, su más reciente trabajo y segundo de una trilogía: “necesitaba un título arrogante que pudiera expresar mi visión de cómo la psicodelia/krautrock debe sonar en el siglo XXI y dar una enorme patada en las pelotas a la awevante comunidad sicodélica”.

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Harmonia, 1973

Pasajes monótonos, incluso irritantes, densas paredes de sonidos tejidas con guitarras que no cesan en sus exploraciones; ritmo crudo, pesado, filoso como un cristal bien afilado, forman la música de los croatas de Seven That Spells, agrupación que en once discos recoge la herencia sonora de la Alemania (entonces Occidental) de fines de los sesenta, principios de los setenta y que el mundo, más bien una parte del mismo, conoció con el nombre de krautrock.

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¿Qué es el krautrock? ¿Qué lo define, cómo nace? Mucho se ha escrito alrededor de este movimiento, pero el velo permanece inamovible. De vez en cuando el tema sube al mainstream; pero desde su nacimiento el rock gestado en Alemania luego de la posguerra tiene su acta de nacimiento en el underground. Es tan subterráneo que incluso los mismos alemanes desconocen parte de este legado que tiene en el mundo reverberaciones importantes.

Krautrock es la palabra con la cual la prensa inglesa —salvo excepciones, esta música pasó desapercibida en Estados Unidos— designó a la camada de grupos que invadieron Inglaterra a principios de los setenta. Es un término genérico que engloba a las bandas por su lugar de origen; pero inútil al momento de la definición de un estilo, de separar y analizar los rasgos característicos de un sonido… porque como en otros lugares del  mundo, el rock alemán no es monolítico.

Decíamos atrás que se ha escrito mucho acerca del krautrock (Krautrocksampler de Julian Cope, Cosmic Dreams at play de Dag Erik Asbjornsen, The crack in the cosmic egg de Steve y Alan Freeman, Krautrock. Cosmic rock and its legacy de Stubbs, Hollings, David y Faber, así como biografías de Can, Kraftwerk y The Monks); sin embargo, toda esa literatura existe en inglés. El hueco en nuestro idioma lo viene a llenar Future days. El krautrock y la construcción de la Alemania moderna, escrito por David Stubbs y editado recientemente en español por Caja Negra Editora. (Barral Editores editó en 1974 El mundo de la música pop de Rolf-Ulrich Kaiser que incluye un capítulo titulado “Música de Alemania: un reportaje”, en el cual hace un rápido acercamiento al krautrock, pero hace mucho que es imposible encontrarlo.)

Can

Can

Si bien el krautrock es inabarcable en su totalidad (el libro de los hermanos Freeman se acerca mucho), el acercamiento hecho por Stubbs es muy importante porque, además de hacer un recorrido por los principales exponentes, contextualiza y da claves que permiten entender la gestación de este peculiar sonido. Encontramos, mediante diversos testimonios, algunas de las razones por las cuales es escasamente conocido en su país de origen. “La música se hizo en los tempranos setenta, pero la mayoría de los escuchas no estaban preparados para ello. Fue hasta mediados de los ochenta que la gente de Alemania comenzó a pensar que grupos como Can y Amon Düül eran una buena herencia para Alemania. Antes de eso no significaban nada”.

Asentado en estructuras que favorecen los loops y la repetición, el krautrock miró frecuentemente al cosmos (de allí otro de los nombres que frecuentemente se le adjudican: kosmische musik) y exploró antes que nadie las músicas del mundo. Era poco atractivo visualmente, las letras eran escasas y contenían cero denuncia política. Stubbs señala que en su gestación contribuyeron personalidades de la cultura alemana como  con Joseph Buys, Heinrich Böll, Gunter Grass, Werner Herzog, el ya citado Stockhausen y un fuerte rechazo al schlager, forma más comercial de la música de ese país.

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Amon Düül II, Made in Germany

El autor va a lo seguro en cuanto al repaso de bandas que hace. En ese sentido la historia misma le ha brindado una mano y las más de las veces no se preocupa por cuestionar los diferentes pliegues que la forman, probablemente porque  la tarea es compleja, muy compleja.

