La editorial española Pepitas de Calabaza planea seducir a los lectores en nuestro país. Platicamos con su fundador, Julián Lacalle, sobre sus libros, gustos y autores.

Por Miguel Ángel Morales / @mickeymetal

Conocemos la frase de Fredric Jameson sobre nuestra situación como sociedades posmodernas: nos es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Pero el cataclismo planetario es real: el mundo se ha vuelto dependiente del factor económico y dependiente de los mitos espectaculares. En ese panorama, la posibilidad del futuro se ha vuelto un tema de reflexión para el pensamiento humanista contemporáneo. De ahí surge la pregunta: ¿Es posible seguir pensando en el progreso —oh, ese gran mito moderno— en tiempos en los que la catástrofe (ambiental, política, social, económica) parece no ceder? Tal vez no haya una respuesta positiva. Pero, tenemos la imaginación.

Julián-Lacalle

Julián Lacalle

En ese paisaje gris, crear una editorial de libros es poco más que un riesgo. Y más si se trata de libros de crítica. A esa labor está avocado Julián Lacalle, fundador de Pepitas de Calabaza. Desde 1998, la editorial española ha reunido, traducido y publicado textos notables de autores de corte libertario y de crítica radical: desde el situacionismo de Guy Debord y las reflexiones sociales de Lewis Mumford, pero también de escritores españoles poco conocidos en nuestro país que vale la pena leer, como Pablo Álvarez Almagro e Iñaki Uriarte.

Pepitas de Calabaza aboga por el placer de la lectura. Y es que con tanto dispositivo electrónico estamos más informados pero hemos olvidado un poco la sensación que nos da estar con un libro a solas, sin mediaciones de aplicaciones, pantallas o interacciones en redes sociales. Sólo leer. Por ello, el editor logroñés considera que el trabajo editorial es necesario, para acercar los textos al lector como lo hace un amigo al mostrarle a un  íntimo las cosas que le apasionan.

Julián visitó la Ciudad de México a finales de abril. Nos encontramos en las instalaciones de Sexto Piso, editorial encargada de distribuir el catálogo de Pepitas de Calabaza en nuestro país. Ahí, en medio de un incómodo calor cuasi veraniego, se dio esta charla.

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¿Durante estos más de 15 años qué ha significado para ti la labor de la edición?

Es muy sencillo: mostrar algo que te gusta a otras personas; compartirlo con otros en la mejor de las condiciones. Eso lo hace un trabajo laborioso pero no deja de ser un medio de transmisión entre seres humanos. Es una cosa que harías con un amigo. Tratas de hacer ediciones que sean agradables, que se lea bien, que las traducciones sean buenas. Es una manera de devolver al mundo todo lo que te ha dado: “si he descubierto esto, te lo voy a enseñar”. Es sencillo. Si tú lo haces con una persona, esa persona lo hará con otra y a la vez eso sucederá con otras.

¿Cuál es tu balance general de la editorial?

Sólo puedo decir que es difícil hacer libros (risas) pero es una labor muy agradecida. Realmente, creo, es difícil editar libros en España. Cada día partes de cero y a veces es un poco desesperante.

Pero, habiendo tantas editoriales independientes más o menos recientes (Melusina, Errata, Acuarela, Capitán Swing) en España, Pepitas de Calabaza ha afianzado su nicho, ¿no?

Sí. No me gusta la palabra “nicho” pero sí, hemos tenido buenos resultados. En Pepitas editamos las cosas que queremos y en las que creemos que hay más gente a que puede interesarle. Desde que empezamos, hemos atendido a autores y, sobre todo, discusiones que no estaban atendidas. Por eso se ha consolidado, y porque se han publicado muchos autores por los cuales nadie daba un duro; hemos demostrado que eran grandes escritores y que tenían cosas que decir. El trabajo de elegir quien será recordado es un fenómeno a largo plazo y en varios casos con nosotros ha ido fructificando. Por eso te digo: es muy reconfortante.

