Por Iván Landázuri

“Querido señor Talese: (…) durante mucho tiempo he querido contar esta historia, pero no tengo talento suficiente, y me da miedo que me descubran.” Así inicia la carta que Gerald Foos envió a Gay Talese (Nueva Jersey, 1932) a principios de 1980. Foos escribía aquello para despertar el interés de Talese. Se trataba de la “confesión” de un voyerista, cuya historia no sería soslayada por el veterano y legendario periodista.

Gerald Foos había comprado un motel en Colorado y había instalado —con ayuda de su mujer, Dona— plataformas de observación, valiéndose de falsos conductos de ventilación, que le permitían espiar a las parejas que se alojaban. Gerald espió a lo largo de veinte años; y fue, inclusive, testigo de un asesinato. Esta razón hacía más delicada la confesión.

el hotel del voyeur gay talese

Gay Talese.

Fiel a su escrupuloso método de investigación, el autor del afamado perfil “Frank Sinatra está resfriado” (Esquire magazine, 1966), una de las piezas fundacionales de lo que a partir de los setenta se llamaría “Nuevo Periodismo”, viajó para encontrarse con el dueño del motel Manor House y corroborar la historia que le había relatado en la misiva.

Gerald narró a detalle los pormenores de su práctica, la emoción que le despertaba infringir clandestinamente la intimidad de sus huéspedes, en especial la de jóvenes parejas. Además, mostró a Talese un registro en el que, junto con los nombres y direcciones de las personas que alguna vez estuvieron en aquel sitio, se hallaba apuntes sobre sus hábitos sexuales.

Inclusive, Foos guío a Talese por la entrada del desván que accedía a la secreta panorámica de las 21 habitaciones que conformaban el motel, para que el periodista presenciara lo que el voyeur le había confesado.

“Observé lo que hacía Foos y lo imité: me puse de rodillas y comencé a arrastrarme hacia la zona iluminada cercana, y acto seguido estiré el cuello al máximo para poder ver tanto como fuera posible a través del conducto (al hacerlo nuestras cabezas casi chocaron). Al final, lo que vi fue a una atractiva pareja desnuda tumbada en la cama y practicando sexo oral.”

el hotel del voyeur gay talese

Gerald Foos

Talese reconoció frente a sí mismo algo más que la historia de un mirón. Quizá, de la misma forma que Foos, escondida entre las líneas del relato, se hallaba cierto rastro de la perversidad innata de una sociedad que, a toda costa, buscaba negar, ocultar, o sublimar.

Fiel a su oficio, Talese decidió llevar la historia y posteriormente publicar un libro: El motel del voyeur (Alfaguara, 2017). El volumen se publica 37 años después de que Talese recibió la carta de Gerald Foos, y una vez que los delitos e implicaciones legales inmersos en la narración han prescrito, tanto para el voyeur como para el escritor.

El motel del voyeur demanda una lectura escrupulosa, crítica y, en algunos puntos, visceral. Los eventos saltan de lo erótico a lo grotesco, y viceversa, en tiempos muy cortos. Se trata de un relato emocionante e hilarante, en el que el voyeur y el periodista transgreden toda pasividad. Además de las implicaciones legales, el cuerpo fuerte del libro se sostiene de manera disfrazada en las incorrecciones éticas y morales. En las sociedades occidentales, en las que los valores y el progreso están ligados al dominio y disipación de lo emocional y lo sexual, sujetos como el voyeur nos confrontan con aquello que luchamos por no reconocer.

Motel Manor House.

Talese es una de las grandes bestias del periodismo narrativo. Es autor de libros como Honrarás a tu padre (1971), sobre las estructuras y secretos de la mafia italiana en Nueva York, a través de la familia Bonanno; El reino y el poder (1969), en el que nos introduce tras bambalinas en el diario The New York Times y sus rencillas intestinas por el poder; y La mujer del prójimo (1981), en el que aborda de forma íntima y polémica los tópicos que configuraron la revolución sexual estadunidense. Talese mantiene su vigencia para narrar historias que trastocan al lector. El motel del voyeur lo confirma; e incluso con este libro la polémica hizo su presencia.

Luego de su publicación en Estados Unidos, The Washington Post publicó información que puso en duda lo relatado por Foos, como el episodio del asesinato de una joven. Sobre este pasaje ya existían recriminaciones éticas, no solo por la inacción de Foos, sino porque el mismo Talese evadió la denuncia para guardar su investigación periodística. The Washington Post daba un golpe importante a la veracidad de la historia: demostró que un par de meses después de la visita del periodista al motel, Gerald lo había vendido a un tal Earl Ballard. Este aspecto era desconocido por Talese.

Tras las revelaciones, Talese estuvo a punto de interrumpir toda posible traducción y distribución del libro. Gerald entró al hotel cuanto ya era propiedad de Bellard, quien lo vendió en 1983. Durante cinco años Gerald no pudo ingresar, hasta que en 1988 lo adquirió de nuevo y años más tarde lo ofertó de manera definitiva. Sin embargo, el voyeur entregó apuntes a Talese fechados en el tiempo en que no tenía acceso al Manor House.

A pesar de ello, y valiéndose de su experiencia, Talese verificó los datos que pudieron ser producto del imaginario desbordado del voyerista: “Como ya dejé claro en la primera edición de este libro, Foos era un narrador inexacto y poco fiable, pero sin duda fue un voyeur épico. Los sucesos que afirma haber presenciado como voyeur, las escenas relatadas en su diario y en este libro, tuvieron lugar, en su totalidad, antes de mi visita de 1980 y antes de la primera venta del motel.”

El motel del voyeur llegó al español a principios de 2017 luego de una exhaustiva revisión y mínimas correcciones, centrando de nuevo la mira —como posiblemente Talese lo esperaba desde el comienzo— en un debate ético y una dura e interesante reflexión sobre los límites del periodismo.

Editor Yaconic

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