Por Luis Fernando Alcantar Romero / @surrealboy

The Stooges es una de las grandes bandas en toda la historia de la música. No sólo de garage, del rock, o por su influencia definitiva en el punk. The Stooges surgió en 1967 en Detroit, Estados Unidos, cuando Iggy Pop quería desahogar un mundo y conoció a los hermanos Ron y Scott Asheton, ambos ya fallecidos; el primero en 2009, el segundo en 2014.

Iggy y sus secuaces se abrieron camino con un golpe sónico honesto que no tenía que envidiarle nada a las bandas más ruidosas de su tiempo. Así quedó establecido en su álbum debut homónimo de 1969 —producido por John Cale de The Velvet Underground—, con las expresiones y miradas retadoras del grupo en la portada.

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De acuerdo con el relato sobre este plato, The Stooges sólo contaban con cinco canciones terminadas: “I Wanna Be Your Dog”, “No Fun”, “1969”, “Ann”  y “We Will Fall”, por lo que su sello, Elektra, les pidió más. Iggy contestó: “Está bien, tenemos montones de canciones”. Y esa noche escribieron tres piezas nuevas: “Real Cool Time”, “Not Right” y “Little Doll”.

Subrayo una de las virtudes de The Stooges, que me parece de las más destacadas: el sonido de la guitarra de Ron Asheton. Un sonido de lanzallamas dispuesto a acabar con todo. Y eso es algo que destaca al escuchar sus primeros discos, el origen de la criatura. Aunque lo mismo puedo decir de todo el conjunto, de todas sus partes, ensambladas de forma efectiva y magnífica.

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Es innegable el poder del grupo, aunado a su sonido desgarrador que golpea desde sus entrañas con ansiedad, con esas ganas de romper, con el peligro y el gusto por el riesgo. Sirva la siguiente selección comentada de las primeras tres placas, como una invitación para revalorarlos, descubrirlos, escucharlos por primera vez, revisitarlos, o todas las anteriores.

En fin, para dejarse sorprender.

THE STOOGES. 1969

“I Wanna Be Your Dog”. Una canción de amor (a la Stooge) que abre como un susurro amenazante, sombrío, entre la monotonía y la frustración estructurada alrededor de tres acordes de Asheton, y el pulso intimidante del bajo de Mike Watt. La guitarra de este tema —y su esqueleto al respecto—, no sólo es un sonido emblema de la banda, sino del garage y el punk.

Y habría que notar la nota en piano de John Cale. Aquí ya se encuentra la marca certificada Stooge. Una canción inconfundible y sencilla con un músculo melódico que invita y seduce a quien lo escucha. También lo reta. Por cierto, ha sido versionada Joan Jett, Sex Pistols y Slayer.

“No Fun”. Un brochazo dinámico que pinta una cascada ascendente de frustración y aburrimiento. Una declaración de Iggy entre la presencia boyante de la guitarra de Asheton y el bajo de Watts.

“Ann”. Es la evocación al amor y al alejamiento de una mujer. Cantada en tono suplicante, que inicia como una balada y termina en una danza desgarradora, primitiva y expansiva con el bajo, batería (a cargo de Scott Asheton), guitarra y voz a tope. Todo en casi 8 minutos.

“Not Right”. Suena como un ejército oxidado de tanques militares en pleno campo de batalla. Y en general, conforme progresa, se siente como si estuvieras en un avión que se quema, del que no tienes escape.

“Real Cool Time”. Un mensaje breve de hedonismo envuelto en una bruma sombría, con olas de fuzz y un wah-wah desplegado por la guitarra de Asheton que impresiona y deja estupefacto, un golpe que te deja en el piso con una huella marcada.

FUN HOUSE. 1970

“Down on the Street”. Una gran canción que habla de caras brillantes, mentes bajas y de derribar límites con un ritmo hipnótico generado por bajo y batería, además de los riffs en cadena de Asheton, y un gran solo suyo hacia la mitad.

“Loose”. Un ejercicio melódico, corto y al grano. Es como una brisa fresca, un zumbido que se te pega, con notas agudas y un solo breve pero poderoso.

“T.V. Eye”. Para mí es una de sus mejores canciones. Con un riff de guitarra inconfundible que condensa los mejores elementos de la banda, y que además tiene cierta sofisticación respecto a las canciones de su debut. Suenan más libres, enfocados; apocalípticos y oscuros.

“L.A. Blues”, “Dirt” y “Fun House”. Una trilogía redonda de blues que es épica, llena de energía y con mucha sustancia. Se habla de caos, seducción y de la noche, como solo The Stooges, con la voz de Iggy sabe hacerlo. Además es una fina muestra del que es considerado su mejor álbum.

RAW POWER. 1973

Raw Power, producido por David Bowie, es un documento importante del garage, el hard rock y el protopunk que fue bien recibido por sus seguidores, y que influyó decisivamente en la gestación del punk rock en los años 70.

“Search And Destroy”. Un ataque de metralla sónica. Con un pulso endiablado. Ésta es otra de las mejores de su repertorio, cada parte está integrada con excelencia, el solo de Ron Asheton se asemeja a un golpe de nocaut.

“Shake Appeal”. Es una mordida que no te suelta; de principio a fin. Con otro solo magistral de guitarra a alto volumen, complementado con riff de bajo que se balancea de un lado a otro con una síncopa precisa.

“Gimme Danger”. Una balada poética que contiene partes de guitarra acústica (el núcleo en torno al cual giran los otros componentes), experimental. Su estructura es interesante, pues está organizada en distintas capas de sonidos. Nostálgica y evocativa, con una letra de ánimo lapidario.

“Your Pretty Face Is Going To Hell”. De destrucción propia y ajena. Es un himno brutal y visceral, con instrumentos y voz en pleno uso de sus facultades, como un paseo veloz en carretera, en el que vas dejando algo de ti, mientras todo pasa alrededor como un torbellino violento. Iggy como un misil furioso teledirigido.

Editor Yaconic

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