La vida de un godín mexicano no es para nada interesante. Es un ciclo gris carente de matices en el que los sueños de juventud, la lust for life y, en algunos casos, los deseos de vivir se van apagando conforme el transcurso de los días acercan la inminente fecha de retiro, tanto de la ofi como de la existencia: perder todos los días al menos 3 horas en traslados, cargar un set de topers con al menos arroz con salsa, soportar a “Panchita” la de contabilidad y al furias del “Patrón”, tener que soportar la discografía de Aleks Syntek que alguno de los colegas se fuma diariamente, y anhelar desde el primer segundo del lunes que ya sea de nuevo beviernes o quincena.

Los salaryman japoneses están igual de jodidos que los mexicanos. No obstante, existe uno para el cual el trayecto para retornar a su casa y wachar la novela de las 8:00 pasó de la acostumbrada aventura del metro o una odisea digna de una novela gráfica: se trata del anodino godín creado por dibujante español José Domingo, que plasmó esta rutina en las páginas de Aventuras de un oficinista japonés (Astiberri 2017).

En las páginas del volumen podemos presenciar cómo la caminata habitual de este salaryman se torna sorpresivamente en una huida de un cruce de fuego entre dos grupos yakuzas que lo llevará también en intentar salvar su vida de unos mormones caníbales, hacer contacto con una raza avanzada en el centro de la tierra, sobrevivir el ser sacrificado por el ocultista servicio postal y recorrer el tracto intestinal de una célula gigante espacial, sin antes conocer el amors.

Para crearlo, Domingo se inspiró en la estética de los videojuegos retro y los colores brillantes de la cultura pop, de la cual se aprecian un sin fin de referencias; explica que la aparente random narrativa es “una metáfora del día a día, lo que te rodea te acaba superando y, al final, de lo que te das cuenta, como el oficinista, es de que lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar”, esto último siendo parte de la creación del cómic: simplemente se sentó a trabajar sin guión, plasmando toda idea le llegara a la mente.

Aventuras de un oficinista japonés ganó el premio a la mejor obra nacional en el Salón del Cómic de Barcelona de 2012 y fue nominado en 2014 a los premios Eisner, el Oscar de la industria cómic, en la categoría de mejor cómic internacional.

Así que si eres godín y tienes contemplado echarte la tanda en el último disco del cantanto pedero y ex embajador de la Unicef, mejor dale una oportunidad a la historia de tu hermano de oriente, solo procura que no sea mientras andas dándole al mole en el comedor.

Raúl Campos

Raúl Campos

Cultural Journalist & Documentary Photographer Kitsch Journalism Mexican decay Anarchy Road

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