Por Vania Castaños / @vaniacache
Fotos: Emmanuel Muñoz / Carolina De Luna / Alexandra Olán

¡Qué buen House of Vans (HOV)! Desde el 2013, una de las compañías textiles más importantes de América trajo su fiesta anual a México. Recuerdo que el primer cartel estaba integrado, entre otros, por Black Lips, Kinky, División Minúscula y Apolo. Entonces  muchos no sabíamos muy bien de qué se trataba; pero resultó ser una muy buena peda con música nacional e internacional.

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Foto Carolina De Luna

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Foto Carolina De Luna

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Foto Emmanuel Muñoz

En 2014 la formula fue casi igual: fiesta en una vieja casona en Reforma, con Chromeo, Green Velvet y Disco Ruido! como protagonistas del cartel. Varias barras libres, espacios dedicados al skate y otros cuartos con obras de arte contemporáneo formaron parte de aquello.

Este año el evento creció y el tren del mame también. Desde que se decidió revelar el cartel en tres sitios específicos de la ciudad, entendimos que el target y el concepto habían cambiado: nos olvidamos de los tenis y el skate. Modernos, post hípsters y new raphoperos sean bienvenidos.

***

Llovía muchísimo. Pasaban las siete de la noche y yo tenía prisa para llegar a mi primer día de House Of Vans. Desde temprano pregunté vía Twitter a qué hora empezaba el ingreso y me contestaron que fuera puntual y llegara a las ocho. Y eso intenté.

Vería a un par de amigas para irnos en Uber y aprovechar el cupón de descuento con código de Vans  —gracias, Vans—. El tráfico, para variar, estaba pesado. Yo no tenía muy claro a dónde íbamos. Sabía que era en Constituyentes pero no identificaba el lugar. Justo cuando me estaba fermentando en el auto vi del otro lado de la calle a un grupo de personas con actitud. Seguro era ahí el Campo Deportivo del Estado Mayor Presidencial.

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Foto Carolina De Luna

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Foto Carolina De Luna

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Foto Alexandra Olán

Mientras cruzábamos el puente, y todavía soportando la furia de Tláloc, vi que el recinto era mucho, mucho más grande y diferente al de los años pasados. El jardín ha sido el venue del Festival Nrmal y mi lógica me llevó a pensar que este HOV sería igual: en un lugar abierto.

A la entrada del lugar regalaban impermeables. No dude y tomé uno. Mis pantalones, botas y cabello estaban muy mojados. “Seguro con la barra libre se me olvida”, pensé.

Entramos pasando las nueve de la noche. Para mi sorpresa y la de muchos, el espacio estaba techado, así que podíamos disfrutar de la música, el alcohol, la fiesta y todo sin una gota de lluvia —gracias Vans—. Todo se veía perfecto; menos los Sanirents, esos monstruos plásticos azules estaban en medio del lodazal. Bueno… los Sanirents siempre son feos.

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Foto Carolina De Luna

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Foto Emmanuel Muñoz

Me encontré con varios amigos y después de recorrer el lugar para encontrar nada interesante más que sets “chidos” para selfies, ver un rato a los bikers que estaban en pista y acabarme mi segundo o tercer whisky, nos acercamos al escenario. El Win Team ya estaba sonando y desde lejos se veían muchas cabezas en pleno bounce.

Me encanta lo que el rap le produce a mi cuerpo. Eso que te hace mover los hombros y rebotar. Por lo visto lo mismo se produjo en mis amigos y en otros cientos que estábamos ahí.

El nuevo proyecto de La Banda Bastön, Simpson Ahuevo, Alemán, Eptos Uno, Mike Díaz, Serko Fu, Brun Og y Gogo Ras suena muy bien. Escuchamos un poco de todos. Y casi para terminar, ¡boom!, “Ya te vi, ya sé quién eres, te conocí en una buena noche locos en éxtasis”: “Mextasis”.

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Foto Carolina De Luna

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Foto Emmanuel Muñoz

Desde que el HOV se estrenó en el país, el concepto se enmarca en tres temas: Underground Realm, Kiss My Vans y Classic & Mexico. El jueves correspondía al Reino Subterráneo y fue eso lo que significó: rap hasta morir o atascarse de alcohol. Lo que sucediera primero.

