¿QUIÉN MUSICALIZA UNA OBRA DE KAFKA O PARTE DE LA NÁUSEA SARTRE PARA DESPUÉS HACER TOCADAS EN HOYOS FUNKIES?

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Por Mario Castro / @LaloCura__

Hace 26 años, el 2 de febrero de 1989, en un tugurio de la calle de Donceles se presentó por primera vez un grupo de música (etiquetarlos como rock sería dejarlos en lo menos) que tiempo después me abriría otros mundos. Aunque tuvieron mucho pegue en sus inicios, decidieron no tomar el camino de fama y fortuna al que la mayoría de las bandas de esos años se trepaban; optaron por hacer lo que mejor sabían: cultura musical, porque su canciones no salían a lo wey.

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Hablemos de la escena en México: ¿quién musicaliza una obra de Franz Kafka o parte de La náusea de Jean-Paul Sartre para después hacer tocadas en bares u hoyos funkies? ¿Cuántos “rockeros” usan la poesía de Xavier Villaurrutia o dejan que sus valedores poetas (si es que tienen) les corran canciones que no hablen de amor cursilón sino de la tormentosa alegría que significa vivir? A lo mucho Café Tacvba hizo una canción de Las batallas en el desierto; sí, es Pacheco, pero frente a los autores mencionados arriba… bueno.

Santa Sabina surgió por mera casualidad o causalidad. Quién sabe. Un día, durante un ensayo de una adaptación a la novela Amerika de Kafka, un grupo de mocosos que rondaban los 20 años se reúne para ponerse de acuerdo con las piezas musicales. Después de un tiempo se dan cuenta de que algunos escritores y grupos de rock les apasionan por igual. En especial las vanguardias literarias y el rock progresivo de los 70. Rita Guerrero (voz), Alfonso Figueroa (bajo) Patricio Iglesias (batería) Pablo Valero (guitarra) y Jacobo Liberman (teclados) comienzan a ensayar casi casi con trastes en la casa de Poncho Figueroa; escriben un par de rolas, están listos para lanzarse al escenario, pero les falta aquello que les dará identidad: un nombre.

Los muchachitos pachecos piensan en algo así como Los piscotrópicos; pero no les convence por ser muy literal. Buscan algo más sacro, un nombre de santo, pero ¿cuál? Entonces, el hermano de Poncho Figueroa escucha y les da una opción: “¿Por qué no La Banda de María Sabina?” Les agrada, pero es muy largo. Además no se trata de una mujer común sino de una sacerdotisa, LA sacerdotisa de los hongos alucinógenos. “¡No! Mejor que sea Santa Sabina”. En 2001, 12 años después de esta charla y con una alineación completamente nueva, en la Sierra Mazateca de Oaxaca se realiza un ritual de bautizo dirigido por la nieta de María Sabina, María Apolonia; esto motivó a Poncho Figueroa a escribir su única canción durante toda la historia de la agrupación:

Para estas alturas ya habían grabado cuatro discos de estudio. Los primeros tres con el subsello Culebra de la disquera BMG Ariola. Su relación con las disqueras, aunque fructífera en promoción, les mostró el panorama del que rehuyeron al final: sonidos casi impuestos, representantes que les hacían tranzas, o bien giras interminables que los desgastaban a tal grado que en una ocasión tuvieron un accidente carretero causado por pocas horas de sueño debido a un itinerario diabólico; a raíz de este suceso Rita compuso “Insomnio”, canción del disco Símbolos, de 1994. Este álbum fue grabado en Wisconsin y producido por el guitarrista de uno de los grupos que los influenció: Adrián Belew, de la mítica agrupación progresiva King Crimson.

Su última entrega con Culebra fue Babel (1996), en el que se incluye al virtuoso Alejandro Otaola en la guitarra. Babel consagró a Santa Sabina: 16 tracks que narran la vida de un personaje —sin identidad en particular— que, como todos, parte del agua para después crecer en el amor fraternal y sufrir las pasiones, el tumulto de la ciudad, los desengaños amorosos, las traiciones, la injusticia de la vida hasta encontrar la madurez del amor y el descanso en el sepulcro. Por momentos evocan al rock ochentero hasta desviarse en variaciones de jazz, como en “El camino es el deseo”, la cual nos dice que disfrutar las cosas, gozarlas, es lo que nos mantiene con vida, lo que nos nutre y conduce por un camino sinuoso. También se incluye la brevísima “Tuve un sueño”, una especie de recorrido por diferentes latitudes literarias, desde los fragmentos de Las letanías de Satán de Charles Baudelaire, El matrimonio del cielo y el infierno de William Blake presentadas en sus lenguas originales, hasta La invocación de Adriana Díaz Enciso; apología a la ciudad bíblica donde Yahvé confundió las lenguas para dispersar a los hombre por el mundo: Babel.