Es muy difícil hacer un libro nuevo, publicar un autor nuevo, siempre hay dudas: “No lo conoce nadie”. Pero, cuando la gente lo lee y le gusta, te lo agradece. Ves a gente que era una completa desconocida antes de publicar y ahora son autores de referencia. Por ejemplo Iñaki (Uriarte). Cuando sacamos este libro [sostiene el ejemplar de sus Diarios que dejé en la mesa] nadie lo conocía y hoy quien no lo ha leído esta fuera de órbita. Es un libro maravilloso.

Me queda claro que en ustedes no prima la lógica financiera, de ver cuál libro tiene potencial comercial para vender miles de ejemplares…

El mercado, por lo que a mí respecta, puede explotar si quiere. Es verdad que nos movemos en un universo donde tienes que pagar libros, pagar imprentas, pagar autores, pagar traducciones, pero no es un asunto de competencia entre editoriales. No es nuestro estilo. Preferimos cooperar. Cuando sacas un autor que funciona hay dos editoriales más grandes a las que les suele interesar, pero no es ni nuestro objetivo, ni queremos poner a competir a nadie. Sólo elegimos los libros que nos gustan y estamos seguros de que poco a poco se vayan filtrando, se vayan leyendo. Obviamente no trabajamos en las mismas condiciones que una editorial que tiene una estructura más rígida, o que tiene un determinado trato con los medios de comunicación. Lo llevamos con un poco más de calma.

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¿Cuántas personas conforman actualmente la editorial?

En el trabajo diario estamos tres pero alrededor puede haber más de 50 personas. Claro, somos más que un grupo amplio de gente que tiene intereses comunes, que disfruta dando a los otros lo que les interesa. Más que de un grupo económico o financiero, se trata de uno que da un sostén emocional a un proyecto que cree que puede y debe existir.

Actualmente, creo, es más fácil crear una editorial. Cuando nosotros empezamos había un vacío importante. No había tanta atención a muchas cosas, como las que ahora estamos publicando. El problema al que nos enfrentamos nosotros era que no sabíamos lo que estábamos haciendo, no sabíamos nada (risas). Hacíamos libros de manera modesta pero no sabíamos nada de distribución. Teníamos conocimientos muy mínimos de impresión, no muchos, la verdad. Todo ese proceso en el que te embarcas (como cuando publicas a autores extranjeros, la distribución de los libros, etc.) lo hemos ido aprendiendo sobre la marcha, sin saber nada.

¿Cómo es tu visión editorial ahora? ¿Es más aguda?

No te creas. Ahora hacemos más cosas, no necesariamente editoriales. Lo que sí ha pasado es que se ha perdido un poquito de espontaneidad. Se valoran más las cosas, se saben valorar mejor. Sabes que tal cosa no le va a interesar a nadie, sabes que esto otro es un suicidio; ese tipo de cosas ya las sabes. Sabes que este libro está destinado a un pequeño fracaso. A “pequeño fracaso” me refiero a una gran distribución y es mejor lanzar pocos ejemplares. Lo que sí sabemos más es medir.

Por un lado tienen libros como el de Iñaki, por otro, abundan títulos que abordan temas sobre las catástrofes ecológicas, financieras, humanitarias. ¿Es un síntoma de nuestros tiempos desencantados o un simple gusto por estudiar las crisis actuales?

La gran línea de trabajo de la editorial es la crítica social. Analizar y discutir sobre la catástrofe en curso es una tarea que la crítica social no puede ignorar. Tanto se ha hablado sobre la catástrofe de la migración, sobre los efectos de la energía nuclear, sobre la catástrofe ecológica que están generando las mineras. Vivimos en una catástrofe permanente. Por ello, saber analizarla, o, por lo menos, llegar a entenderla es una de las tareas que nos hemos propuesto en la editorial, desde el punto de vista, claro, más modesto del mundo. No tenemos grandes remedios, pero eso sí, nos interesa  poder conocer lo que está ocurriendo en boca de sus propios actores.

