Previo a un encierre voluntario requiero fiesta. Anticipo las entregas finales con un buen toque. Mientras pasa el proceso crítico, planifico y fumo y me determino a seguir. Aún me encuentro en el clímax. Después de un par de mensajes lo consigo. El escape con María y una chela me permitirían lo terapéutico de otros criterios. El Grill hop pareció una buena opción para que Ángel sonsacara a la “Bruja”.

Ansiosos mis dedos exigían poner alto. Requerían de esa agradable sensación de entumecimiento. Menos rigidez y más marihuana. Lo frío de una Budweiser para anestesiar las ampollas costaba 15 pesos más que una consulta en la Similares, pero causó mucho más alivio. La espuma y las burbujas enjuagaron mi garganta. Poco a poco me olvidé del pedo académico que estrangula las ideas. Durante 355ml me valió verga todo. El resto de la tarde me enfoqué en olvidar el mal sabor y disfrutar de otras recetas de letras.

Fotos: Grill Hop

La cerveza en chinga emancipa la reflexión de lo insípido. Como mexicano con la verde bien puesta, me percaté del cuadro en corto. La caminata y los humos habían aletargado el tiempo. Quería hacer de todo y al mismo tiempo nada. Por un instante, en la parte del viaje llena de dudas y dudas sobre la duración de esas dudas, se me hizo fácil querer echar el Fifa, pero no pude. Llegué tarde al torneo.

Faltaba poco para que Badknees hiciera su aparición. Salió Sor MariJuana más a la fuerza que de ganas, pagamos un par de cervezas y nos dispusimos, “La Chica del Pony Tatuado” y yo a analizar a detalle el ambiente. Las mesas, tarimas improvisadas pero aptas para lo que en teoría debería ser un evento de hip hop, estaban todas ocupadas. Las opciones de bajonear para un par de vegetarianos no existieron. Elegí aún así estar ahí. Beber despacio mi cerveza, pulir la gafa y permanecer  rodeado de gorras snapback impecablemente nuevas que no cuadraban con la chamarra de piel, ni con los tacones.

Fotos: Grill Hop

La música nítida interrumpió mis marihuanas cavilaciones. Antes de voltear a poner mi total atención en Am I, alcancé a ver a lo lejos unos pantalones brillantes. La bodega que albergó al Grill Hop, se inundó de un anhelo bling bling, de sombreros largos, cabellos extravagantes y una pasarela de accesorios de ocasión.

Seguía abstraído, y marihuano por supuesto. Observando una masa heterogénea de prendas. Cabeceando ligeramente hasta que el movimiento me hizo voltear la mirada de un público inclasificable. Ante tal panorama de viaje, me refugié nuevamente en el ojo. No me sentía del todo en sintonía, sino hasta que Tune In me recordó que la cabina es pequeña, mejor invitar a los sentidos.

Fotos: Grill Hop

¡Esto no parece un evento de Hip Hop!

La verdad es que disfruto de la cultura hip hop. No me considero un especialista en el tema ni un perteneciente exclusivo de ella. Representa un eslabón de mi escalera vertebral, parte de una cadena de adn no precisamente de oro.

Mi admiración por el freestyle argumentado y por el beatbox bien hecho, que no imite, sino que sea literalmente el sonido, se intensifica un chingo cuando estoy marihuano. La ausencia de un público rapper no mermó el esfuerzo de organizadores, dj’s, b’boys y cajas resonantes humanas que surtieron efecto para un buen viaje.

En lo auditivo no hubo falla. Atrás de una pantalla que proyectaba animaciones psicodélicas, una figura de La Virgen de Guadalupe se iluminaba tenuemente de colores. Otra vez uno de esos momentos más de cuestionamientos por la marihuana. Necesitaba más rimas.

Fotos: Grill Hop

No topaba a la morra que con micrófono en mano soltó su poesía. Me sentí incitado a observar más de cerca, tomé la cámara y atrás de ella ya no se distinguía nada. No había más cliché, no había más definiciones, no había más Virgen. Montebel y su rap naturalmente cambiaron la tonalidad de las luces.

– ¡Noooooo mames, qué buen beat! –, susurró la Bruja meneando su cerveza.

– Voy a ir a tirar fotos –, exhalé.

En camino sin saber a la dificultad desquiciantemente, pero molestamente motivadora de un pinche reto de los más culeros, los autoimpuestos, sentí detrás a la bruja, “¡Es Montebel!, ¡vamos!”.

El cautive fue inmediato. Una MC de la ciudad que no enclaustra su sentir, que esa tarde no sólo lo sacó en rimas. Sacudió prejuicios y estereotipos y usó el micrófono para amplificarse -Vénganse para acá, no se queden en las mesas, vénganse acá adelante- como sutil preludio al comentario posterior de una rapera – ¡Esto no parece un evento de Hip Hop!

Fotos: Grill Hop

– No es como que se tenga que estar bailando, pero pues se nota más la energía si están parados – accedió a responderme ante la idea que me causó la reacción de la gente.

Para Montebel no fue tan difícil congeniar con un público diferente. Para ella su mensaje fue captado porque se acercaron. Antes de que terminara Loca, la demente que levantó a la masa nos corrompía con su psicología de rimas.

La que le robó la luz a la guadalupana cantó Perdónalos porque a pesar de que “se nota cuando es un público rapper y cuando es un público diferente y esta vez sí es un poco diferente”, para ella se notó el disfrute, que escucharon sus letras. El movimiento de cabezas significó su atención.

Fotos: Grill Hop

El hueco de los cientos de voces se llenó en chinga de cuerpos incitados, como no había pasado en el Grill Hop, a acercarse a escuchar buen rap. A menear el tiempo que quedaba antes de seguir con lo escolar. King Zoo mostraba su rap intercultural. Mezclé un poco más de marihuana, rap y fotografías. Shazam me mostró la chulada de rola que dio inicia al fin. Seguiría fumando claro, pero el rap en directo terminaba ese día en unas cuantas canciones.

No Mercy acercaba el desenlace. La cúspide de la pirámide de prioridades. Entendí desde mi particular percepción de marihuano, que el rap debe ser así,  sin piedad, justo como el periodismo. Valió las fumadas, valió las miradas. Al final de todo siempre hay letras que cambian los viajes, los panoramas, las intenciones.

Fotos: Grill Hop

Un par de canciones más, y luego aceptar las esposas. Entregarme a la obligación de lo aceptado. No sin antes, volver a menear todas mis ideas y regresar con nuevas a darle con lo de la marihuana. A darle duro y de pie. Como se está en una buena tarde de hip hop. Como se está en la vida siempre. Resistiendo.

Se apodera de mentes, bocas, y una bodega. Se adueña King Zoo de un evento a mi parecer bueno en propuestas musicales, con una ovacionada y retumbante 4 Life. Una rolota que no puede faltar en el playlist para lo que quede de noche. Seguramente letras, pero pueden ser habladas, escritas, o como el hip hop: cantadas o censuradas.

Fotos: Grill Hop

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Miguel Ángel Sosa Arzate

Miguel Ángel Sosa Arzate

Miguel Sosa, fotógrafo y reportero.

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