De la columna Dalias negras

Por Bibiana Camacho

EL ORIGEN

Como todo buen fabulador, Fernande Grudet se construyó una biografía plagada de tragedias, heroismo, pobreza y lucha por salir adelante; para justificar cómo se convirtió en Madame Claude, creadora y líder de una exclusiva y amplia red de prostitución durante los años sesenta y setenta, en París.

Según su versión, a la cual añadió y quitó detalles a lo largo de los años, Madame Claude fue hija de un político o de un marino o de un ingeniero, hasta de un obrero; pero siempre de familia aristócrata. Educada en un convento con monjas de la orden de las Visitadoras, más tarde heroína de la Resistencia Francesa, después presa en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, de donde, según ella, rescató al sobrino de Charles de Gaulle. Leugo vendió biblias casa por casa.

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En realidad, esa biografía ficticia tiene algunos elementos verídicos. Fernande Grudet nació el 6 de julio de 1923 en la región de Angers. Probablemente hija de judíos pobres, su padre tenía un puesto callejero de comida y café afuera de la estación de trenes de la ciudad francesa. Fue arrestado en 1940, cuando ella tenía 17 años, mientras la ciudad estuvo ocupada por los alemanes. Pese al miedo, reclamó el paradero de su padre y le entregaron su cadáver una semana después. Otra versión afirma que su papá habría muerto de cáncer de laringe. Fernande, efectivamente, estuvo en un campo de concentración, probablemente en Ravensbrück; un código de barras en su muñeca delataba este hecho. Tuvo una hija, Annie, fruto de sus amoríos con un médico nazi del campo de concentración, pero de inmediato la dejó al cuidado de su madre. Una vez liberada se presume que fue agente del Estado y vendedora de biblias, antes de convertirse en prostituta callejera.

Su gran amor fue René Girier, mejor conocido como René la Canne, una leyenda proxéneta a quien conoció en París, donde trabajó como prostituta en las calles desde 1942. René conocía el mundo, el medio, la policía, los clientes. Él la protegió y la explotó. Luego desapareció. Para 1951, Fernande Grudet renunció a la prostitución en las calles, conciente de que no podía competir con la belleza de sus compañeras y montó su propia red. “No era bonita ni me gustaba coger, pero mentía muy bien. Eso es lo que las mujeres deben aprender como prioritario: las apariencias, las simulaciones”.

LA TRANSFORMACIÓN

Madame Claude se transformó mediante algunas cirugías plásticas. Luego se sofisticó de tal modo que no se pensaba en prostitución o en proxenetismo al verla. Luego aplicó el mismo principio para las “Claudettes” o “Cisnes”, como las llamaba; pero antes eran elegidas con esmero mediante audiciones. Estas Cisnes tenían que posar desnudas frente a Madame Claude y contestar varias preguntas para determinar su inteligencia. Una vez pasada esa prueba eran sometidas a una sexual. Madame tenía a un pequeño y selecto grupo de amigos que con gran placer probaban a las candidatas y le daban un veredicto de sus habilidades sexuales. Ella les decía essayeurs. Por cierto, uno de ellos fue Jacques Quoirez, hermano de la escritora francesa Françoise Sagan. Quoirez escribió el libro titulado Allô, oui ou les Memoirs de Madame Claude, que fue publicado a mediados de los setenta en Francia. Si las Cisnes lograban pasar estas pruebas, venía la etapa de perfeccionamiento: alguna cirugía para mejorar o resltar sus atributos, clases de idiomas, de cultura gerenal, de arte, de historia. Las vestía con marcas como Yves Saint Laurent, les ponía joyas de Winston, bolsas de Louis Vuitton y relojes Chartier.

Los requerimientos eran rigurosos. Madame Claude hablaba sin tapujos de los defectos físicos de las muchachas, varios de sus rechazos eran ruines y ofensivos. Una mujer alemana fue rechazada de forma vil y se marchó enfurecida; pero regresó más tarde con una pistola. Una bala pasó silbando sobre su cabeza, otra atravesó la manga bombacha a la altuera del hombro de su vestido de diseñador, la tercera le atravesó la mano y le dejó dos dedos inmovilizados. Madame Claude lo tomaba con humor: “Mi mano está mejor así, resulta más útil para quitar corcholatas”.

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El primer domicilio conocido de Madama Claude fue en el Quai des Orfevres en 1961. Luego en 18 Rue de Marigin, justo al lado de los Campos Elíseos. Después compró un hotel en la Rue de Boulainvilliers, en una esquina discreta de París, que constaba de doce habitaciones. Ahí recibía a sus clientes en la puerta, vestida de colores sobrios y perfectamente maquillada y peinada. Era una mujer controladora, que no bebía ni fumaba. El negocio era siempre lo más importante. En la estancia ella misma preparaba una bebida para los clientes, mientras un pianista reconocido de Nueva York amenizaba el ambiente. Luego de un breve intercambio de palabras, los clientes se retiraban a una habitación con su Cisne. Aunque Madame Claude las presentaba como profesionistas: Eva, pintora de Austra; Claudia, bailarina alemana, por ejemplo.