Diarios

¿Puede el pensamiento, la literatura, ayudar a la sociedad a salir de la catástrofe?

Seguramente no. No lo sé, hombre, pero sí estoy seguro de que si la literatura no formara parte en este intento por entender y atajar la catástrofe esto sería aun peor. La literatura es la escisión de una minoría tan minoritaria que no creo que tenga grandes repercusiones. No nos engañemos: quien lee estos libros es una minoría muy minoritaria, es residual a diferencia de lo que se consume. Cuando vas a un campo de futbol con 150 mil espectadores con un sol letal ahí te das cuenta que estas cosas, que estos temas, los lee una minoría. Pero no hay que hacer malentendidos, digo que es de minorías porque es una cuestión de sectores pequeños a los que les gusta esto, que disfrutan con esto.

¿Qué autores planean traer en su nuevo catálogo?

Hemos publicado una novela de José Luis Cuerda, un director de cine muy famoso en España que publica con nosotros, que no deja de ser una crítica social. Es una historia bastante loca, como todas las que hace él, llena de humor. También hemos comenzado con una nueva colección que se llama América Lee, que presta un poco de atención a las cosas nuevas que se hacen en América en cuestión de literatura y de crónica: autores nuevos, poco conocidos en España. Habrá un poco de todo.  Este es uno de los proyectos que mas nos ilusiona porque se están haciendo cosas increíbles en América. Hacer ese trabajo de difusión y de búsqueda nos gusta mucho.

Una cosa que nos gustaría para México es conseguir que la gente leyera un poco a nuestros autores contemporáneos que estamos publicando, como Iñaki Uriarte, Pablo Martínez Zarracina o Pablo Álvarez Almagro; queremos que no sólo el público mexicano disfrute con los clásicos que tenemos que son más conocidos [la editorial cuenta con nombres como Guy Debord, el Marqués de Sade, Percy Shelley y Apollinaire] sino que conozcan nuestro abanico, que es bastante grande en autores españoles que tienen muchísimo que decir también. Claro, cuesta más porque la gente no nos conoce, pero nos encantaría que esa fuera la gran apuesta para México.

¿Qué escritores de Latinoamérica has seguido con detenimiento?

Me has pillado (risas). He tratado de leer un poco a los clásicos pero ahora mismo tengo grandes lagunas. He estado leyendo a [Gabriel] García Márquez, que, parece mentira, pero lo tenía sin leer. He leído también a [Eduardo] Galeano. Realmente no te sabría contestar (risas). Estoy leyendo, sobre todo, a peruanos, a uno que tiene un libro que se llama Eléctrico ardor [Dany Salvatierra]. La verdad es que conozco más a autores menos conocidos que a autores clásicos. Es un desastre. Martín Roldán, peruano, por ejemplo, también me ha encantado. Hay un colombiano que se llama Alberto Salcedo Ramos, que es un cronista, me encanta también, pero a los grandes de la literatura latinoamericana los tengo un poco descuidados (risas).

Para ver, cierra los ojos

Ahora que lo mencionas, hay un auge de la crónica periodística en Latinoamérica en estos tiempos. Temas sobre narcotráfico, pobreza, cosas que antes no estaban consideradas para entrar en un libro…

Sí. Nosotros tenemos una pequeña sección, más que de crónicas, como de artículos periodísticos, una mezcla con ensayo. Son géneros que en apariencia son perecederos: una vez que salen en el periódico lo olvidas o lo tiras, pero hay autores que merece la pena revisar.

Se está regresando un poco a esa tendencia del siglo XIX de pasar los textos de los diarios al formato libro.

Sí, sí, totalmente. Como te decía, nosotros tenemos un montón de libros así. Es un pequeño vicio que hemos cultivado. Por ejemplo, de latinoamericanos me gusta mucho el trabajo de Ezequiel Martínez Estrada. Es un híbrido entre ensayo y ficción, muy literario. Quizá, es de los escritores latinoamericanos que más he seguido.

