Por Scarlett Lindero / @scarlettlinde

Fritangas, garnachas, alcohol adulterado, escusados sucios, rascacielos mortales, ritos satánicos, el mal de ojo, agua contaminada, camiones suicidas, construcciones caducas, conductores desquiciados, peatones imprudentes, balazos, asesinatos y hacinamiento brutal. Todos los chilangos hemos soportado y gozado del deleite de la México Shity. Somos los tlatoanis del barrio.

Kurt Hollander es un fotógrafo y escritor de Nueva York que vivió 28 años en el otrora Distrito Fecal. Los primeros diez años, a principios de los noventa, después de educarse en el fino arte de comer tortas, quesadillas, tacos, tamales y suaperro, sus tripas estallaron y “un torrente de mierda salió de mí”. Los primeros días tuvo sudores fríos, temblores incontrolables y vómitos de sangre. El diagnóstico: colitis ulcerativa crónica.

kurt hollander

Kurt Hollander / Foto Miguel J. Crespo.

En aquella época los baños más sucios, asquerosos, rebosantes, sin papel higiénico ni agua fueron los refugios más sagrados para el desagüe de Kurt. Le prohibieron el chile, el café, las grasas, los dulces, el alcohol y, por supuesto, las garnachas. Desde que padeció los estragos de esta ciudad registró su paso por las cosas que le pulverizaron los intestinos.

En Formas de Morir en México (Trilce, 2015), Kurt Hollander documentó una larga lista de situaciones que hacen que cualquier persona que habite esta ciudad firme una condena mortal: la eutanasia definitiva. Kurt ha editado revistas como The Portable Lower East Side y Poliester, ha curado exposiciones y ha publicado los fotolibros El Super (RM, 2006) y Sonora: el mercado de la magia (RM, 2008). Sus fotografías se han publicado en The Guardian, Dangerous Minds, Uncube, Los Angeles Times y The Huffington Post.

Kurt, ¿cuál es la radiografía de un chilango?

Es muy difícil. Creo que nadie puede contestar eso. Lo que hice fue enfocarme en la ciudad como protagonista. Las personas son víctimas, la urbe las mata y las enferma. Mucha gente pasa por aquí, incluso antes de que llegaran los aztecas.

Para este libro fueron seis años de investigación, consulté revistas, periódicos, entrevisté a encargados de morgues, antropólogos, cantineros, pulqueros y brujos del mercado de Sonora. Yo me uso como pretexto para contar esta ciudad, mi experiencia no es tan importante. Es una biografía de la capital.

La urbe crece y crece, ¿hay más probabilidad de estar en peligro?

La muerte ha cambiado. El cambio más radical ocurrió en los recientes 30 años. Esto por la sobrepoblación, la migración a la ciudad hizo que muriera el campo. Pero también está la transformación radical en la dieta y el alcohol que las personas consumen, todo está ligado al TLC con Estados Unidos, con esto la dieta cambió. Vino toda la chatarra gringa y la comida genética modificada. Las franquicias multinacionales nos invadieron.

Alguna vez se dijo que la Ciudad de México era una eutanasia…

Vivir en la Ciudad de México sí es una eutanasia; tú sabes que por estadística y por cómo se mueve la gente vas a morir de causas no naturales. Nadie muere por vejez, aquí se muere por causas producidas por el hombre: la industria, la violencia, los coches. Todo producido por la ciudad misma. Si la ciudad estuviera estructurada de una forma más inteligente no mataría a sus habitantes de contaminación. La contaminación es corrupción, es el gobierno que deja que las personas mueran y que las industrias no limpien su propia basura.

contaminacion de la ciudad de mexico

Al principio del libro dices que querías ser un chico de barrio, ¿lo lograste?

El barrio es el centro de resistencia en contra de la globalización, es la incubadora de cultura local. En Nueva York siempre viví en barrios latinos, mi papá nació en Brooklyn, yo nací y crecí en Manhattan cuando todavía había barrios.

Viví 28 años en la Condesa, todos sabemos que es el lugar más espantoso pero hace dos décadas era un barrio. Tenía todos los artesanos locales. Yo vi su destrucción para servir al turismo. La Condesa existe para el consumo internacional. Un lugar que ya no es barrio destruye su cultura.

De los ejes que componen el libro, ¿qué fue lo que más te impresionó?, ¿cuál es la parte más escabrosa de esta ciudad?

¡Uf! Pensé que sabía todo de México porque había vivido aquí por más de 20 años, pero cuando me puse a investigar y a leer me di cuenta que no.