MLKMN sonó y estuve un rato viéndolo; pero supongo que por los whiskys me distraje de pronto y me fui. Cuando subí al área de Sanirents y mientras esperaba a que mi amiga saliera del baño, conocí a un par de personas ya muy borrachas. Me contaron que era la primera vez que iban al HOV; que se habían ganado los boletos en una tienda de tenis; que no conocían a los que tocaban pero… bueno, ¿ya qué importaba? Estaban muy borrachos y pasándola bien.

Terminando MLKMN subió Joey Bada$$. Entonces ya éramos bastantes disfrutando de la fiesta gratis. Manos en el aire, Joey sin playera, chelas, rones, whiskys, vodkas y demás bebidas que veces volaban; varios fumando marihuana y gente de seguridad rondando.

Después del rapero de 20 años, la guapa Angel Haze subió para demostrar que las morras también dominan el género. Qué atractiva mujer con voz sensual. Chingo de ritmo. De vez en vez contestaba los gritos del púbico agradeciendo y mandando palabras de amor. Todo estaba bien, pero cuando bebemos alcohol nuestra hormona antidiurética deja de funcionar correctamente y ahí íbamos, de regreso al baño.

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Foto Carolina De Luna

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Foto Emmanuel Muñoz

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Foto Emmanuel Muñoz

Las visitas a los Sanirents, con papel —gracias Vans—, se fueron hicieron recurrentes. Las mujeres aprendimos rápido la rutina: beber, decir que teníamos ganas de ir al baño, ir con una amiga, esperar, pasar, salir y si tenías cigarros, fumar. Así fue.

Regresando al escenario y después de tomar unas palomitas del área de prensa y otro (u otros) whiskys, bajé y me acerqué a ver a 2Chainz. Esta vez sola, con mi soledad y mi vaso.

Había mucha gente. Drogados y borrachos. Bailé un rato y decidí ir a buscar a mis amigos. Seguramente tomé otro whisky y otro y otro… vimos al estadunidense de lejos.

Pasando las cuatro de la mañana salimos del lugar y tomamos un taxi que nos llevó a descansar. Cinco horas después desperté con un tremendo dolor de cabeza y escalofríos cada tres minutos. La peor seca; pero muchos, muchos buenos recuerdos.

***

Según mis conocimientos, nadie, ni en su peor cruda, podría resistir a un segundo día de HOV. Así que, esta vez mucho más cómoda, y sabiendo que no me iba a mojar, tomé el camión de prensa —no más whisky— y me fui a la aventura.

Tenía muchísimas ganas de perrear. La noche anterior me la había pasado fine, así que tenía grandes expectativas del llamado Kiss My Vans. Además, Azealia Banks iba a cerrar; ella me cae muy mal pero cómo ya dije, tenía ganas de perrear.

Esta vez el decorado era diferente. Mucho más girly. Con tiras plateadas colgando de los pasillos, imágenes de animales reflejadas en el techo y el skate ausente: no había más pista de ruedas.

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Foto Emmanuel Muñoz

Otra vez me encontré con varios compañeros de prensa. Así que fui a por mi primer trago. Le conté al amable bartender que no quería más bebida escocesa y me preparó un “especial”, que no era más que ron con mucho limón, agua mineral y Sprite.

Regina Puma subió al escenario y yo subí al área de food trucks para acompañar a un amigo que quería algo de cenar. Pensé que después de Puma seguiría Mexican Jihad y yo ya estaba bastante deseosa de que el reggaetón empezara a sonar pero eso no pasó.

Cuando terminó la Dj, Kari Faux nos regresó al rap. Y yo estaba desconcertada. ¿Y Jihad? ¡Ni siquiera estaba borracha para que no lo haya escuchado! Comencé a dudar de mi sobriedad. Pregunté a varios si el residente de NAAFI ya había tocado; contestaron que sí.

