Busco una cabellera canosa entre la multitud. Llevo los últimos 40 minutos con calambres en las manos y un revoltijo en la panza porque sé que puedo encontrarlo. Ensayo mi saludo en inglés y preparo mi celular por cualquier cosa. Mi cabeza se asoma una y otra vez entre los camerinos. El frío en las manos no me deja en paz. Es esa misma sensación que sentía en la prepa cuando esperaba a la salida aquella chica norteña que me volaba la cabeza.

De pronto, aparecen frente a mí dos ojos desorbitados, incrustados en un cráneo repleto de pelos grises. Es “Bez” Berry, aquel “freaky dancin” de los Happy Mondays que según toca las maracas. Lo abrazo, me tomo una selfie. Noto que no es tan alto. Es arrugado, chimuelo, apesta a cerveza y su piel es rosa puerco. Un típico inglés.

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Hay cuatro cosas sagradas en Manchester: los pubs, el Man United, el City y el legado musical de la ciudad de Reino Unido. Bez vivió su adolescencia en los suburbios de esta urbe en pleno thatcherismo. Fue víctima del desempleo que caracterizó la época. Bajo el mandato de Margaret Thatcher, en 1984, se triplicó el desempleo, lo que trajo como consecuencia que casi el 30% de los niños en Reino Unido fueran pobres en 1994. Cuatro años atrás, cuando renunció Thatcher, se publica Pills ‘n’ Thrills and Bellyaches, álbum icónico en la música británica, y que catapultó a los Happy Mondays a los libros de historia.

Pills ‘n’ Thrills and Bellyaches es un fin y un comienzo. Este tercer material pone los clavos al ataúd del movimiento Madchester, el cual había tenido su esplendor un año antes con el debut de los Stone Roses a manos de Peter Hook de New Order; ayudados además por los hits que metieron bandas como Inspiral Carpets, Northside, 808 State y The Charlatans. El Madchester (llamado así por el EP de los Happy, Madchester, Rave On) se expandió por toda la isla a través de bandas como Primal Scream, The Mock Turtles, EMF, The Farm y Soup Dragons. A este movimiento también se le llamó Baggy, nombrado así por la forma de usar jeans guangos. La moda baggy, al igual que la música, se encontraba entre la delgada línea de lo retro y lo actual. El primer disco de los Happy, junto con el debut de los Stone Roses, sirvió para aplanar el camino a las bandas que tres años después cambiaron completamente el rumbo de la música independiente.

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Me cuesta creer que por ahí sigue Bez. En poco tiempo subirá a un escenario con un nombre bien pinche: el “Rockampeonato”. Parece que a pocos les importa; todos felices comprando tacos y otros productos. El merchandising a tope mientras al Vive Latino se lo lleva el carajo. Como negocio está a toda madre; pero como propuesta está a punto de desaparecer. Si Caifanes es tu headliner estelar tienes problemas. Los mismos, tocando lo mismo, haciendo lo mismo. Justo en ese momento me pregunto si no me voy a llevar un chasco en el concierto de los Happy Mondays. Ya todos son unos cincuentones calvos y panzones. Tengo la leve sospecha que van a tocar de la mierda, que a Shaun Ryder no se le va entender nada al momento de cantar, que Mark Day va desafinar y que Rowetta Satchell puede que salve la noche.

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En la década de los 80 había un gran vacío en la música británica. Los charts estaban compuestos por los viejos artistas de siempre, representados por monstruosas trasnacionales. Pero: ¿Dónde quedaban los jóvenes, las nuevas propuestas? Afuera existía una voz que expresaba lo que la clase trabajadora vivía, el común denominador, la falta de empleo y oportunidades. Tan determinante era que si nacías en algún barrio pobre de Manchester lo máximo que podías aspirar era a ser ayudante de una fábrica. Esto debido al aumento de concesiones a particulares por las prácticas neoliberales que Thatcher implementó.

