Por Jonathan Farías Carrillo

 PRIMER ENCUENTRO

Felipe Ehrenberg (1943-2017) era alto, blanco, bigotón, de voz grave con mirada desafiante pero amistosa. Yo era muy joven cuando lo conocí, hace 20 años, en un curso en el que fungí como acompañante de mi hermano; no sabía quién era Felipe ni de que se trataba todo aquello. Ehrenberg impartía el taller y su persona me atrapó después de verlo callar con precisión a un insistente y pretencioso participante. A partir de ahí, puse atención a la contundencia de sus palabras y la claridad con que daba sus explicaciones.

Recuerdo que en algún momento nos habló de Biombo Negro, su revista, que hacía junto con su esposa. Jaime López escribía los textos de la historieta “Rolando Trokas: el trailero intergaláctico”, y Felipe hacía los dibujos. La publicación era un fanzine irreverente con información cultural y artística en un formato tabloide como el de la revista musical: La mosca en la pared. Felipe nos dijo que le obsequiaría un ejemplar a mi hermano y que las otras revistas las vendería, pues comprobó que era el único que conocía la publicación.

felipe ehrenberg

Gracias a la amistad que se hizo entre ellos pudimos platicar con Ehrenberg. La pequeña conversación, en la que yo solo escuchaba, giró alrededor del tatuaje en la mano de Felipe. Nos explicó que lo había hecho como homenaje a José Guadalupe Posada, e incluso lo expuso en un museo dentro de un capelo. Fue ahí, justo en ese momento, cuando vi a Felipe como lo que era: un artista.

SEGUNDO ENCUENTRO

Vivir del arte es cosa complicada. El problema no es solo existencial. La familia, el entorno social y el poco dinero en el bolsillo gritan necesidades que no vemos, pero que exigen ser resueltas. Andar el camino se torna complejo. En mi caso, la opción de vivir del arte se dio gracias a El arte de vivir del arte, el libro de Felipe Ehrenberg. Después de leerlo planee la manera en que comenzaría a vender mis pinturas y arreglar mi cuarto para exponer. El libro me proporcionó consejos, métodos y formatos alrededor del quehacer artístico para organizarme, venderme y producir. Además, me aportó una interesante clasificación de tipos de espacios artísticos que no conocía. El arte de vivir del arte no solo me empujó a vivir de mi obra, también me mostró una faceta de Felipe que desconocía, es decir, la justa aplicación de las palabras para reflexionar. Felipe proponía que era necesario crear nuevas definiciones gramáticas, sintaxis para nombrar nuevas cosas. Un ejemplo era la utilización de la arroba para diversificar sus textos y definirse como Neólogo, el que procesa cosas nuevas.

TERCER ENCUENTRO

Un día después de comer hongos en Xico, Veracruz, antes de que Nestle decidera adjudicarse esos terrenos ejidales, visité el Museo de Arte Moderno en la Ciudad de México. Xico y sus San Isidros habían producido en mí un cambio importante en las perspectivas que tenía de la vida y el arte. El día que visité el MAM, como por coincidencia, me encontré la exposición Manchuria, visión periférica, exposición retrospectiva de Felipe Ehrenberg, que reunía dibujos, documentación de acciones, videos, fotos y stencils. Pero lo más interesante, a mi parecer, era que mencionaba su paso por Xico y algunas de las obras que ahí produjo. Las coincidencias empezaron a inquietarme. Tiempo después me enteré que Felipe no solo produjo piezas en Xico sino que incluso tenía una casa ahí. Fue en Xico, en 1976, en donde se tomó la fotografía de la fundación del grupo: Proceso Pentágono. Colectivo que desarrolló un trabajo en equipo y con ello expandió la posibilidad de interacción entre la obra y el espectador. Felipe formó parte de esa organización.

proceso pentágono

CUARTO ENCUENTRO

El arte acción es la propuesta artística que más me interesa, es así que un día, mientras esperaba el inicio de un festival de performance en el museo Ex Teresa, apretujado entre sudores y malhumores del Metro chilango, antes del cierre de puertas señalado segundos antes, vi correr entre la multitud a Felipe Ehrenberg. Para ese entonces, yo ya admiraba al Ehrenberg artista y persona. Sus acciones, el trabajo en Londres durante la huelga de los recolectores de basura, su participación en la época de los Grupos, su irreverente postulación como candidato independiente, sus textos críticos, sus tiras cómicas, sus obras en mimeógrafo, su carta a Avelina Lesper, su estancia en Brasil, el arte correo, en fin, me había convertido en un seguidor de su trabajo. Mi obra empezaba a sustentarse en alguna de sus posturas y prácticas artísticas.

