Por Antonio Frias / @jafrias26

En una escena de El Padrino (1972) vemos a Johnny Fontane (personaje inspirado en Frank Sinatra) lamentarse frente al impasible Vito Corleone. Johnny es un cantante con aspiraciones de estrella que se queja amargamente de su voz, de su posible participación en una película, de su indecisión. Inesperadamente, Vito se levanta, lo toma de los brazos, le grita “Puedes actuar como un hombre” y le da una bofetada.

La reunión culmina con El Padrino prometiendo que hará algunas ofertas para que acepten a su ahijado en Hollywood… Más que un momento importante en la saga fílmica, podríamos describir este encuentro como la forma en la que Francis Ford Coppola le hizo frente a la industria cinematográfica estadunidense. Y la cambió para siempre.

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Francis Ford Coppola en 1966.

Aunque los sesenta son el principal referente de la contracultura, en muchos sentidos el cine americano experimentó esta revolución hasta la década siguiente. Si bien es cierto que existieron películas con un enfoque diferente, como Bonnie and Clyde (Arthur Penn, 1967), protagonizada por la pareja del escándalo de los Oscar 2017: Warren Beatty y Faye Dunaway, o los memorables motociclistas de Easy Rider (Dennis Hopper, 1969), fue hasta los setenta cuando una nueva generación de cineastas cimbró a la vieja escuela de Hollywood.

DE LA UNIVERSIDAD AL OSCAR

El ambiente liberal de los sesenta hizo que más personas se interesaran por el arte, y en específico por el cine. La oferta cultural y la eliminación del mítico Código Hays en 1967 sembraron el camino para que la industria cambiara y Estados Unidos tuviera su versión de la Nouvelle Vague francesa, con directores como Woody Allen, Martin Scorsese, Terrence Malick y, por supuesto, Steven Spielberg, George Lucas y Coppola.

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Estudiante de la UCLA, reconocido guionista, entusiasta del teatro y con un padre flautista en la Sinfónica de Detroit, Coppola se dirigió rápidamente al cine. A los 23 años se convirtió en asistente de Roger Corman, el llamado “Papa del Cine Pop” e independiente, creador de infinidad de cintas de terror de bajo presupuesto. Con su cobijo, Francis aprendió a editar, supervisar diálogos y sonido. En 1963 Corman le ayudó a financiar su primera cinta, Dementia 13, un festín de horror sangriento y desnudos que terminaría convirtiéndose en un clásico de culto de medianoche.

Después de ganar un concurso de guión en la UCLA y de presentar la cinta You’re a big boy now como tesis en 1966, todo indicaba que Francis entraría fácilmente al sistema hollywoodense. Warner Bros. le ofreció la adaptación del musical de Broadway Finian’s rainbow (1968), pero en lugar de convertirse en un éxito de taquilla, terminó enfrentándolo al mismísimo Jack L. Warner. El siguiente año se dedicaría a filmar y producir The rain people, un guión escrito por él mismo, que también le serviría para conocer a George Lucas y fundar con él su productora American Zoetrope.

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Patton (1970).

Frank McCarthy, quien había sido secretario de guerra durante la Segunda Guerra Mundial, quería producir una película sobre el general George S. Patton, uno de los militares que lideró las tropas americanas en Alemania. El guión terminó en manos de Coppola, quien lo estructuró de una forma no lineal, centrado en la personalidad, más que en la historia.

La escena inicial consistía en el protagonista recitando un enardecido discurso, con una enorme bandera atrás. El texto fue rechazado por todos, incluido el director Franklin J. Schaffner. Lo consideraban un problema de continuidad, hasta que George C. Scott aceptó el rol protagónico con la condición de utilizar el escrito de Coppola. Para sorpresa de todos, Patton (1970) ganó seis premios Oscar, incluido el de mejor guión original.

EL PADRINO I Y II

Con apenas 30 años, cierto renombre y orígenes italianos, Paramount Pictures consideró a Coppola para hacer la adaptación de El Padrino, el libro de Mario Puzo sobre la mafia italiana y la familia Corleone. Francis se negó: no le había gustado la novela. Paramount había buscado primero a Sergio Leone, pero el creador del spaghetti western rechazó la oferta. Como segunda opción, Coppola mostró poco interés por la historia, hasta que reconsideró las deudas de Zoetrope y aceptó la filmación.

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Marlon Brando y Francis Ford Coppola en El Padrino.

Debido a fracasos previos de películas de gánsteres, el interés por captar público joven, el origen italiano de Francis y la popularidad de la novela de Puzo, Paramount fue cediendo ante las peticiones del director; empezando por la longitud del primer borrador. Con el filme creciendo, el apretado presupuesto aumentó. A esto se le sumó la selección de Francis: Marlon Brando, Al Pacino y prácticamente todos los actores principales, y su predilección por filmar en escenarios reales (incluso viajar a Sicilia).