Entre las demostraciones lisérgicas de Amon Düül II, el ritmo machacante, monótono e hipnótico de Neu! los devaneos cósmicos y siderales de bandas como Tangerine Dream, Kluster o Asha Ra tempel, los atisbos a la música del mundo de Embryo, o el jazz, hasta cierto punto convencional, de Et Cetera, no hay liga o nexo alguno. Son propuestas disímiles, atípicas y, principalmente, irreductibles. ¿Qué punto de contacto existe entre los Cosmic Jokers, Agitation Free o Can?

Diverso en grados extremos, el krautrock es un monstruo de mil cabezas en el que lo mismo encontramos grupos muy oscuros como Golem, Limbus IV o Yatha Sidhra que entidades más “conocidas” como Guru Guru, Harmonia, o Kraftwerk; no obstante, al momento de encontrar una constante tenemos que si algo caracterizó a la música alemana surgida a fines de los sesenta y principios de los setenta fue una libertad absoluta en el proceso creativo que posibilitó la gestación de obras seminales para el rock de vanguardia.

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Libertad vs. Control. Si algo define al krautrock es que algunos de sus principales exponentes tenían espacios propios en los cuales podían experimentar sin ataduras. Can asentó sus reales en el castillo de Slochss Norvenich, Kraftwerk hizo lo mismo en esa fortaleza de la experimentación llamada Kling Klang; Amon Düül II evolucionó de una comuna a un laboratorio musical; Kluster encontró en la sala  Zodiak Free Arts Lab el espacio idóneo para su desarrollo.

Allí, sin límites de tiempo, con ingenieros (cuando los había) al igual que los músicos, ávidos de experimentar, grupos como Can grabaron largas sesiones de improvisación que luego serían objeto de meticulosos procesos de edición y de los cuales emanó prácticamente la totalidad de su discografía.

Kraftwerk

Kraftwerk

Si Kraftwerk podía dedicarse a explorar con denuedo hasta encontrar el sonido buscado, una especie de Santo Grial, era porque no había un ejecutivo apresurándolos con la cuenta por el uso del estudio de grabación. Incluso la mala fe de Rolf-Ulrich Kaiser —periodista y gestor cultural— que invitaba a músicos de diferentes grupos (Klaus Schulze, Manuel Göttsching, Harald  Grosskopf, entre ellos), les suministraba drogas, grababa los jams y luego editaba sin su autorización los discos bajo el nombre de The Cosmic Jokers, tenía como aliado una extraordinaria libertad al momento de crear.

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Uno de los aciertos más interesantes, entre otros, del libro de Stubbs es que la historia le permite revisar los acontecimientos con mayor detalle. Al llegar al final del volumen, encontramos dos capítulos muy atractivos: “A new concrete: Neue Deutsche Welle” y “Post Bowie, Post Punk, Today and Tomorrow”.

Future_Days pdf corregido para autorizart

En el primero, explora, aunque un poco forzado, la herencia del krautrock en un par de bandas germanas: Einstürzende Neubauten y Deutsch Amerikanische Freundschaft. Liga tendida apresuradamente porque si bien se forjaron en el mismo país, sus intenciones estéticas fueron muy diferentes a las perpetradas por su “padres”. El segundo habla de la influencia del krautrock en la música de diferentes grupos y usa como punta de lanza al fallecido David Bowie quien fue uno de sus admiradores aunque poco se sabía acerca de ello —antes que pensar en Robert Fripp para grabar Heroes, el guitarrista que se barajaba era Michael Rother de Neu! Lo que devela Stubbs en esta parte es impresionante cualitativa y cuantitativamente. Curiosamente, deja fuera a algunas de las bandas de la actualidad más cercanas al sonido primigenio del krautrock: Vibravoid, Samsara Blues Experiment, Causa Sui, Circle.

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¿Vive el krautrock un revival? Sus años de gloria (1968-1977) no llegan a la década, pero siempre ha estado allí. Ahora atraviesa uno de sus momentos de auge en el subterráneo, no solo por la aparición de Future days. El krautrock y la construcción de la Alemania moderna; también contribuyen las rediciones y revisiones de algunas de sus obras importantes: los discos en solitario de Peter Baumann (ex tecladista de Tangerine Dream), las obras completas de Harmonia, el box set de Cluster (1971-1981), los once volúmenes de The Dark Side of the Moog, seminal colaboración entre Klaus Schulze y Pete Namlook, entre otros.

Allá afuera hay un gran universo por explorar.

Editor Yaconic

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