Me entristecí. Pero, obvio, después de un par de tragos “especiales” se me olvidó. Y otra vez empezó el bounce con Kari Faux. Su show terminó pasando las once y mi esperanza todavía no moría. Esperaba a Mexican Jihad. Pero otra vez no pasó. La Mala Rodríguez subió al escenario. “Tenían razón —pensé—, probablemente sí estoy borracha”.

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Foto Emmanuel Muñoz

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Foto Emmanuel Muñoz

“Ay, ¿qué pedo?. La Mala ahora sí salió muy cubierta”, me dijo un amigo y tenía razón. Esta vez María Rodríguez no traía shortcitos, ni falda, ni escote, sino unos jeans y un bonito abrigo beige. La española salió con todo su buen carácter a enamorar a los hombres.

Los “especiales” surtieron efecto. Subí al baño. Había más borrachos que la noche anterior, más personas aprovechando mejor la barra. Los baños ahora estaban divididos, de lado izquierdo los niños y de lado derecho las niñas. Y mientras yo esperaba a que un baño que se desocupara escuché a un par de chicas junto a mi hablando de un dude guapo que había entrado al Sanirent. Cuando salió el hombre en cuestión, la mujer le gritó:

—¡Oye, tú! ¡Estás bien guapo!

—Gracias.

—¿Tienes novia?

—Sí.

—¡Córtala ya!

Y cuando volteé, ella ya estaba caminando por el lodo para alcanzar al guapo con los brazos extendidos como si lo fuera a abrazar. Borrachos everywhere. De regreso al escenario me encontré a un amigo que también gusta del perreo. Triste, le conté que me había perdido de Jihad, pero él me aseguró que para nada; que el Dj de reggaetón iba a cerrar.

La Mala sí se quitó el abrigo y dejó al descubierto su linda figura. Pero antes de la una de la mañana su show terminó. Era momento de Azealia “la especial” Banks.

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Hace unas semanas Azealia admitió estar de acuerdo con la postura de Donald Trump sobre la inmigración. En Instagram declaró que los inmigrantes absorben las ayudas estatales, el dinero del gobierno y el espacio en las escuelas de Estados Unidos. Para entonces, el cartel de HOV ya se había revelado y yo tenía bastante curiosidad de ver cómo la recibiría el público mexicano.

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Foto Emmanuel Muñoz

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Foto Emmanuel Muñoz

Azealia cantó un par de canciones. De pronto le aventaron un vaso con chela. Ella paró el show y pidió que dejaran de aventar cosas. Continuó la canción y en menos de tres minutos otro líquido en el aire hizo que la cantante aventara el micrófono y desapareciera.

La verdad me hubiera gustado que alguna de esas bebidas le hubiera, por lo menos, mojado la cara. Pero la realidad es que nada la tocó. Banks y su larga cabellera no regresaron al escenario. Pero, ¿qué importaba? ¡Todavía había alcohol!

Poco importó que el show de Azealia terminara mientras la fiesta seguía en desarrollo. Así es: los artistas son un complemento en la Casa de Vans. La barra libre es la verdadera protagonista.

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Foto Carolina De Luna

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Foto Carolina De Luna

Jihad tardó un poco en salir y tomando en cuenta  que muchos no sabían ni quién era y pensaban que “ya había tocado”, el deportivo se empezó a desocupar. No obstante, antes de cerrar la noche quería saciar mis ansias de perreo así que me quedé ahí un rato a bailar.

Y eché el perreo hasta que un amigo me llamó para encontrarnos frente a la carpa de prensa. Antes de verlo fui por otro “especial”. La verdad, creo que después olvidé que estaba tocando Jihad, porque ya no regresé a verlo. Sí, todos fuimos víctimas de la barra libre.

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Foto Carolina De Luna

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Foto Carolina De Luna

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Horas después de HOV leí a Joe Volume —quien estuvo antes patrocinado por Vans— quejarse del evento. Él y otros cuantos alegan que el House Of Vans ya es sólo para snobs y no para skaters reales, como en Estados Unidos. Y sí, todos tienen razón. Este HOV estuvo lleno de modernos, celebridades y “escenosos” —ninguno con Vans—, pero todos con la misma actitud de ir a fiestear, encontrarse con otras personas, escuchar música para fiestear y fiestear…

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