La reacción de la juventud británica ante este panorama fue alimentar un movimiento contracultural que explotó a finales de los 80, y que se transformó años más tarde en la cultura rave. Concretamente en Manchester a finales de los 70, Buzzcoks y Joy Division marcaron el camino a una banda, que a su vez cambió el panorama de la música inglesa para siempre: The Smiths. Este grupo liderado por Steven Patrick Morrissey y Johnny Marr logró lo que nadie había hecho antes: llevar a una banda independiente a los primeros lugares. Por su parte, el periodista Tony Wilson se embarcaba en una aventura llamada Factory Record, sello discográfico que apostó por bandas como Joy Division, posteriormente New Order, James, OMD, Happy Mondays y, por un venue que soportara la carga ideológica de la juventud de Mánchester: el club The Haçienda. Bajo ese techo se consolidó una escena influenciada por las drogas, la sicodelia, el dance y el funk.

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Es cerca de media noche. Bajo una carpa se encuentra un escenario no muy grande. Está iluminado tímidamente. Me logro escabullir frente al escenario junto con el pelotón de fotógrafos. Tan cerca que noto las patas de gallo de Shaun Ryder. El primero en salir fue “Bez” Berry, después la banda, al último Shaun. Se escuchan gritos, mi nuca siente gotas de saliva y una ligera brisa bucal. Sé que sólo podré estar tres canciones por lo que intento activar mi grabadora sensorial para que no se me escape ningún detalle, pero no lo logro. Sólo recuerdo mucha gente, muchas luces, mucho ruido. Shaun canta “Step On” con los ojos semiabiertos. Me da la impresión de que fumó crack por su ligera sonrisa. En el bajo Paul Ryder se muestra inexpresivo. Rowetta está enfundada en un vestido negro pegado y esconde su cara bajo en enorme sombrero de terciopelo, mientras mi querido Bez se mueve de un lado para otro sobre todo el escenario. Sus ojos parecen estar viajando por la galaxia; se pierden en el espacio al ritmo de sus dos maracas.

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A finales de los 80 los debutantes Stone Roses junto con los Happy Mondays eran los alumnos más avanzados del Madchester. Apareció el MDMA o éxtasis, una nueva droga que se convertiría en la compañera ideal de esas fiestas interminables, plasmadas en la rola “24 Hour Party People”, del álbum Squirrel and G-Man Twenty Four Hour Party People Plastic Face Carnt Smile (White Out) de los Happy. Era 1987. Posteriormente, la canción fue llevada a la pantalla por Michael Winterbottom en la cinta 24 Hour Party People (2002). La escena acid house y el rave en Manchester coincidió con la aparición del éxtasis y el Madchester. Todos estos componentes se reunieron en un solo lugar: The Haçienda. El club tuvo algunos problemas por el abuso de drogas, algunas muertes por sobredosis y constantes desmadres.

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No me extraña que en el concierto seamos menos de dos mil personas. Tampoco parece importarle a Bez y compañía. A mi alrededor muchos sacan el gallo. Me gustaría que sacaran algo “más fuerte”, pero es sólo el cliché de las drogas. Al fondo se escucha “Loose Fit” mientras le pregunto a un compa si me deja darle un jalón a su pipa. Tenía que hacerlo. Estar en un concierto de los Happy sin por lo menos darme un jalón de mota no completaría la faena. Por un momento me da la impresión de que los que estamos bailando queremos engañarnos pensando que estamos en un verano de amor dentro de The Haçienda o en Spike Island. Lo cierto es que tenemos a una banda que suena chingón por la actitud de sus integrantes. El sonido técnico en sí de la carpa no es tan bueno, pero la guitarra de Mark Day y la bataca de Gary Whelan dan en el punto. Shaun Ryder camina y según canta, porque más bien parece que hablaba. Eso no debe extrañarnos, sabemos que es su estilo.

Escucho Hallelujah”. A todo mundo se le mete por los huesos la secuencia de los cantos gregorianos, y es entonces cuando veo la verdadera locura, la verdadera demencia de estas personas que realmente vinieron por los Mondays. Escucho Hallelujah”. Termino por resignarme: los Happy para nada son de esas bandas de relleno; tampoco suenan terrible como pensé, al contrario, para ser unos cincuentones con pinta de maestros de filos lo hacen muy bien. Escucho Hallelujah”. Me da un poco de coraje que la gente se parara a los dos minutos y se fuera con una mueca de extrañeza. Escucho Hallelujah”. Recuerdo que existe un tridente sagrado en el Manchester de los 80: The Smiths, The Stone Roses y Happy Mondays. Escucho Hallelujah”…

 

 

Adán Ramírez

Adán Ramírez

Sweet and Tender Hooligan!

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