Lewis Mumford es uno de los autores que tiene más de tres títulos en su catálogo. ¿Qué importancia tiene su pensamiento en tu vida?

Es uno de mis autores favoritos. Tanto sus trabajos sobre urbanismo como sus trabajos de crítica de la tecnología y del arte lo ubican, a mi parecer, como uno de los ensayistas más brillantes del siglo XX. Personalmente, es un autor esencial y bueno, pues se da la casualidad de que es un autor que estaba casi sin publicar en España y sus obras estaban editadas en los años 50 y 60 en Argentina. Estaba prácticamente olvidado en España. Comenzamos a traducir algunas obras que estaban sin traducir y retraducir algunas que ya estaban. Poco a poco estamos consiguiendo que se lean y como tiene una obra extensísima e interesantísima tenemos un trabajo amplio para irlo publicando.

Por último, ¿de dónde diablos salió el nombre de la editorial?

Hay una película española que se llama Amanece que no es poco, de José Luis Cuerda. Es una película humorista situada en algún pueblo de La Mancha, a la que le teníamos una devoción especial. La gente dice que es surrealista pero no es surreal; tiene un punto de absurdo lógico y terrible en toda la película. Es muy paródica: formalmente parece una cosa pero es otra. Hay un momento en el que hay un anciano que se acerca por las noches a su huerto y le habla a una calabaza que tiene en su huerto y le cuenta sus penas. Nos gustaba tanto esa escena que el nombre de la editorial se lo pusimos en homenaje. Casualmente, hace un par de años nos hemos hecho muy amigos de este director de cine y estamos publicando toda su obra, incluyendo los documentos inéditos de esta película. Cuando pusimos el nombre a la editorial, la película era de culto pero no era muy conocida. Recientemente se la ha vuelto a ver. Hace un par de años, una votación popular la destacó como la mejor película española de los últimos sesenta años.

En ese sentido, ustedes como Pepitas de calabaza son una especie de confidentes de los lectores…

Un poco, sí, quiero creer en ello. Estamos contentos. A veces, al hacer cosas y nombrarlas haces un pequeño guiño a algo que te gusta, porque poner un nombre siempre es difícil, ¿no?

Pues no lo han hecho mal. Aquí en México supimos de ustedes en la Feria del Libro de la Ciudad de México y la FIL de Guadalajara en el stand de Sexto Piso. Yo los conocí tras leer el libro de Simón Elías, Alpinismo bisexual. 

Simón y yo somos amigos desde pequeños, somos de la misma ciudad. Es un tipazo. 

La ciudad en la historia

Sí, es muy chistoso. Entonces, es como un pequeño barrio en el que todos se saludan y conviven, ¿no? 

Sí, es una ciudad pequeña, para bien y para mal…

Yo me refería a Pepitas de Calabaza…

Sí, también (risas). Es un espacio de convivencia, de difusión. Un día, un amigo que fue a comer con nosotros se levantó de la misa y dijo: “¿Os dais cuenta de que esto parece un club de ancianas de lectura?” (Risas). Y sí, es un poco eso.

¿Es importante entonces que el nexo autor-editor sea profundo y que tengan una cierta complicidad?

Sí, es fundamental. Sin eso no podría avanzar el proyecto. Se trata de construir un pequeño universo. Sin esa voluntad no hay nada. 

Cinco libros para entrarle a Pepitas de Calabaza:

  1. 1. Diarios, de Iñaki Uriarte.
  2. El mito de la máquina, de Lewis Mumford.
  3. La ciudad en la historia, de Lewis Mumford.
  4. Super mame, de Pablo Álvarez Almagro.
  5. Para ver, cierra los ojos, de Jan Švankmajer

Puedes consultar el catálogo completo en el SITIO OFICIAL de la editorial.

 

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