Allô, oui? Era la manera de contestar el teléfono para recibir peticiones de sus clientes. Su golpe maestro fue precisamente implementar un discreto sistema mediante el cual los clientes hacian citas por teléfono u ordenaban Cisnes a domicilio. De ahí surgió el término: Call girl.

LOS CLIENTES

Existen muchos rumores acerca de los exclusivos clientes de Madame Claude, aunque jamás reveló nombres ni de sus clientes ni de sus Cisnes, muchas de ellas pertenecientes a buenas familias, a las pasarelas, a la farándula, a las mejores universidades de Francia.

Algunos de los supuestos clientes de Madame fueron el coronel Muamar el Gadafi, Marlon Brando y la mitad del gabinete francés. Algunos clientes tenían exigencias peculiares: John F. Kennedy solicitó a una Claudette que se pareciera a Jackie Kennedy pero que fuera sexy; Aristóteles Onasis organizó un trío con María Callas y una Claudette. Gianni Agnelli, el multimillonario de Fiat, organizaba orgías con varias Claudettes y luego las llevaba a misa. El shah de Irán hacía pedidos semanales y recibía a las Claudettes todos los viernes por la tarde en Terán. El famoso pintor Marc Chagall se presentaba en el burdel de vez en cuando para pintar a las chicas desnudas y quizá algo más.

Madame Claude decía que le daba risa ver las fotos de damas, actrices, modelos y condesas en las páginas de sociales de revistas como Tatler, Harper’s o Vogue, y descubrir cuántas de ellas empezaron trabajando para ella.

Varias Caludettes se refinaron tanto que se convirtieron en dealers de arte, empresarias de bienes y raíces, damas de sociedad y esposas de millonarios.

En caunto a los negocios, Madame Claude se quedaba con el 30% de las ganancias. Las tarifas, actualizadas hoy en día, eran más o menos de mil 500 euros por noche. No es de extrañar que cada mes le llegaran al menos veinte aspirantes para convertirse en una Cisne, sin embargo, Claude sólo aceptaba a una para audicionar.

El negocio se hizo de una gran reputación en los cuatro puntos cardinales del mundo. Una vez que Madame consideraba que una Cisne estaba lista, le reportaba jugosas ganacias, aunque hubiera trabajado con ellas un año entero en su figura y preparación intelectual, hasta que llegaban a la perfección que tanto se exigía.

Gracias a su red de clientes adinerados y poderosos, su negocio estuvo protegido durante algunos años. Pero en 1970, perseguida por el fisco, que le reclamaba once millones de francos (unos dos millones de euros ahora), la mujer que pretendía “hacer del vicio algo hermoso” y que se jactaba de no forzar a nadie a trabajar para ella, se refugió en Estados Unidos.

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AMÉRICA

En suelo norteameicano, Madame intentó abrir una pastelería, pero fue un fracaso. Durante 1973 el gobierno de Estados Unidos contrató a Claudettes para levantar la moral de sus soldados en Vietnam. Pero para 1974 ya no se requirieron sus servicios y los intentos por establecer un burdel fracasaron. Fue detenida por problemas con su visa, y para solucionarlo se casó con un barman gay, gracias a lo cual pudo conseguir la green card. Años antes en 1972 se había casado con un suizo, sólo para obtener la doble nacionalidad.

Cuando sus intentos por establecerse en Estados Unidos con el lucrativo negocio fracasaron, Madame se marchó a Vanuatu en los Mares del Sur, antes de regresar a Francia en 1985.

Ya para 1977, Madame Claude era tan famosa que hasta se hizo una película llamada Madame Claude acerca de su vida. El director fue Just Jaeckin, quien dirigió la famosa película Emmanuel en 1974.

Françoise Fabian, la actriz que la representó, dijo que era una mujer terrible, que pensaba que los hombres eran carteras y las mujeres agujeros. No obstante, a Madame Claude le gustó tanto la película, que le envió a Jaeckin una Caludette gratis, como agradecimiento.

A la mujer carismática que escrutaba con cuidado todo lo que observaba e impostaba un tono de voz entre cícnico y divertido, le encantaba cambiar de nombre: Claude Tolmatcheff, Claude Cook, Madame Machin, fueron algunos usados en suelo norteamericano.