El resultado final rondaba los 7 millones de dólares, en lugar de los 2.5 que se tenían estipulados; y a pesar de durar casi tres horas, el drama de proporciones épicas encantó al público y a la crítica. El Padrino rompió récords de taquilla, ganó Globos de Oro y Oscar´s al por mayor. Francis Ford Coppola se enfrentó a los estudios, actuó como un hombre y cambió el mundo del cine para siempre.

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The conversation (1974).

El control creativo y financiero llegó tras el reconocimiento general, permitiendo que Francis hiciera The conversation (1974), una cinta inspirada en la explícita e innovadora Blow-Up (1966) del italiano Michelangelo Antonioni. La coincidencia del escándalo Watergate  que llevó a la renuncia del presidente Nixon hizo que fuera un éxito y que se leyeran ciertas connotaciones políticas. Incluso, The conversation ganó en Cannes.

De forma paralela, Francis comenzó a filmar la secuela de El Padrino. Ahora sí, sin pelear con el estudio, ni por el presupuesto. De hecho, se dio el lujo de filmar lo que quiso, presentando un corte de cuatro horas que tuvo que editar. La versión final rebasó el éxito de la primera y le valió seis estatuillas de la Academia, de las cuales tres fueron para él, por su trabajo como director, guionista y director. Ese año, 1974, consiguió el logro de estar nominado tanto por El Padrino II como por The conversation. Fue su consagración, Francis Ford Coppola se convirtió en un clásico americano, un consentido de los cinéfilos y un renovador del cine.

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El Padrino.

APOCALIPSIS DE IDEAS

El valor de Francis se dejó ver en su siguiente proyecto, Apocalypse Now (1979), una historia sobre la Guerra de Vietnam que desarrolló junto a su amigo John Milius, quien originalmente dirigía el filme a partir de una novela de Joseph Conrad. La producción estuvo plagada de problemas.

Durante 16 semanas se viajó a lejanas locaciones en Filipinas, donde la producción se enfrentó al clima impredecible, a un ataque al corazón de Martin Sheen, la drogadicción de prácticamente todos detrás de cámaras, los tifones o fogatas que destruían el set, la desmejorada condición física de Brando, así como su improvisación total y, para rematar todo, el brote epiléptico que tuvo el estresado Coppola.

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Apocalypse Now (1979).

Tras un esfuerzo enorme en edición, cuatro años de retraso, millones de dólares invertidos y 50 kilos perdidos de su director, Apocalypse Now debutó en Cannes y se llevó la Palma de Oro en 1979.

Coppola repitió el éxito. Desgraciadamente, cuando se llega hasta arriba, es complicado repetir el triunfo. Con Apocalypse Now terminaba la era dorada y Francis se involucraría en una serie de proyectos fallidos: desde el desastroso musical con canciones de Tom Waits, One from the heart (1982), la incomprendida The cotton club (1984) o su viajado corto con Michael Jackson, Captain EO (1986), por mencionar algunos.

Ni siquiera la fusión con Martin Scorsese y Woody Allen en el disparejo tríptico New York stories (1989) logró regresarle a Francis su estatus de genio que cultivó en los años anteriores.

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Coppola en el casting de Apocalypse Now (1979).

EL PADRINO III

De forma similar a lo que le ocurrió en los setenta, en 1990 Coppola aceptó dirigir la tercera entrega de El Padrino debido a la situación financiera que le provocó One from the heart. Y si bien El Padrino III mantuvo el entusiasmo de sus antecesoras, y recuperó dinero en taquillas, no logró replicar los premios ni convertirse en referente del cine.

Sería hasta dos años después, con su vampírica adaptación de Bram Stoker’s Dracula (1992) con la que se anotaría otro trancazo con la crítica, debido a sus múltiples homenajes cinéfilos, a su elenco de primera línea, su cuidada producción sin efectos especiales computarizados.

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Bram Stoker’s Dracula (1992).

Quizá Bram Stoker’s Dracula fue el último logro del titán, ya que su comedia Jack (1996) con Robin Williams como un niñote, las olvidadas The Rainmakers (1997) o Youth Without Youth (2007) pasaron sin pena ni gloria. Sin embargo, sus logros recientes están más allá de la cámara. Por un lado tiene Zoetrope, la productora que apadrina joyas modernas como Sleepy Hollow (Tim Burton, 1999) o Lost in Translation (2003) de su hija Sofia.

En retrospectiva: el verdadero triunfo de Francis no fueron los premios, sino la forma en que un joven logró cambiar las expectativas de los grandes estudios cinematográficos, renovando la manera en que se cuentan historias, en que se retrata la violencia, las personalidades complejas y, con todo esto, redefinir la cultura americana. Como diría la familia Corleone: hacer respetable el negocio.

Editor Yaconic

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