Por Rogelio Garza / @rogeliogarzap

Fotos: Pamela Enriquez

¿A quién carajos se le ocurre un concierto de garage rock en domingo por la noche? A la producción de Dark Zone, a los seis grupos de ruido melódico que agitaron la Sala Corona, y a los casi mil pasados de vivos que no tuvimos empacho en recibir el blue monday como se debe: bailando a go-godark con los legendarios Fuzztones.

El cartel anunciaba una catástrofe sonora, “Invasión Fuzz y Gritos, Garage Punk Rock Festival”, y prometía un reventón de antología con Los Magníficos, Los Cavernarios, Los Mustang 66, Beso Negro y el esperado retorno de Los Sicóticos, todos salidos de nuestra pesadilla garagera nacional en el subterráneo de los noventa. De ellos el más cacareado fue el fabuloso trío integrado por el guitarrista Javier Capitán Planeta, el bajista Carlos La Sucia A Go Go y el baterista Jacobo Soft Cosmos, quienes nos azotaron con sus éxitos finalmente grabados en 2013 (solo existían en casete pirata) en un vinil que hoy es presa de coleccionistas: Los Sicóticos.

Sacudidos los piojos, las pulgas, los mocos y los pedos, casi todo estaba listo para entrarle a la estricnina auditiva. Se prepararon los instrumentos y el sonido que han dado al grupo estelar el nombre, el estilo y la personalidad: las guitarras Phantom, el órgano Ace Tone, la batería y el fuzz, ese pedal sicodélico que hizo famoso Keith Richards con la guitarra de “(I Can´tGet No) Satisfaction”, esencial en el garage, el grunge y el stoner.

Hace 15 años Los Fuzztones se presentaron en el bar La Faena del Centro Histérico. Fue un toquín desastroso. A lo mucho caímos unas 50 personas y la tocada nos dejó un mal sabor de trompa por las fallas técnicas y por un lapsus de rockstarismo exacerbado de Rudi Protrudi —“Dios con guitarra eléctrica y lentes oscuros”, dice la reseña que en aquella ocasión se publicó en La Mosca—, quien de plano abandonó el escenario y tardó un rato en volver. Pero más que nada porque en aquella ocasión olvidaron ejecutar “Cinderella”, esa gran canción seminal de Los Sonics a la que tanto le deben. Sin embargo, el domingo la vibra era otra y los seguidores superaron cualquier expectativa. Los cuarentones parecíamos viejitos despistados, porque el lugar estaba lleno de cientos de millennials —en aquel entonces niños y adolescentes—, multiplicados en México gracias al incansable Ernesto Martínez Fuzz On de Dark Zone y a su inseparable compañera Tere Farfisa, quienes también lanzaron una antología en CD en 2014 : The Fuzztones, Dark Zone.

36 años de rodar entre Nueva York, Berlín y Los Ángeles, siete discos de larga duración y efectos prolongados, una cantidad alucinante de EP´s, sencillos, recopilaciones, tributos y grabaciones piratas en vivo. Y de pronto fuuuzzz!, aparecieron zumbando en la oscuridad y empezaron a tocar “Blues Theme”, con la que suelen abrir sus tocadas. Protrudi en la guitarra y la voz, David Thorpe en el bajo, Marco Rivagli en la batería, y Nico en las teclas del Ace Tone. Extrañamos tanto a Deb O´Nair, la rubia fundadora en el órgano melódico y los coros, y a Lana Loveland, que ahora se encuentra cuidando al bebé que engendró con Protrudi. Aquí estaban de nuevo, el grupo que en 1980 encabezó el revival del garage y llenó de zombis el reventón rockero con sus Lysergic Emanations, cuando aún existía eso que se llamaba el underground y los tickets no eran de ningún master.

Afortunadamente, el grupo ha mantenido el espíritu oscuro, el sonido primitivo y la sicodelia a fondo. Nos fuimos de cabeza en una espiral verde y tóxica de punk lisérgico. En un riff se armó el baile de los muertos entre los aficionados al calambre y la contorsión con “Caught You Red-Handed”, “Bad News Travel Fast”, “Jack the Ripper”, “Hurt On Hold” y nos estrenaron los oídos con una rola fresca, “Eyes in the Back of My Head”.

Protrudi, muy alivianado y sencillo, quizá porque la paternidad lo puso flojito y el showbiz en su lugar, pidió un segundo para recuperar el aliento después del primer arrancón. El rockero, que en sus momentos más trepidantes sobre el escenario es como un cavernícola en ácido (“Be a Caveman”) con todo y collares de huesos y colmillos, además trajo su kilométrica autobiografía en dos tomos bajo el brazo: The Fuzztone – A Life at Psychedelic Velocity. “Levante la mano el que haya consumido algún tipo de droga”, dijo Protrudi. Y, como en la H. Cámara de Gases, las manos alzadas para aprobar cualquier iniciativa alucinada. Hubo quien levantó cuatro manos, otros hasta seis. “Los vamos a llevar de viaje, pero prometemos traerlos de regreso”, como quien dice golpe avisa, antes de envolvernos en la neblina lenta y pegajosa de “Marble Hall”.

Ya de vuelta, la fauna nocturna solo quería agitar el esqueleto y entregarse en brotes de baile frenético que terminaban en explosiones de slam puro y duro con “You Must Be a Witch”, “Brand New Man”, “Don´t Speak Ill of the Dead” y “Transmania con MC” de Blue Oyster Cult, el grupo consentido para versionar de Los Nomads, Metallica y Fu Manchu. También hicieron sonar la canción del loquero, “Ward 81”, y la jazzeada “Charlotte´s Remains”. En esos momentos de fotografía llovían vasos de plástico y baños dorados de cerveza que volaban desde atrás y desde el balcón VIP. Sí, hasta en los conciertos de garage punk hay niveles y la parte de arriba desparramaba gente y fluidos de dudosa procedencia.

Nos arrojamos a la última espiral del concierto, como aventarse de cabeza al Extraño Mundo de Jack, a ese lugar poblado por fugitivos del panteón y náufragos de la clínica psiquiátrica donde rulean las enfermedades de la mente ye-yé. Fuzztones son unos brujos en esto de tejer atmósferas siniestras pero bailables, cargadas de humor terrorífico, pócimas tóxicas y experiencias paranormales para deleite del respetable. “Blackout of Gretely”, “You Burn Me Up and Down”, la grandiosa “The Witch” de Los Sonics, otra no menos golpeadora de Los Sparkles, “No Friend of Mine” (de la que Los Monomen hicieron un himno en Wreck!) y su célebre quebradita psycho, “She´sWicked”.

En ese momento caí en la cuenta de que Los Fuzztones se han convertido en el mayor tributo a Los Sonics. Ya nos habían lanzado a los brazos de La Bruja, pero no era suficiente y al final cerraron con dos joyas del garage rock legadas por los de Tacoma: la venenosa “Strychnine”, seguida de una pausa antes del encore. Pero para uno que llevaba 15 años esperando este preciso instante, era El Encore. Al fin pude escuchar en vivo esos acordes asesinos de la gran esperada con la que culminó la noche, antes de que el reloj marcara las doce tocaron “Cinderella”. Fue el acabose con esta canción. Dijeron adiós antes de cruzar las Phantom para formar en lo alto su escudo de liras. Entonces sí, cual cenicientos de rola salvaje, huimos de aquel lugar dejando el tenis tirado en la pista de baile :x

Editor Yaconic

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