Me gustan varias partes del libro y en una de ellas no hablo tanto. Me gusta la parte de arquitectura y los rascacielos, eso es muy importante en la ciudad. Es como un ancla que está cambiando. El rascacielos de hoy en día son las multinacionales, el capital. Eso pasaba antes con las iglesias, eran las construcciones más altas y eran sinónimo de poder, poder político.

No solamente tiene que ver con el poder y los imperios si no como fuente de la muerte. Para construir las pirámides tuvieron que usar esclavos, fueron tumbas. No sé nada de la astrofísica Azteca, solo me gusta pensar cómo vivieron. Imperios de muerte.

Qué advertencias  le darías a un extranjero para habitar una ciudad como esta…

Es chistoso. Por un lado son todos los lugares comunes para espantar a los gringos: no tomar agua, no comas en la calle, etc. Pero la historia del porque no tomar agua del grifo es la historia de México, es decir, como el gran valle de esta ciudad se ha convertido en el valle de la muerte, el agua es nociva para sus propios habitantes. Esa es la historia definitiva de la construcción de la ciudad.

¿Cómo ha cambiado la cultura en los recientes años?

Depende de la economía y la arquitectura también. La cultura es varias cosas; hay elementos de fuera que la gente de acá hace para acumular estrategias de supervivencia. La religión de la cultura popular de aquí es la Santa Muerte, responde a las costumbres fuera de lo tradicional. Lo mismo con la música, los bailes y la felicidad que ayudan a la gente a sobrevivir. La economía global quiere matar a la cultura popular, pero Tepito resiste. La resistencia de la cultura popular es la resistencia de lo mexicano.

tacos de higado en tepito

Tacos de Hígado en Tepito / Foto: Irving Cabello.

¿Cómo va tu enfermedad? ¿La superaste?

No, es una parte de mi genética y mi relación con la ciudad. Pero he probado la homeopatía, me ha ayudado a recobrar mi sistema inmunológico, eso me ha hecho más resistente.

¿Por qué decidiste vivir aquí?

Era un orgullo vivir en la ciudad más contaminada del mundo.

¿Orgullo?

Sí, porque solo los cabrones podemos hacer eso. Era esta idea de los débiles, los gringos, no pueden hacerlo. Pero con la edad y después sabiendo que la fuente de la muerte era la corrupción me pregunté, ¿por qué tengo que morir antes por culpa de políticos corruptos, pendejos? Eso no me parece bien.

Mi percepción de la ciudad cuando me enfermo cambia mucho, cuando empiezo a investigar y entender cuáles son las fuentes de la muerte veo que no es algo natural, es por codicia y corrupción. 3 millones de habitantes en Colombia, menos coche, menos estrés, menos industria, eso hace que la gente viva más feliz y más tiempo.

¿Cuál es tu concepción de la muerte?

Después de tantos años de investigar, no tengo idea de qué es la muerte. No he logrado entender que yo me voy a morir, la muerte es algo más grande que nosotros. No sé si ha cambiado mi idea de la muerte.

kurt hollander maneras de morir en mexico

Foto: Miguel J. Crespo.

¿Cuál es tu lugar favorito de la ciudad?

Chapultepec. Tiene cosas impresionantes, es el parque más antiguo y grande de las Américas. También está el panteón de Dolores que es un mundo en sí. Los baños de Moctezuma. A mí me gusta la tradición, las cosas antiguas. Eso hace que una ciudad sea tan profunda.

Comida favorita

Los tacos de El Güero, en la Condesa.

¿Otro proyecto en puerta?

Vivo en Cali, Colombia, que es famosa por los cárteles de droga y la violencia. Estoy haciendo una investigación de la ciudad y su relación con el sexo; veo como la metrópoli construye esos fenómenos mientras realizo un acercamiento entre antropología, ciencia, cultura e historia.

¿Qué piensas de Trump?

Trump es el pendejo más grande. Había dos cosas interesantes cuando estaba en campaña: dijo que estaba en contra del tratado transpacífico y lo echó para abajo. Ese tratado era dar, de manera legal, cooperación para que ninguna nación pudiera meterse en los intercambios globales y multinacionales, iba a ser algo muy dañino. Ese cambio es excelente. Clinton estaba a favor de eso, era su proyecto.

La segunda era El Tratado de Libre Comercio, dijo que lo iba a echar para abajo. Yo he visto como el tratado abrió la entrada a los productos multinacionales, a tal grado de que Estados Unidos está vendiendo maíz a México. Eso no tiene sentido. Es dañino. Si Trump terminara con el TLC daría una oportunidad de volver a ser autosuficiente.

El gobierno aquí se vende por un precio y deja que el país quede en manos de cooperaciones extranjeras. Podría revivir el campo. Han matado la base de la cultura mexicana, sería una gran oportunidad.

Editor Yaconic

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