Traté de alcanzarlo, salí  corriendo del vagón, pero fue inútil, la masa de gente me impedía moverme y Felipe había encontrado un camino que lo separaba cada vez más de mí. La frustración regresó. No me quedó más que imaginar el cruce de un par de palabras. Al día siguiente me enteré que el artista se presentaría en el festival del Ex Teresa. Fui y lo vi. Otra vez como público. Puse mucha atención a su comportamiento, lo escuché y reflexioné, incluso me tomé una foto con él, pero no pude articular ninguna palabra para iniciar una charla.

felipe ehrenberg

 

QUINTO ENCUENTRO

En 2015 Xalapa albergó el Hay Festival, que por la presión de intelectuales acabaría mudando su sede a otra ciudad. Fue ahí que el artista conceptual Abraham Cruzvillegas presentó una conferencia titulada “Autoconstrucción”. Yo tenía poco tiempo en la ciudad y asistí con entusiasmo. Cuando estaba a punto de comenzar la conferencia vi a Felipe entrar, quitarse el sombrero y sentarse enfrente. Era inconfundible. Mientras Cruzvillegas hablaba sentí la necesidad de golpear la cabeza de Ehrenberg, debido a un impulso performancero y provocador, impulso que aprendí de él. La oportunidad era irrepetible. Mientras sucedía esto en mi interior Abraham hizo una pausa y agradeció la asistencia de Felipe, recordando lo aprendido durante el terremoto de 1985. Rememoré entonces la entrevista que Guillermo Gómez Peña le hizo a Ehrenberg en torno a Manchuria, y en la que también se menciona la importancia de Felipe como organizador para hacer frente a la catástrofe de 1985.

SEXTO (DES) ENCUENTRO

Finalmente, hace un par de meses, organicé un encuentro de performance en la Facultad de Artes de la Universidad Veracruzana. Felipe, consideré, era imprescindible para el evento, pero entablar comunicación con él me fue imposible. Alguien me dijo que estaba enfermo y al parecer no era un momento adecuado; también que se encontraba haciendo la negociación sobre la venta de gran parte de su obra en España y que no podría aceptar venir. Intenté contactarlo por Facebook y nunca respondió. Me llené de tristeza cuando me enteré de su muerte. La facultad y mi evento se perdieron para siempre la oportunidad de charlar con él.

felipe ehrenberg

Felipe siempre fue un constante fantasma en mi vida y obra. Él mismo se decía primero ciudadano que artista, y lo fue. Fue un ciudadano ejemplar y un artista singular. Una persona de carácter seguro y directo. Las referencias de personas como Sergio Pitol o profesores de la universidad, que lo conocieron, hablan de él como un buen camarada. La importancia de Felipe radica en la búsqueda constante de elementos que reflejen el presente, su presente, nuestro presente. “El arte no se trata de dar mensajitos, el arte debe reflejar lo que te rodea”,  mencionaba en alguna entrevista. A diferencia de los artistas del mainstream, Felipe hizo un trabajo con y para la gente, sin un preciosismo efectista o aburguesado y con la convicción de renovar el arte eternamente. En este sentido fue que Felipe me cambió. Me hizo comprender que el arte es un ente en constante movimiento y que el artista es solo un espejo de ese movimiento.


Jonathan Farías es artista multidisciplinario, realiza arte acción y arte conceptual utilizando el dibujo, la gráfica, el video, la instalación y la intervención. Además publica textos entorno al arte en diferentes medios digitales e impresos. También es gestor cultural y cantante del grupo de música alternativa Mercado Verde Crew. Licenciado en diseño gráfico y estudiante de artes visuales en la Universidad Veracruzana.

Editor Yaconic

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