Casi un año después del lanzamiento, MTV los invitó para realizar un Unplugged. El resultado fue tan genial que se convirtió en el primer desenchufado latinoamericano que salió a la venta como disco. Sin duda toda una joya gracias a la alineación: Rita Guerrero, Poncho Figueroa, Alex Otaola, Patricio Iglesias y Juan Sebastián Lach, completada por cellos, contrabajos, clarinetes y saxofones, ejecutados por músicos que colaborarían en distintas ocasiones con la banda.

EL CAMINO INDEPENDIENTE

En su camino independiente grabaron dos álbumes: Mar adentro en la sangre (2000), cuyo nombre parte de un verso del poema Canción de la doncella del alba, de Efraín Huerta, que retomó el escritor Jordi Soler en la canción que da título a este disco. La grabación homenajea al expresionismo alemán y la cultura cosmopolita de principios del siglo pasado; además, el coqueteo con el jazz se hizo tan fuerte que al final de un par de canciones se incluyen jams en los que la incursión de saxofones crea atmósferas por demás estridentes. Se nota el cuidado en cada una de las canciones y los cambios melódicos ideados por nuevos músicos que trabajaron con ellos: Julio Díaz, Diego Maroto, Gabriel Bronfman, Rodrigo Garibay, Benajamín Schwartz y Dougie Bown. Quizá, Mar adentro en la sangre es el álbum más artístico de Santa Sabina, tanto en presentación, pues incluye fotografías alegóricas a la cinta El gabinete del Dr. Caligari, como por la unión poesía-música: la participación del mencionado Jordi Soler, poemas de Villaurrutia y otras piezas de Adriana Díaz Enciso, quien les acompañó desde los primeros discos hasta el final de la agrupación. También aparece un cover a “Sueño con serpientesde Silvio Rodríguez.

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Por último, en 2003 sale Espiral. Un disco más suave, ligado al jazz antes que al rock debido en gran parte a que se concibió bajo una alineación completamente distinta, cuyos sobrevivientes del inicio se limitan a Rita Guerrero y Poncho Figueroa. Aparecen nombres como Aldo Max en los saxofones y Leonel Pérez en el cello. Más conceptual que los anteriores, sonidos más ambientales y letras más estilizadas. Con mayor carga poética, como en “En llamas”, en la que Otaola realiza un homenaje a Philip K. Dick, uno de los monstruos de la ciencia ficción norteamericana.

Después de pausar sus actividades a finales del 2004 —año en el que cumplieron sus quince primaveras con un concierto en el Teatro Metropolitan— Santa Sabina volvió a pisar un escenario en el Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino 2008. Quizá una presentación más emotiva para los seguidores del grupo que para ellos. Una asistencia considerable escuchó a Poncho Figueroa decir que preferían una presentación fuera de los monopolios musicales, pero que ante la presión de amigos decidieron hacerla. Demostraron ser unos excelentes músicos, aunque se notaba la falta de entrega de años atrás. Ni siquiera los micrófonos fueron cubiertos por flores, costumbre que Rita adoptó desde las primeras presentaciones a inicios de los 90.

Después de un par de presentaciones al interior de la república, Santa Sabina un subió al escenario hasta diciembre de 2010, en un concierto homenaje a Rita, quien luchaba contra el cáncer de mama. En marzo de 2011 Rita muere y con ello la posibilidad de ver reunido al grupo de nuevo.

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Pero a 26 años del inicio la banda no muere: sus grabaciones se encuentran en distribución libre, en tiendas de discos, en el tubo. De vez en cuando alguien los menciona como un referente de culto dentro de la escena del rock mexicano. Aunque nunca llenaron estadios o fueron el headliner en conciertos masivos, su música se dio el rol por todo el país, por Europa. Formaron parte del Festival Cervantino antes que otras agrupaciones de rock. Sus integrantes complementaron otras agrupaciones como Los Jaigüey, La Barranca, San Pascualito Rey o bien se abrieron camino entre propuestas completamente distintas: Guerrero inició una agrupación de música virreinal llamada Ensamble Galileo a  la par que dirigía un coro renacentistas; o bien entrarle a la experimentación sonora con proyectos como Astrolab –iO de Alex Otaola o Ahí estése  de Juan Sebastián Lach.

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El próximo 27 de febrero se realizará un concierto por el aniversario de Santa Sabina en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, cuyo título es Azul casi morado. Se presentarán Los Jaigüey de Poncho Figueroa, Love la femme de Pablo Valero, Euridice de Patricio Iglesias y La super cocina de Leonel Pérez, además de Juan Sebastián Lach. Un homenaje que revive a una banda que sin chistar se puede considerar como “de culto”.

Mario Castro

Mario Castro

Estudió Letras Hispánicas en un arranque por pertenecer al mundo profesional, aunque lo suyo es ver, hacer, hablar y escribir sobre fotografía. También le interesan la literatura, el teatro y el cine, pero líbrese de hipsterear. Gustoso de echar el verbo, la chela o dar el rol sea en la ciudad o por terracerías.

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