Seguramente Japandroids es un nombre que haz leído una o dos veces en carteles de conciertos en nuestro país, y también seguro que conoces al menos un par de canciones de su autoría.

Japandroids no es una banda underground ni desconocida, durante más de diez años han hecho suficiente ruido para mantenerse vigentes en un nivel internacional, aunque no han hecho tanto como para volverse la banda mainstream headliner de alguno de los festivales en donde tocan.

En una industria en donde la competencia por ser reconocido es salvaje, llama mucho la atención toparse con un dúo que no tiene más ambición que la de seguir tocando la música que les gusta, como les gusta, mientras se pueda.

Japandroids se formó en 2006 en Vancouver, Canadá. Un par de amigos que iban juntos a shows de la bandas que les gustaban, decidieron hacer lo mismo que veían en el escenario, por el puro gusto de hacer música.

Hasta 2008 fue que comenzaron a grabar un disco, después de tocar en sus circuitos locales y armar sus propias fiestas a falta de espacios para crecer. Lo característico de los primeros años de la banda viene, cuando justo antes de lanzar el disco, deciden que ya no quieren seguir tocando. Sienten que la banda no va a funcionar y acuerdan despedirse con ese disco y cumplir con algunos compromisos previamente acordados antes de disolver el proyecto.

Pero a Brian King (guitarra, vocales) y David Prowse (percusiones, vocales) el destino les tenía programada una jugada completamente distinta. En vez de disolver el proyecto, la vida los lleva a firmar con una disquera independiente para publicar su disco debut. Gracias a esto medios como Pitchfork  empiezan a tomar sus sencillos y su disco como uno de los mejores del año (2009). Las cosas comienzan a suceder y a crecer para la banda, y los integrantes de la misma se suben a esa ola, a esa “segunda oportunidad” y deciden continuar con el proyecto.

El inicio tan extraño en la carrera de Japandroids los ha marcado durante todos estos años, no en un mal sentido, sino todo lo contrario. El hecho de que la industria les haya dado una segunda oportunidad para repensar las cosas y seguir con el proyecto, le dio al dúo una consciencia distinta sobre el presente.

Decidieron tomarse las cosas siempre con calma y disfrutar lo que estaba haciendo en ese momento: giras, discos, tours, descansos. Intentando no planear mucho hacia adelante y componiendo con toda la calma del mundo, es que Japandroids ha sobrevivido sin perder vigencia y manteniendo siempre en primer lugar la amistad que fue la verdadera creadora de la banda.

Esa amabilidad canadiense, esa energía que genera el enfocarse en el presente, esa sinceridad y simplicidad que solo una guitarra y batería te pueden dar, esa hermandad-amistad que comenzó todo y ese gusto de hacer música para tocar música, es lo que se refleja en el acto en vivo de Japandroids.

Ellos mismos han dicho que odian estar en el estudio, que solo graban discos para poder seguir tocando en vivo ¿se imaginan entonces el deleite que sienten al tocar? Pues ese deleite es el mismo que el público siente cuando los ve en vivo.

Japandroids es una bomba de energía, con música sencilla pero muy refinada y bien pensada. Con simpleza en las letras y melodías, ideal para cargarte de buena vibra, de conciencia sobre el presente e ilusión por lo que sigue.

Si vas al Corona Capital este fin de semana, no puedes perder la oportunidad de ver a Japandroids en vivo. Nunca pasa de moda ver cómo dos personas pueden llenar de sonido un escenario tan grande.

Será la banda correcta y perfecta para iniciar la noche del primer día de festival. Velos con una cerveza en la mano y con muchos amigos alrededor, y recuerda que esta banda estuvo a punto de no existir, pero al final decidió no rendirse.

El dúo canadiense se presenta en el Corona Capital 2017 el sábado 18 de noviembre en el Escenario Corona de 7:10 pm a 8:10 pm.

YACONIC

Majo Ballesteros

Majo Ballesteros

Editora en proceso infinito, gestora cultural en pausa-potencia, amante del rock y sus consecuencias, traficante cultural, Bizarro forevah.

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