REGRESO A FRANCIA

A los 62 años, en 1985, con la nostagia de la patria, mal aconsejada, y persuadida de que el fisco la habría olvidado, Madame regresó a Francia y se refugió en una granja a unos kilómetros de Cajarc, la tierra de Françoise Sagan. De inmediato, la policía fue tras ella y la encarceló en Cahors, la prisión más cómoda de Francia, un castillo del siglo XVII, donde estuvo presa cuatro meses con su propia sirvientea, estilista y comida gourmet. En diciembre de 1986 fue liberada bajo vigilancia. Entonces se convirtió en vendedora del último grito de la moda de la época: pantalones de mezclilla, en una boutique en la calle Dauphine. No duró mucho, pues aterrorizaba a las clientas con sus comentarios ofensivos sobre su apariencia y lo mal que le quedaba la prenda a algunas.

En 1991, a los 68 años, Madame empezó una vez más y de cero con una docena de chicas en un departamento en Marais. Entonces, Martine Monteuil, ex director de la policía judicial, se convirtió en el jefe de la Brigada de Represión al Proxenetismo, Brigade de répression du proxénétisme (BRP), y decidió limpiar la ciudad de prostitutas y chulos. Cuando escuchó el rumor de que Madame Cluade habría vuelto a las andadas, envió a agentes encubiertos para que investigaran. Cuando al final irrumpieron en su departamento en un tercer piso en el distrito Marais, la encontraron en plena audición de una chica desnuda llamada Sabrina, y lograron grabar parte de su perorata que decía: “Querida, esa caderas están un poco demasiado pesadas”. Esto fue usado en la corte.

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Durante el juicio, algunas Cisnes compartieron sus experiencias cuando estuvieron bajo el manto de Madame, y no todas fueron halagadoras. Una de ellas declaró que era como una esclavista de una plantación del sur de Estados Unidos. Madame consideraba poco profesional perder energía en experimentar placer mientras tenían relaciones sexuales con sus clientes. Para ella todo, absolutamente todo, era negocio.

Algunas de sus frases favoritas y con las que machacaba a sus Claudettes eran:

“Una mujer no debería mostrarse desnuda después de los cuarenta años, es de mal gusto”.

“Hay que ser pendejo o torcido, en verdad, para pagar una fortuna por un par de piernas al aire”.

“Hay dos cosas por las que la gente paga. Comida y sexo y yo nunca he sido buena para cocinar”.

Su red contemplaba entre 200 y 500 chicas y una agenda con cientos de clientes especiales. Había además entre 30 y 50 Claudettes favoritas y ultra exclusivas, quienes afirmaban que no se paraban de la cama por menos de 10,000 dólares.

EL JUICIO

Durante el juicio y para hablar en su propia defensa, Madame le dijo al juez: “Usted comprenderá, dado el estatus impreciso de mi profesión pasada, que no creí que debería declarar esas ganacias”. Fue declarada culpable y pasó seis meses durante 1992 en Fleury-Mérogis.

Luego de ser liberada, Madame declaró: “Me trataron muy mal. Si hubiera sido una don, nadie hubiera entrado y salido de la corte el mismo día con una multa. Monteuil me usó para hacerse de una reputación, exprimió toda mi fama. Soy una mujer mayor obligada a sufrir por la vanidad de otros”. Dicho esto, se dispuso a posar como una matrona imperial ante la cámara: cabello blanco, labios rojos, zapatos de tacón, ropa elegante de colores nuetros para grabar un video titulado Cómo seducir por Madame Claude, en el que daba consejos de seducción con un excesivo e inseperado pudor: “Nunca tengas sexo en la primera cita”.

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EL RETIRO

Madame se instaló e Beauce durante unos años para finlamente mudarse a Niza en el 2000, donde compró un departamento que luego de siete años vendió y que le dejó lo suficiente para vivir holgadamente en un asilo de ancianos. No veía a nadie más que a Paulo, su estilista, y a Philippe Thuillier, uno de los productores del documental en el que daba consejos.

El 19 de diciembre de 2015 Madame Claude murió a los 92 años en un hospital de Niza. A la tumba se llevó los datos precisos de sus clientes y de sus Cisnes, nadie supo precisar el monto de la fortuna que acumuló. Su hija, a quien econtró durante los noventa gracias a un detective privado, jamás le dirigió la palabra.

Dejó dos autobiografías con poca información relevante: Le meilleur c’est l’autre (Editorial Jacob Duvernet, 1986) y Madam (Editorial Michel Lafon, 1994), ambas firmadas como Claude Grudet.

Y como toda celebridad criminal ha inspirado películas, series, artículos y libros: Les Filles de Madame Claude de E. Antébi y Anne Florentine publicado por Stock-Julliard en 1974. Les dossiers secrets de Madame Claude, una serie de obras eróticas publicada durante los años 80 por Ediciones E1. El documental Les Confessions de Madame Claude, de 1995 realizado por Patrick Meadeb, en el que supuestamente confiesa sus intimidades y que alcanzó un récord de audiencia en el canal TF1 de la televisión francesa. William Stadiem escribió un magnífico perfil para la revista Vanity Fair en 2014, titulado “Behind Claude’s Doors”.

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Editor Yaconic

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